Guadi Calvo

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Todas las guerras están impregnadas de imágenes goyescas, o quizás sea de manera inversa: todas las guerras siguen alimentando el capítulo más genial del virulento aragonés, más allá de que se sigan sucediendo mucho después de 1828.

Es cierto que Donald Trump no tiene el «físic de rol» de presidente y se parece más a un vendedor de autos usados, un proxeneta «mayamero» o a un barman de pizzería. Aunque todos sabemos que pertenece al subgénero de la especie humana del empresario, como la mayoría de prebendarios, corruptos y omnipotentes. Abusador de trabajadores, de mujeres, de débiles, de pobres y, en su caso, por haber alcanzado por segunda vez la presidencia de los Estados Unidos, de naciones y pueblos.

El domingo día 8 Se reiniciaron de los combates fronterizos entre Tailandia y Camboya después de que un soldado tailandés sufriera graves heridas tras pisar una mina camboyana terrestre PMN-2 de la era soviética cuando patrullaba la frontera, la que, según Phnom Penh, había sido colocada después de ordenado el alto el fuego.

Apenas hace dos meses el mundo distrajo su atención apenas un momento en las multitudinarias manifestaciones que se produjeron en Marruecos (ver: Marruecos, el reino en zozobra), las que se conocieron como un capítulo más de las protestas globales de la tan mentada y edulcorada “Generación Z”, que creo que aparte de la CIA nadie sabe bien qué es, para qué vale y tanto está sirviendo para un barrido como un fregado, ya que aparece cada vez que el Departamento de Estado las necesita.

Desde el inició de la guerra civil sudanesa en abril de 2023, Egipto, a diferencia de Chad, por ejemplo, militarizó su frontera con Sudán para controlar la llegada de refugiados que escapaban del conflicto, al tiempo que articulaba medidas para que ese control alcanzara a ciudades tan lejanas de la frontera como El Cairo a novecientos kilómetros o Alejandría a mil, por ejemplo, donde se implementan razzias en busca de “indocumentados” para expulsarlos a su país. (Ver: Sudaneses en Egipto, sin lugar para existir).

Finalmente solo se trataba de recortarse las barbas, ponerse un traje y ajustarse el nudo al cuello, de la corbata se entiende, para que todo fluyera con armonía, para que los terroristas que desde 2011 asolaron Siria sean recibidos en los puntillosos salones de Occidente como verdaderos lacayos. (Ver: Siria, la nación amancebada).

Evidentemente, Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, tiene extraordinarias actitudes como showman, tiranuelo a la carta y pirata caribeño, aunque sin duda, como gestor de paz, es un fracaso.

Uno está tentado de decir que el opio desde mediados del siglo XIX hasta la actualidad ha sido el gran protagonista en muchas guerras y en otras actor secundario.

Mientras Trump no sabe qué inventar para exterminar la presencia de migrantes y refugiados de los Estados Unidos, sus funcionarios, los ejecutivos de sus multinacionales, los burócratas del Fondo Monetario Internacional (FMI) y los comandantes de sus fuerzas armadas, no hacen otra cosa que crear las condiciones propicias en los países condenados a tolerar sus injerencias económicas, políticas y militares, para que cada día miles de esos desangelados intenten escapar de la miseria o la guerra rumbo a los horizontes dorados que todo el tiempo muestra la maquinaria publicitaria de los propios Estados Unidos.

El grave contexto de inestabilidad que sacude prácticamente a todo el continente africano parece no tener más espacio para nuevos conflictos.

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