Recomiendo:
0

La importancia para el saqueo de América Latina del Océano Pacifico y el «gobierno secreto» en los EE.UU.

Fuentes: Rebelión

¿Cómo despertamos de la pesadilla de la historia? T.S. Eliot Introducción Aun hoy en día vivimos a la sobra y padeciendo las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, por lo que una clara estimación de su significado es crucial para la comprensión de nuestro inicio de siglo. Reglas del juego e ideologías que el capitalismo […]

¿Cómo despertamos de la pesadilla de la historia?

T.S. Eliot


Introducción

Aun hoy en día vivimos a la sobra y padeciendo las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, por lo que una clara estimación de su significado es crucial para la comprensión de nuestro inicio de siglo. Reglas del juego e ideologías que el capitalismo global impuso al término de las dos grandes guerras permanecen en escena. Lejos de desaparecer han acentuado su gravitación: el BM, el FMI, el Banco Central Europeo, la OMC, la OCDE, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Organización de Estados Americanos (OEA), la OTAN, entre otros organismos permanecen firmes en sus puestos, redefiniendo sus funciones y sus tácticas de intervención en la vida económica, social y política de los pueblos, siempre invariablemente al servicio del capital1. Pero, particularmente hoy son vigentes dos de los grandes sueños del capitalismo estadounidense: que el Océano Pacífico se convirtiera en un lago bajo la jurisdicción norteamericana2 e implementar una «guerra permanente» en el sistema capitalista en su conjunto. Sueños que se han venido consumando con mayor profundidad a partir de los ataques a las torres gemelas el 11 de septiembre de 2001 en los Estados Unidos, y a los que desafortunadamente hemos de sumar los atentados del pasado 13 de noviembre en Francia.

Estos sueños son profundamente contemporáneos, por decirlo así, de los actuales conflictos, más aun constituyen su auténtica génesis y tienen como columna vertebral la Doctrina Monroe. Y separar tales hechos de un continúo, tal como indica Kolko, sería violentar la historia de los grandes cambios y recomposiciones del equilibrio político mundial y la magnitud de los problemas que padecemos en la actualidad. Aspecto que prima especialmente a la hora de intentar tener una comprensión profunda de los problemas de violencia que afectan a México y América Latina en general.

Recordemos que desde el Pentágono tras el final de la batalla de Ayacucho que puso fin a las guerras de independencia en la América Hispana, los dirigentes estadounidenses ya hablaban de «su propio hemisferio». Para lo cual precisaron mantener fuera a América Latina de los intereses europeos. De forma que los Estados Unidos fueran la única gran potencia del hemisferio occidental. Con el objetivo permanente de salvaguardar y acrecentar sus intereses en Latinoamérica, la política estadounidense siempre ha sostenido que su seguridad se vería amenazada por la intervención en América Latina de potencias extracontinentales. Monroe sentenciaba: «debemos considerar todo intento de su parte por extender sus sistema a cualquier lugar de este hemisferio como peligroso a nuestra paz y su seguridad». Sentencia que hoy, al igual que en el siglo XX se perfila contra potencias como China y Rusia3.

Y a medida que fue aumentando el poder estadounidense, los expansionistas de 1898 promovieron conscientemente el surgimiento de este país como potencia mundial. Rutherford Hayes declaraba: «La política de este país pide un canal bajo el control de los Estados Unidos». Tal canal, señalo, «sería la avenida oceánica entre nuestros litorales del Atlántico y del Pacífico y, de hecho, parte del litoral de los Estados Unidos». Asimismo, James G. Blaine secretario de Estado en 1881, fue un gran partidario del panamericanismo como instrumento para el aumento de la influencia estadounidense en la región de América Latina y el Caribe. Blaine observa a estas zonas como dominio natural de su país: «En tanto que las grandes potencias de Europa aumentan rápidamente su dominación colonial en Asia y África, resulta que la región más propicia para que este país mejore y extienda su comercio son las naciones de América». Y finalmente Alfred Thayen Mahan será el apóstol del diseño para lograr tales fines al impulsar la construcción de una nueva marina de guerra4.

