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En los 25 días que lleva la agresión de la Liga Epstein contra Irán, se han producido más cambios en la geopolítica internacional que en ningún otro momento posterior a la Segunda Guerra Mundial.
En esta guerra, la verdad se ha convertido en la bola del juego de los tres cubiletes, en el que el trilero es nada menos que Donald Trump. Pero lo peor no es eso, lo verdaderamente malo es que él mismo no tiene idea de dónde está esa bola.
A catorce días de comenzada la guerra, lo único que parece estar funcionando de acuerdo al plan de la Liga Epstein es la desinformación. El resto son conjeturas, lecturas de entre líneas, transversales que contradicen todo el tiempo el relato oficial, de Washington y la Foca Gangosa al mando.
Mientras la acción terrorista de la “Liga Epstein” continúa contra Irán, sumando secuaces de Europa y Medio Oriente, la censura aplicada por el régimen sionista y el Pentágono la están convirtiendo en una entelequia.
Quizá con los ataques terroristas de Trump y Netanyahu contra la República Islámica de Irán en la madrugada del sábado 28 de febrero haya comenzado, por fin, a terminar el día más largo de la historia
Afganistán ha caído en la trampa que la geografía y la historia hace muchos años le habían tendido.
Durante mucho tiempo, después de terminada la Segunda Guerra Mundial, las derechas, públicamente, se autoproclamaron de centro, tratando de distanciarse, no por diferencias ideológicas, éticas o morales, sino por mero pragmatismo político, de lo que sus camaradas, alemanes, italianos y japoneses, habían hecho entre 1939 y 1945.


