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Perú

Calco y copia

Fuentes: Rebelión

Lo que hubo el martes 5 de abril, a los 30 años del Golpe de Estado de Alberto Fujimori en colusión con mandos militares de la época; fue una conjura que no llegó a cuajar.

También, fue una acción golpista similar  a la que derribó, en noviembre del 2019, a Evo Morales en Bolivia.

Como se recuerda, en ese país, la ultra derecha afincada sobre todo en el Oriente y con lazos en la capital, promovió una acción sediciosa  para poner fin al gobierno del  MAS, lo que pasaba por desplazar al Jefe de Estado e instaurar un régimen como los que hubo allí con Arce Gómez, Banzer Suarez y otros.

Para ejecutar ese Plan la reacción boliviana busco desacreditar a Evo,  acusándolo de todo: incapaz, narco, corrupto, traidor, mal padre y hasta pedófilo. Gracias a la campaña desplegada por los medios a su servicio,  logró colocar al Mandatario a la defensiva y aislarlo.

Adicionalmente, alentó rivalidades reales o inventadas en las altas esferas del gobierno y del Partido y   logró inmovilizar al pueblo que, en un inicio, no atinó a reaccionar. En ese marco, la ultra derecha logró tomar la calle.

Hizo marchas en La Paz, Oruro, y otras ciudades y levantó como una consignas de masas el slogan “Evo, fuera”, exigiendo la renuncia, o la destitución del Mandatario. Además, se valió de la representación parlamentaria que tenían los partidos de la oposición al proceso boliviano y puso en salmuera al Presidente.

En el momento más agudo de la confrontación, cuando la derecha había tomado la iniciativa y era literalmente dueña de la calle, William Kalimán, Comandante de las Fuerzas Armadas de Bolivia, se sumó a la “protesta cívica”  y “sugirió” al Jefe del Estado que diera “un paso al costado”  y dejara el Poder.

Finalmente Evo renunció y se vio forzado a abandonar el país.  Lo demás, vino por si sólo, Janinne Añez fue ungida por el Congreso y se mantuvo allí hasta que el pueblo puso a cada quien su lugar: el MAS al gobierno y la Añez a la cárcel.    

Calco y copia, eso fue lo que organizó la ultra derecha peruana desde el 28 de marzo, cuando le fracasó la segunda “Vacancia” urdida contra Pedro Castillo. Acicateada y adolorida por el fiasco que implicó la decisión del Tribunal Constitucional referida a la liberación de Fujimori –frustrada por la Corte Interamericana-; resolvió situar sus planes para el 5 de abril, como un modo adicional de “reivindicar” al reo en cárcel,  a quien rinde pleitesía.

Por eso se intensificó la campaña de prensa, potenció las limitaciones y errores del gobierno, perfiló sus fuegos contra Pedro Castillo y se valió de los graves problemas que afronta el país para azuzar descontento y protesta de las masas.

El punto de partida, fue Huancayo, donde en el pasado el APRA tuvo una “plaza fuerte” y donde el fujimorismo ganó el Gobierno Regional, hasta que fue derrotado por Perú Libre,  a través de Vladimir Cerrón.

Ya abiertamente a la ofensiva, minó el entorno de Castillo. Usó a los “topos” que sembró en su entorno, para que aparecieran con denuncias de escándalo; y agravó las tensiones entre “cerronistas”  y “caviares”, escindiendo el campo popular.

Martillando sobre la cabeza de la gente los problemas económicos y sociales, alimentados por el escenario exterior, la “Prensa Grande” logró darle vuelo a demandas y buscó convertir protestas en acciones sediciosas exigiendo, en primer lugar y antes que nada, la renuncia de Castillo.

Para el martes 5 estuvo fijado el día “D”. El gobierno –intuyendo algo- resolvió “desmovilizar” a la población, cuando debía movilizarla. Pero aun eso, lo hizo con torpeza y desatino. Emitió el dispositivo entre Gallos y Medianoche y sorprendió a una ciudadanía atosigada y confundida. Aunque no lo hizo explicito, el motivo del gobierno fue la presunción de saqueos y disturbios programados para ese día en la capital.

Hasta el mediodía del martes 5, no hubo nada: salvo la recia campaña de los medios centrando fuegos contra el gobierno y la “Inmovilidad” así dispuesta. Luego se inició la movilización de quienes se decían “muertos de hambre”.

Hacia ellos fue la información de la TV, que incitó y alentó su protesta, logrando aglutinar a una significativa muchedumbre integrada principalmente por lo que aquí se conoce como “los pitucos”, que detestan a Castillo, pero que no necesariamente estaban involucrados en un accionar golpista.

Eso explica que la Marcha hacia el centro de Lima, fuera pacífica; pero también que quienes la encabezaban, digitados por las turbas sediciosas -los comandos de Acción del APRA y los grupos fascistas del fujimorismo, como “La Resistencia” y otros- se enfrentaran agresivamente a la policía.

Esto, despintó completamente a la ultra derecha. Las bandas delictivas organizadas por ella, se desbocaron y desataron actos de pillaje por doquier. El vandalismo se entronizó en el corazón de la ciudad y consumó acciones que incluso la “Prensa Grande” debió repudiar. Entidades del Estado, como el Poder Judicial y la Fiscalía, fueron atacadas en un operativo  ciertamente direccionado.

El Congreso siguió en su papel. En lugar de leyes, “aprobó” un Declaración incompatible con su función pidiendo al Presidente Castillo su renuncia. En reciprocidad, el Consejo de Ministros podría pedir a los Congresistas, que den el ejemplo.

Aníbal Torres no es un admirador del régimen hitleriano. Pero un exabrupto suyo, le dio en la yema del gusto a la Mafia para acusarlo de “Nazi”. De paso “internacionalizo” la crisis. Hasta el régimen sionista de Israel se sumó a la “condena” pese a sus prácticas contra la población palestina.   

El nivel que ha alcanzado la campaña se explica por la frustración. La derecha, no encontró a su general Kalliman que a cambio de millones, le sacara las castañas del fuego. El Plan sedicioso, no tuvo éxito; pero la intención, le queda siempre a los golpistas.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.