La ocasión precisa para realizar los sueños del Pentágono se presentara, luego de que Europa queda reducida a una serie de potencias secundarias al cabo de la segunda guerra mundial y se presentan cambios en los patrones comerciales, el Atlántico norte dejó de ser la clave única. Por lo que Estados Unidos se dispuso a controlar tanto el Atlántico norte como el Pacífico, para dirigir la economía global. Tal como imaginaron la mayoría de los estrategas ingleses en la era Victoriana, EEUU comienza a asentar su poder en una incomparable superioridad marítima. Alfred T. Mahan, alto oficial de la armada estadounidense, toma nota de las enseñanzas del imperio británico, al término de la Guerra Hispano-Americana de 1898 y propone concebir el Mar Caribe en términos geopolíticos como el Mare Nostrum, en abierto contraste con las visiones geopolíticas dominantes de su época, que privilegiaban el control de las grandes masas terrestres, particularmente de Eurasia.

Mahan a contracorriente de estos supuestos, observa que, aunque el hemisferio occidental es una isla continental y las Américas del Norte y del Sur están conectadas por tierra, desde aquel entonces la mayor parte de la comunicación «no» se realiza por tierra. Por lo cual sostendrá que para la extensión y consolidación del poder continental estadounidense era necesario el control global de los océanos y las líneas de comunicación marítimas, lo que exigía la conformación de una poderosa flota militar y mercantil de proyección mundial. Aspectos que efectivamente lograron consolidar los antiguos objetivos de adquirir Cuba, así como los más cercanos a su contexto, crear un canal ístmico bajo el dominio exclusivo de los Estados Unidos y la creciente necesidad de estaciones carboníferas para una flota en pleno crecimiento.

Dentro de este esquema algunas piezas centrales serán Cuba, además de otras pequeñas islas. En Cuba Washington ya había adquirido derechos específicos de intervención así como en Panamá bajo la enmienda Platt, adoptada por el Senado de los Estados Unidos en marzo de 1901 y que se fortalecen en 1904 con Theodore Roosvelt mediante su Corolario. De manera que tras el Corolario, Roosvelt interviene en la República dominicana en 1905. Facilitándole así a Wilson en 1916 la compra a Dinamarca de las Indias Occidentales Danesas (las Islas Vírgenes) quien se valió de la amenaza de apoderarse de ellas. Así como posibilito que en 1914 Haití también padeciera la intervención estadounidense, después de que Alemania y Francia «ofrecieron ayudar» a ese país en su situación de inestabilidad. Para finalmente en 1915 tras el ofrecimiento estadounidense al gobierno haitiano de una enmienda similar a la Platt y ser rechazados, estallaron desordenes en esta isla y Washington envía marines para mantener el «orden», matando a cerca de dos mil haitianos. Después de lo cual EEUU celebra un tratado que da a este país el dominio absoluto de los asuntos haitianos. Imponiéndose una nueva Constitución, cuya paternidad reclamo el secretario adjunto de Marina de Wilson, Franklin D. Roosvelt5.

Todo esto, así como el controlar militarmente de las cuatro rutas marítimas del noreste caribeño: el Paso de Yucatán (entre Cuba y México); el paso de los Vientos (principal ruta norteamericana de acceso al canal entre Cuba y Haití); el Paso de la Mona (entre Puerto Rico y la República dominicana) y el Paso Anegada (cerca de St. Thomas, en las aguas orientales de Puerto Rico)6, fueron pasos previos para la construcción del canal de Panamá, requisitos indispensable según Mahan, para que Washington se transformara en una superpotencia. El Pentágono se apoderó de Cuba y Puerto Rico, sometió a su tutela a las pequeñas naciones del Caribe y Centroamérica, lo mismo que el archipiélago de Hawai, así como se adueño de las Filipinas y las Islas Marianas7.

Así, como ya indicamos, la expansión estadounidense sobre el Pacífico, responde a la lógica de la Doctrina Monroe en un intento de contener a China y Rusia. Pero además, para lograr el mismo objetivo el Pentágono se hizo con bastiones imperiales en Europa Occidental y Japón al término de las dos grandes guerras. Y con tales pilares, construye después un arco de bases militares, con las que fueron rodeando la basta masa de tierra de «Euro-Asia», conocida como isla mundial. Mediante la Armada Estadounidense rodea el continente euroasiático, completando y luego suplantando a la Armada Británica: la Sexta Flota se instaló en Nápoles en 1946 para controlar el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo; la Séptima Flota se estableció en la Bahía Subic, Filipinas, en 1947, para controlar el Pacífico Occidental; y desde 1995 la Quinta Flota se encuentra en Bahrein, en el golfo Pérsico.

