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Nunca antes ha tenido mayor certeza aquello de: “Si quieres la paz, prepárate para la guerra”. Esto en verdad es lo único que Donald Trump y su grupo de “expertos” en inversiones inmobiliarias de Nueva York ofrecen a la República Islámica de Irán, en lo que ya es, por las posibilidades latentes de una deriva nuclear, el conflicto armado más importante desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.
Pocas semanas antes de que Benjamín Netanyahu vendiera a Donald Trump la Operación Furia Épica, con la que en un par de días lograrían deshacerse del Gobierno de los ayatolás y hacerse de todo su petróleo, lo que es evidente que no se ha logrado, el Pentágono había comenzado a buscar la forma de expulsar a Rusia de África.
Olvidada por la guerra en Medio Oriente, pasó prácticamente desapercibido que el 15 de abril se cumplieron tres años del inicio de la Guerra Civil de Sudán, que continúa igual de activa y virulenta, sin que nunca se haya alcanzado siquiera un alto el fuego para asistir a las víctimas más urgentes.
¿Quiénes son los libaneses, quiénes los iraníes y quiénes todos nosotros para no merecer la suerte de Gaza? A esto nos precipitamos por no haber detenido al sionismo antes de que emergiera de su huevo.
Deben de ser muy pocas las personas en el mundo que, a cuarenta días de comenzada la guerra de la Liga Epstein contra Irán, no puedan ubicar con exactitud de cartógrafo el sensible estrecho que separa el Golfo Pérsico del Golfo de Omán y todas las consecuencias que su cierre acarrea a la economía global.
Desde hace 35 días, el régimen sionista recibe en dosis homeopáticas lo que desde hace veintinueve meses y pocos días el Ejército Israelí (FDI) ejecuta contra la población civil de Gaza. Lo mismo que también hace en lo poco que queda de Cisjordania y que, en cada oportunidad que le cuadra, como en este último mes, también lleva a cabo en Líbano.
Frente a la improvisación absoluta que se va verificando día tras día, cumplido ya un mes del lanzamiento de la Operación Furia Épica en el ataque artero de la Liga Epstein contra la República Islámica de Irán, queda claro que ese cúmulo de torpeza e imprevisiones se ha convertido en la peor de las armas que deben enfrentar Netanyahu y Trump.
Es muy difícil que Irán gane esta guerra, pero ya es absolutamente imposible que la pierda. A un mes de lanzada la Operación Furia Épica, con la que la Liga Epstein, después de decapitar al Gobierno de los ayatolás, iba a conseguir levantar al pueblo iraní contra sus propios dirigentes, sigue allí empantanada sin la menor idea de por dónde salir.


