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Nuestra oferta política no debería ser puramente ideológica, repitiendo esquemas teóricos, desactualizados. Nuestro mensaje político deberá tener como fuente la problemática popular sustentada en la realidad viviente. Pero para esto, hay que conocerla y no hablar fuera de foco. Solo recogiendo las aspiraciones populares in situ, tendremos audiencia y credibilidad para ir sumando fuerzas.

¿Qué hacer cuando una entidad, edificio, programa y, cualquier edificación, funciona mal? La respuesta es obvia, según la dimensión de las fallas. Reorganizar será lo mínimo y reconstruir desde los cimientos lo máximo. Pero, ¿Por qué se omite estas respuestas respecto a lo mal que funcionan los organismos y poderes públicos?
Mientras la prensa oligopólica nos pone el escenario de su conveniencia agitando los escándalos que nos distraen de lo principal, démosle una miradita a la situación económica que, puede ser preocupante porque las señales no son buenas.
La alienación es el principal instrumento de todo sistema de dominación social. La domesticación constante hace que, actuemos a conveniencia de los dominadores, que manejan nuestras reacciones por reflejo condicionado. De este modo, aunque nos llega la noticia de que la empresa Petroperú está en estado de quiebra, la alienación nos hace ver como un asunto ajeno. ¿Lo es?

El actual sistema político, es segregacionista. Los sectores sociales de mayor pobreza, en estado minusválido, son obligados a competir en una carrera electoral, con atletas dopados económicamente.

Se suele hablar de izquierda como si fuese una masa social uniforme, pero no lo es. Hay desde los moderados hasta los extremos en cada estamento social de los oprimidos.