Una vez arrebatado el control de los extremos axiales de la isla mundial a la Alemania nazi y el Japón imperial en 1945, durante los siguientes 70 años Washington aplico capas cada vez más gruesas de poder militar para contener a China y a Rusia. «Los diplomáticos estadounidenses crearon alianzas militares envolventes: la Organización del Tratado del Atlántico Norte (1949), la Organización del Tratado del Medio Oriente (1955), la Organización del Tratado del Sudeste Asiático (1954) y el Tratado de Seguridad Estados Unidos-Japón (1951). De tal manera Norteamérica para 1955 logra tener una red mundial de 450 bases militares en 36 países. Y para finales de la Guerra Fría, en 1990, el cerco sobre China y Rusia conto con 700 bases en ultramar, una fuerza aérea de 1.763 aviones de combate, un enorme arsenal nuclear de 1.000 misiles balísticos y una armada de 600 buques, que incluyeron 15 portaviones nucleares y sus flotillas, todos conectados por el único sistema global de satélites de comunicación del mundo»8.

Más aun, los intentos por controlar el Pacífico se han acelerado desde 1980, cuando el comercio transpacífico iguala al comercio trasatlántico. Aspecto en el cual ha influido el impetuoso crecimiento de China y la prolongada recesión de Japón, que ya lleva más de veinte años y que son fuentes de preocupación para los EE.UU. Debido a que en estos territorios hay zonas en disputa, algunas de las cuales son ricas en petróleo, y si en el pasado una China débil no representaba mayores problemas, el regreso de este país asiático al primer plano de la economía mundial, en paralelo con el fortalecimiento de su aparato militar, viene angustiando cada vez más a los estrategas estadounidenses.

La emergencia de China como nueva potencia económica global, que en pocos años no solo esta llamada a superar en tamaño el PIB de Estados Unidos y que lo cuadriplica en población, ha conmovido hondamente a la economía mundial, puesto que irrumpe en una alocada carrera por los recursos. Reflejo de esto son las inversiones que ha hecho Beijing en materia de energéticos, en esta última década ha construido una red integrada de gasoductos y oleoductos transcontinentales para importar combustibles de toda Eurasia para sus centros de población localizados en el norte, el centro y el sureste. En 2009, tras una década de trabajo, la Corporación Nacional de Petróleo de China (CNPC, por sus siglas en inglés), propiedad del Estado, abrió el último tramo del oleoducto Kazajistán-China, con una extensión de 2.253 km entre el mar Caspio y Xinjiang.

A la par de estos proyectos, «la CNPC colaboró con Turkmenistán para inaugurar el gasoducto Asia Central-China. Con una longitud de 1.931 km, que en gran medida corren paralelos al oleoducto Kazajistán-China, se trata del primero que lleva el gas natural de la región hasta China. Para sortear el Estrecho de Malaca, controlado por la Armada estadounidense, la CNPC también abrió el gasoducto Sino-Myanmar en 2013 para trasladar el petróleo de Oriente Medio y el gas natural birmano a lo largo de 2.414 km desde la Bahía de Bengala hasta la remota región suroccidental de China. En mayo de 2014 la compañía firmó un acuerdo para los próximos 30 años, por valor de 400 mil millones de dólares, con el gigante ruso privatizado, Gazprom, para entregar 38 mil millones de metros cúbicos de gas natural cada año a partir de 2018, a través de una red de gasoductos todavía por completar, que cruzará Siberia hasta Manchuria»9.

