Adrian J. Rivera | 

Flamin’ Hot: El sabor que cambió la historia, una película que se estrenó el mes pasado y hace poco se exhibió en el jardín sur de la Casa Blanca, es una pieza de propaganda diseñada para hacer que los mexicano-estadounidenses y los latinos, en general, se sientan bien consigo mismos. No hay nada inherentemente malo en crear una película que busque hacer que una persona o grupo se sientan bien (véase: el género de películas feel-good o películas que te hacen sentir bien). Incluso puede ser positivo verte reflejado en varios medios.

Mi maestro el pulpo (2020), de Pippa Ehrlich y James Reed

Un avezado periodista de ideas liberales produjo valiosos testimonios y relatos a propósito de aquello que llamamos “guerra civil española”. Su obra ha sido puesta “por las nubes” en los últimos años, quizás por razones menos estéticas que políticas.

Respuesta a «Aurora Despierta»

“No nos interesa una ecología pendiente de un futuro que va a estallar, una ecología que profetiza el fin de todo y que finalmente no reconoce que esta sociedad necesita ser cuestionada incluso si la amenaza de un ‘colapso’ se desvaneciera en el horizonte” (José Ardillo)

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Las protestas contra la deuda son una constante en los países en desarrollo, donde según las Naciones Unidas cada vez más el servicio para pagar las acreencias supera los gastos que esas naciones deben hacer en salud o educación, por lo que se requieren medidas urgentes para reestructurarla.

Este es un artículo de opinión de Juan Ortiz Freuler, doctorando en la Escuela de Comunicación y Periodismo Annenberg de la estadounidense Universidad del Sur de California y remero del movimiento tecnológico no alineado.

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Ecologistas en Acción denuncia que la propuesta de reglamento que la Comisión Europea ha realizado para los Organismos Modificados Genéticamente (OMG), de aprobarse, supondrá una privatización de semillas y material vegetal sin precedentes que vulnerará los derechos del campesinado sobre las semillas y de la ciudadanía sobre lo que consumen.

Por más entusiasmados que se muestren sus vendedores, no aceptemos esa “Inteligencia Artificial” de mercado como si fuese un logro tecnológico inocente. Más parece una emboscada para comerciar con el “big data” (y su saqueo de información) que, en la práctica, ha sido mayormente manipulación de datos para los negocios de la dictadura tecnológica imperial. No aplaudas la ingeniería burguesa para la alienación. Lo inteligente sería democratizarla. Del uso mercantil de la “Inteligencia Artificial” podemos esperar todas las canalladas (y peores) que el capitalismo nos impone y nuestra tarea científica es desarrollar una Semiótica para la Revolución de la Conciencia, armada con métodos y praxis emancipadas y emancipadoras. Aquí no omitiremos el tejido militar subyacente en todo desarrollo de coloniaje tecnológico.