El 9 de marzo, y de forma sorpresiva, Trump declaró la victoria en su guerra contra Irán, no sabemos si influenciado por una conversación mantenida con su homólogo en la especie humana: el señor Putin, o después de que su servicio de inteligencia —que ya por esas fechas había mostrado sus grandes dotes marcando como objetivo una escuela de niñas— le advirtiera de que continuar la guerra durante mucho más tiempo podría originar graves consecuencias internas dentro de Estados Unidos. Después de las palabras de Trump, el petróleo bajó unos céntimos.