Guadi Calvo

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Donald Trump ya ha dejado de ser presidente de los Estados Unidos o un empresario megamillonario o un mediocre jugador de golf o un apasionado consumidor de sexo pago, para convertirse en la fábrica de rumores ciertos o mentirosos más fenomenal que cualquiera hubiera podido soñar.

Aunque en el noveno ítem de su Decálogo el escritor uruguayo Horacio Quiroga, para los argentinos rioplatense, diga. “No escribas bajo el imperio de la pasión”, no puedo evitarlo.

No hay que ser una lumbrera, para barruntar alguna de las razones que han llevado al Gobierno sionista de Israel a tomar la decisión de convertirse en el primer país del mundo en reconocer a Somalilandia como nación independiente. Algo que el enclave rebelde del norte de Somalia viene pretendiendo desde hacer ya treinta y cinco años.

Todas las guerras están impregnadas de imágenes goyescas, o quizás sea de manera inversa: todas las guerras siguen alimentando el capítulo más genial del virulento aragonés, más allá de que se sigan sucediendo mucho después de 1828.

Es cierto que Donald Trump no tiene el «físic de rol» de presidente y se parece más a un vendedor de autos usados, un proxeneta «mayamero» o a un barman de pizzería. Aunque todos sabemos que pertenece al subgénero de la especie humana del empresario, como la mayoría de prebendarios, corruptos y omnipotentes. Abusador de trabajadores, de mujeres, de débiles, de pobres y, en su caso, por haber alcanzado por segunda vez la presidencia de los Estados Unidos, de naciones y pueblos.

El domingo día 8 Se reiniciaron de los combates fronterizos entre Tailandia y Camboya después de que un soldado tailandés sufriera graves heridas tras pisar una mina camboyana terrestre PMN-2 de la era soviética cuando patrullaba la frontera, la que, según Phnom Penh, había sido colocada después de ordenado el alto el fuego.

Apenas hace dos meses el mundo distrajo su atención apenas un momento en las multitudinarias manifestaciones que se produjeron en Marruecos (ver: Marruecos, el reino en zozobra), las que se conocieron como un capítulo más de las protestas globales de la tan mentada y edulcorada “Generación Z”, que creo que aparte de la CIA nadie sabe bien qué es, para qué vale y tanto está sirviendo para un barrido como un fregado, ya que aparece cada vez que el Departamento de Estado las necesita.

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