Pablo Jofré Leal

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Ha quedado en evidencia que Washington, apoyado por el Grupo de Lima y las fuerzas reaccionarias en Bolivia, se esfuerza, a toda costa, por mantener un control sobre la nación altiplánica, más allá de las elecciones del 18 de octubre próximo.

El primer debate presidencial estadounidense – de tres programados – llevado a cabo en Cleveland, Ohio representa la expresión de la política estadounidense: el espectáculo, la parafernalia mediática, el presentar un escenario donde supuestamente se definen cambios estructurales, en un país donde lo medular seguirá siendo inmutable. Nada muy distinto a los debates del año 2016.

La política de bloqueo, sanciones, embargos, acompañado de acciones de desestabilización, por parte de los gobiernos de Estados Unidos contra Cuba, se remontan al inicio mismo del triunfo de la revolución cubana el 1 de enero del año 1959. Hoy, más que nunca es necesario hacer presente que la política de máxima presión que ejerce Washington, sobre la mayor de las Antillas, no ha disminuido un ápice y seguramente se incrementará previo a las elecciones del 3 de noviembre próximo.

Washington y con ello el activista secretario general de la organización de Estados Americanos (OEA) Luis Almagro, están intensificando su interferencia en la política interna boliviana, para evitar que este estado sudamericano vuelva a una determinación independiente de su desarrollo como país.

Acuerdo Israel-EAU

Mencioné, en la primera parte de este trabajo, que los hechos que propiciaron la denominada lucha anticomunista, derivada de las consecuencias de la SGM, dieron paso a iniciativas políticas, comunicacionales e incluso militares, en el ámbito de lo que gobiernos como el estadounidense y sus aliados llamaron “la defensa de la democracia” como solían designar, la pugna llevada a cabo contra el bloque soviético.

Existen conceptos, asumidos por políticos, dirigentes y líderes de ideologías mesiánicas y supremacistas, que sirven para sostener una doctrina de dominio, colonización y ocupación de territorios o ejercer determinada hegemonía sobre otros pueblos, basado en la idea de un Destino Manifiesto, bajo la consideración de ser un ilusorio pueblo elegido, que les daría potestad sobre una tierra prometida por un Dios exclusivo y excluyente. En este marco es posible situar tanto al imperialismo estadounidense como al sionismo.

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