Categoría: Racismo y opresión capitalista
Si Thomas Sankara no hubiera sido asesinado en 1987 y hubiera podido impulsar el desarrollo de Burkina Faso, tal vez el Sahel habría seguido su ejemplo hace una generación, y la situación actual podría ser muy diferente.
El autor cita a Nick Estes quien plantea: «Según la noción indígena del tiempo, el presente es una estructura conformada, toda ella, por nuestro pasado y nuestros ancestros. No existe una separación entre pasado y presente, de manera que cualquier futuro alternativo también está determinado por cómo comprendemos nuestro pasado».
A 111 años del genocidio armenio, la fecha vuelve a interpelar la memoria histórica y las formas actuales del negacionismo y la impunidad, en un contexto internacional donde persisten prácticas de violencia y vulneración sistemática de derechos humanos.
«Creo que se ignora la cantidad de lenguas y pueblos indígenas que habitan en México. También se ignora que, cuando se creó el Estado mexicano, a principios del siglo XIX, el 70 % de la población era hablante de lenguas indígenas», señala Yásnaya Gil.
Las repúblicas coloniales se han levantado desde el genocidio, desde el negacionismo hacia los pueblos indígenas. Entonces, no han recogido en absoluto la cosmovisión, la mirada y el modo en que nosotros entendemos el arte de habitar.
La vida de Rambo es la única que vale para el mundo occidental, mientras que la vida de los iranies no vale nada. Este es el racismo y clasismo que caracteriza al imperialismo y al sionismo: unas vidas valen más que otras.
En todos los territorios anexionados por Estados Unidos desde la adquisición de la Luisiana, la esclavitud de los afrodescendientes era la columna vertebral de su economía.