Juan Guahán

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Ante la inminente campaña electoral

Ante los inicios de la campaña electoral, el gobierno argentino no tiene margen para cometer muchos errores. Resolver la cuestión de las vacunas; activar el mercado; poner plata en el bolsillo de la gente; evitar que se le escape el dólar o la inflación; mostrarse ante los acreedores como un buen administrador, son difíciles tareas.

Para el gobierno argentino, sin formalidades pero con fuerza, ya ha comenzado la campaña electoral.

Pandemia y elecciones

Es sabido que las elecciones, aún las no presidenciales, constituyen, en el actual sistema, la sangre que lo alimenta. Cuando unos comicios se aproximan, una extraña emoción recorre los cuerpos de los políticos. Pero pocas veces, como en estas circunstancias, tienen que controlar esos sentimientos.

Un grupo de investigadores al servicio del Fondo Monetario Internacional (FMI) dijo, semanas atrás, que la situación social en el mundo podría hacerse compleja y bravía unos meses después de que esta pandemia pasara y las actuales restricciones hubieran terminado.

No quedan dudas que, vista la globalidad de la sociedad argentina, el cristinismo es la fuerza política más poderosa. Eso lo prueban su poder estatal cada día más importante; la reconocida fuerza electoral y de convocatoria de una dirección política unificada en Cristina y -ahora- también su hijo Máximo.

Transitamos momentos complicados en la Argentina: La pandemia y la pobreza crecen, el Fondo Monetario Interancional (FMI) nos aprieta por las deudas que quieren cobrar y el ajuste que demandan. Este gobierno de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner vive un momento de la economía mundial que tiene semejanzas con los tiempos de Néstor y Cristina Kirchner, pero también se observan grandes diferencias.

Estamos cerrando marzo y ya se fue el verano. Se viene el otoño en Argentina, con sus fríos y los encierros tan temidos, pero también se acercan los “tiempos políticos”, aunque sería mejor llamarlos: electorales. No son los mejores tiempos para la política, para la política en serio, para ésa que se para frente a los problemas de las mayorías y busca resolverlos, pensando en el futuro.

En los próximos días se cumple un nuevo aniversario, el número 45, del funesto golpe de Estado de 1976 en Argentina. No vamos a repetir el saldo –rotundo- de los dolores que el mismo produjo: decenas de miles de desaparecidos, muertos, presos y exiliados; la economía devastada, el país endeudado y el miedo que los poderosos pretendieron imponer para demostrar su dominio y señorío sobre nuestras vidas y su futuro.

Los “idus de marzo” fueron considerados originalmente como días de buenas perspectivas. Se corresponden a marzo, en referencia al dios Marte. En el viejo calendario romano eran el primer período lunar del año, siendo días de fiesta por las celebraciones del año nuevo.

No quedan dudas que la carne es el producto que mejor simboliza, a lo largo de toda la historia, el alimento de los argentinos. Esto es así desde los tiempos que los gauchos carneaban libremente, se continuó hasta que los alambrados sarmientinos le pusieron límites a esa costumbre.

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