Pero, pese a las grandes dimensiones de estos proyectos, tan solo son una parte del auge de la construcción que, en los últimos cinco años, China ha tejido en una maraña de gasoductos y oleoductos a través de Asia Central y hacia el sur, llegando hasta Irán y Pakistán. «El resultado será pronto una infraestructura terrestre energética integrada, que incluyen la enorme red de oleoductos y gasoductos de la propia Rusia, que se extenderá por toda Eurasia, desde el Atlántico hasta el mar del Sur de China. A lo que le debemos sumar las relaciones comerciales que ha empezado ha establecer a largo plazo con zonas de África ricas en recursos, con Australia y con el Sudeste Asiático, como parte de su plan para integrar económicamente la isla mundial».10

Ante tal situación, a contracorriente de la opción trilateral indicada por Fu Ying11, los principales estrategas y analistas del imperio Norteamericano han reconfigurar sus doctrinas, equipos y fuerzas operacionales para seguir prevaleciendo en un entorno cada vez más desfavorable. Preocupados por el desvanecimiento de su legendaria hegemonía en Medio-Oriente, mientras que Rusia conecta un superestrategico eje marítimo que va de Sebastopol (Crimea) y pasa por los puertos sirios de Tartús/Lakania hasta el «nuevo canal de Suez»12. Así como por el enorme crecimiento de la capacidad militar China de proyección internacional, espoleada por la necesidad de acceder a recursos naturales y suministros requeridos para sostener su elevado ritmo de crecimiento económico y la ascendente demanda de un país con más de 1.300 millones de personas13. EE.UU ha desplegado desde 2003 bases en Afganistán e Iraq, como una nueva apuesta imperial para alcanzar una posición clave en Eurasia y contener a China. Así como ha sustituido algunos de sus ineficientes soldados sobre el terreno por drones. Mientras que en 2011 la Fuerza Aérea y la CIA rodearon el territorio euroasiático con 60 bases para su armada de drones. Para lo cual su caballo de batalla fue el Reaper: sus misiles Hellfire, sus bombas GBU-30, con un alcance de 1.850 km que permitían atacar objetivos en casi cualquier lugar de África y Asia desde aquellas bases.

Con el mismo fin de contener a China y Rusia, «las bases de drones del Pentágono están esparcidas por los márgenes marítimos alrededor de la isla mundial -desde Sigonella, Sicilia, hasta Incirlik, Turquía; Yibuti en el mar Rojo; Qatar y Abu Dabi en el golfo Pérsico; las islas Seychelles en el océano Índico; Jalalabad, Khost, Kandahar y Shindand en Afganistán; y en el Pacífico, Zamboanga en Filipinas y la Base Aérea Andersen en la isla de Guam, entre otros lugares. En lo cual, Norteamérica se ha gastado 10 mil millones de dólares en la construcción de una armada de 99 drones Global Hawk, equipados con cámaras de alta resolución capaces de vigilar todo el territorio en un radio de 160 km, sensores electrónicos que pueden neutralizar señales de comunicación y motores eficientes con autonomía para 35 horas de vuelo y un alcance de 14.000 kilómetros»14.

Pese a estas medidas, en América Latina, China se ha convertido en un gran mercado para las materias primas exportadas por la región. Absorbe el 40% de esas ventas y algunas estimaciones consideran que cada punto de incremento del PBI chino arrastra un 0,4% de su equivalente latinoamericano.

También las inversiones de la potencia oriental se han expandido en forma vertiginosa. Crecieron de 15.000 millones de dólares (2000) a 200.000 (2012) y se estima llegarían a 400.000 (en 2017). Asimismo, sea convirtiendo en una gran fuente de crédito. Entre el 2005 y el 2011 concedió préstamos por más de 75.000 millones de dólares, superando los montos otorgados por Estados Unidos o el Banco Mundial. Siendo su principal destino proyectos de minería, energía o commodities, que afianzan la especialización latinoamericana en la provisión de insumos básicos. Incluso existe presencia oriental en áreas anteriormente vedadas por la Casa Blanca. Hay empresas chinas en Panamá y se planea la construcción de un nuevo canal, que atravesaría Nicaragua adjudicada a constructores de ese origen, sin desatar la reacción del Departamento de Estado norteamericano15.

Pero si bien China ha llegado a ser la primera economía del mundo, esta también carga con una serie de problemas de difícil solución: tiene importantes déficits alimentarios, energéticos, de materias primas y de agua, los cuales poseen en mayor grado América Latina y África, lo que explica su creciente presencia en ambas zonas. Por lo que Norteamérica y China han convertido en coto de caza a ambas regiones, siendo fragorosamente disputadas en un sistema internacional sometido a profundas mutaciones y en donde la carrera por los bines comunes es cada vez más voraz. Ante la declinación relativa de EE.UU, el estancamiento europeo y japonés, la recuperación del protagonismo ruso en la escena mundial, la creciente gravitación de países como la India, Indonesia, Sudáfrica y Brasil.

