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En un exclusivo hotel aislado en el parque nacional Waraira Repano, entre Caracas y el Mar Caribe, comenzaron esta semana los diálogos de paz entre el gobierno colombiano de Gustavo Petro y la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional, el ELN.

Avanza a paso veloz una estrategia para recomenzar el diálogo entre el gobierno y la oposición en Venezuela, que tiene un actor impensado hasta hace apenas unos meses: Colombia.

El Palacio de Miraflores, la sede del gobierno en Caracas fue escenario de un encuentro muy esperado, el de los presidentes de Venezuela, Nicolás Maduro, y de Colombia, Gustavo Petro.

Basta con llegar a Estados Unidos para aprender que el presunto apoyo ilimitado de Washington al pueblo venezolano no es más que una fachada para la desestabilización orientada a derribar al gobierno constitucional bolivariano y hacerse con el control de los recursos naturales del país con las mayores reservas mundiales de petróleo.

Tanto el Partido Demócrata como el Republicano, con diferentes matices, buscan una sola cosa: restablecer el control perdido sobre el “patio trasero”, ante la creciente presencia de China y Rusia en la región.

“El sol de Venezuela nace en el Esequibo”, repiten en todos sus saludos oficiales los militares de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. La apelación no es casual ni es sólo una metáfora. El Esequibo es un extenso territorio en reclamación de más de 160.000 kilómetros cuadrados, por parte de Venezuela a la República Cooperativa de Guyana.

Con un acto en La Casona, la antigua residencia de los presidentes de Venezuela, quedó formalmente establecida la retoma de los diálogos de paz entre el gobierno de Colombia y la guerrilla de Ejército de Liberación Nacional, el ELN.

Venezuela y Colombia restablecen el comercio en la que para los dos países es su principal frontera.

El caso del oro venezolano en Londres se remonta a mayo de 2020, cuando el BCV presentó una demanda contra el Banco de Inglaterra por su negativa a dar acceso a las reservas de oro.