Es urgente que pongamos sobre la mesa propuestas que abran horizontes laborales y de progreso para la gente que tiene que vivir este cambio.
Es urgente que pongamos sobre la mesa propuestas que abran horizontes laborales y de progreso para la gente que tiene que vivir este cambio.
En su libro ‘Me crie como un fascista’, el comunicador hace un ejercicio de revisión de su propia historia y sus debilidades a partir del cual busca rebatir muchas de las teorías actuales sobre la ola reaccionaria
La aparición del manifiesto de Palantir con sus 22 puntos, que, sin eufemismos, llama a la construcción de un nuevo tipo de Estado clasificado por los analistas como tecnofascismo, causó la consternación del mundo intelectual derramando ríos de tinta o bits. Sin embargo, para comprender sus derroteros geopolíticos hay que ir a la exégesis del planteamiento, entenderlo como enfrentamiento por la supremacía y la hegemonía entre las naciones.
Ocho expertos de la ONU afirman que “las iniciativas de conservación no deben ir en detrimento de los derechos humanos”.
Se ha puesto de moda afirmar que la lucha de clases ha quedado relegada al pasado, disuelta por la desindustrialización, dispersada por mercados laborales fragmentados, eclipsada por movimientos identitarios y agotada junto con las instituciones que en su día le dieron forma política. Desde este punto de vista, la clase parece haber perdido su protagonismo y, en el mejor de los casos, sobrevive como una categoría residual de análisis.
Ingeniero agrónomo y profesor titular de la cátedra de Agroecología en la Universidad de La Plata, Santiago Sarandón desarma el relato del agronegocio y muestra las ventajas de producir alimentos sin venenos ni transgénicos. La importancia de la mirada social, integral y el rol campesino e indígena. «Si se produjera con sistemas agroecológicos sobrarían alimentos», afirma y remarca: «El modelo de agronegocio no tiene que existir porque es depredador».
La Comisión Europea acepta excluir las balas y ampliar la moratoria de aplicación del futuro reglamento, pero el sector cinegético aún lo ve “insuficiente” mientras los investigadores han reclamado que se apruebe sin excepciones y sin ampliar las dilaciones ya previstas