América Latina región de vital importancia para Washington

Los recursos naturales del Sur son la prioridad de las empresas Norteamericanas. La Casa Blanca apetece los minerales, el petrolero, el agua y los bosques de América Latina. El Departamento de Estado tiene mapeadas estas reservas y atesora datos ignorados por el resto del hemisferio. De manera tal que el interés económico de la primera potencia por el resto del hemisferio no ha decaído. Se mantiene al tope en el ranking de inversores externos de la región, tan sólo en el 2012 esas colocaciones fueron cinco veces superiores al quinquenio precedente. Las exportaciones al mismo destino crecen por encima de las ventas a otras zonas16.

De acuerdo con el que fuera secretario de estado de George W. Bush, Colin Powell, «América Latina es un gigantesco mercado para las empresas estadounidenses, un lugar que ofrece grandes oportunidades de inversión con fabulosas expectativas de rentabilidad, gracias a el control político que viene ejerciendo sobre casi todos los gobiernos de la región, además de ser un territorio que alberga un repertorio casi infinito de recursos naturales de todo tipo. Más aun, América Latina por estar dentro del mismo continente que los EE.UU, es la región que ofrece el suministro de materias primas más cercano, previsible y seguro para ese país. Aspecto de vital importancia cuando las reservas mundiales de petróleo, gas natural, uranio y minerales industriales clave como el cobre y el cobalto empiezan a disminuir y la demanda de esos mismos recursos se esta disparando. Además de que las fuentes alternativas de aprovisionamiento son cada vez más lejanas, problemáticas e inciertas, hecho que se puede observar en el Oriente Medio y Asía Central tras haber entrado en un ciclo de creciente inestabilidad política»17.

Además, «el petróleo venezolano puede llegar a Houston en cuatro o a lo sumo cinco días de navegación, transitando por el Caribe, totalmente monitoreado y controlado por una gran cantidad de bases navales que lo han convertido en la ruta más segura de abastecimiento. Mientras que, muy por el contrario, el petróleo desde Medio Oriente emplea casi unos treinta y cinco días para llegar a los EE.UU, además de que debe sortear obstáculos de toda índole, como atravesar el estrecho de Ormuz o al dar la vuelta por el Cuerno de África, enfrentarse a los piratas somalíes. Asimismo, el derrocamiento de los gobiernos del norte de África, como Egipto y Túnez, entre otros tantos conflictos en la zona hacen revalorar la importancia extraordinaria que tiene el acceso rápido y seguro de petróleo vía los países de América Latina»18.

Más aun cuando «nuestra región no sólo es poseedora de petróleo, sino que también es dueña de grandes reservas de gas, cuenta con casi la mitad del total de agua potable del planeta, disponiendo de tres grandes cuencas hidrográficas en los territorios del Rio Amazonas, en el Orinoco y el del Río de la Plata. Contando además con dos importantes acuíferos, uno en el Guarní y otro en el estado de Chipas, México. Y pese a que el primero no es el más grande del mundo, sino el siberiano, sí posee la mayor capacidad de recarga lo que le asegura una duración prácticamente indefinida. En tanto que el de Chiapas es valorado como una gran fuente que ayudará a enfrentar el inexorable agotamiento de suministros de agua que han venido afectando al suroeste de los EE.UU., donde se ven afectadas las poblaciones de los Ángeles y San Diego»19.

Asimismo, América Latina es productor y contiene varias reservas de minerales cuyo principal destino son los EE.UU. Además, «Perú, Chile, Brasil, Argentina, Bolivia Venezuela y México se encuentran entre los principales países productores de minerales estratégicos y metales preciosos, como el oro, la plata, cobre y zinc. Latinoamérica en su conjunto contiene reservas probadas de minerales estratégicos con un alto valor en el mercado como el antimonio, bismuto, litio, niobio, torio, oro, zinc, y uranio, entre otros. De los cuales, el principal receptor de su producción son los EE.UU, especialmente del bismuto (88%), zinc (72%), nibio (52%) y en menor cantidad la fluorita (45%) así como el cobre (45%)».20

Por si esto no fuera suficiente, América Latina además de ser una fuente de recursos estratégicos para Norteamérica, es una retaguardia de crucial importancia. Aspecto por el cual se explica también la tozudez del Pentágono en saturar nuestra área geográfica con bases y misiones militares, así como su consecuente obstinación por garantizar la inmunidad de su personal involucrado en las mismas. En años recientes, la Casa Blanca aumentó su presencia en nuestra región: por lo menos cuatro nuevas bases fueron concedidas durante el gobierno de Ricardo Martinelli en Panamá, dos en litoral caribeño y otras dos en el Pacífico. En tanto que el Comando Sur de Miami, cuenta con más personal civil dedicado a Latinoamérica, que todos los departamentos asignados a la misma zona en Washington.

Preeminencia militar del Pentágono que se ha acentuado bajo un estandarte hipócrita de lucha contra las drogas, y que pretende encubrir el rol protagónico de Estados Unidos como mercado y refugio financiero del narcotráfico. En los bancos de ese país se lava el 70% del dinero generado por ese negocio. Bajo vigilancia norteamericana, Colombia persiste como el principal productor regional y Perú aumentó su plantío en un 55% en la última década.

Mientras que por otro lado CIA, la DEA y otras agencias secretas participan de manera activa en una guerra social que tan solo en México ha dejado más de 60.000 muertos. Y aprovechado este conflicto se han diseñado planes de militarización (Aspan 2005, Mérida 2007), interviniendo en la modernización del ejército e influyendo en el dictado de leyes contra-insurgentes. Incluso han negociado con los Carteles a espaldas de las autoridades locales. Inspirando una ideología del miedo que se utiliza para justificar el accionar cotidiana de los gendarmes.

Presencia yanqui que también se verifica en la guerra contra las bandas delictivas de Centroamérica (maras). Su persecución es esgrimida para atropellar a los pobres y apañar ejecuciones en los barrios carenciados. También en las posesiones coloniales del Caribe, el Pentágono multiplicó sus instalaciones militares (Islas Vírgenes, Puerto Rico), en estrecha asociación con Holanda (Curazao) y Francia (Martinica). Y ha instalado siete bases de gran alcance en Colombia. País en el que impera desde hace décadas el terrorismo de estado, el asesinato de sindicalistas y el desplazamiento forzoso de campesinos21.

Todos estos hechos desmienten la creencia de la «pérdida de interés estadounidense por América Latina» o el inminente «abandono de la doctrina Monroe». En realidad, existe un divorcio entre un pretendido repliegue estadounidense y la creciente presencia imperial en toda la zona.

Muy por el contrario, podemos observar el embarque de la IV Flota (disuelta en 1950 y reinstalada en el 2008), y que el total de militares latinoamericanos entrenados por el Pentágono ha superado el promedio de las décadas precedentes (195.807 efectivos en 1999-2011). Para lo cual, la asistencia militar-policial ha involucrado altísimas sumas (6.821 millones de dólares en 2009-2013) y se han incrementado los tratados para compartir información sensible. Asimismo, Estados Unidos mantiene desplegados 4000 uniformados en forma permanente para acciones de emergencia. Sus drones operan sin ninguna restricción en todo el hemisferio. Con lo cual ha conseguido que América Latina y el Caribe estén rodeados de bases militares, gran parte de las cuales fueron instaladas – acordado su uso – en años recientes. Logrando así que la cuenca del Gran Caribe sea un «mar interior» de Estados Unidos, vigilado milimétricamente por sus fuerzas armadas. Y por medio del cual el imperio puede acceder al país, que al día de hoy cuenta con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo; Venezuela. «Rodea asimismo a la Amazonia mediante un cinturón de acero que la recorre por los cuatro puntos cardinales: al Norte, con bases instaladas en Colombia y las Antillas Holandesas (Aruba y Curacao); al Sur, por las dos localizadas en Paraguay; al Oeste, por las que se establecieron en el Perú; y al Este por las radicadas en Guayana, Surinam y la Guayana Francesa»22. Además, «la isla de la Ascensión no sólo puede respaldar logísticamente a la maquinaria militar norteamericana para sus operaciones en Sudamérica sino que también puede servir como plataforma de intervención desde nuestro continente, para operaciones en el África Occidental, sede de los principales campos petroleros africanos: Nigeria, Angola y Guinea Ecuatorial».23

De esta manera, se puede observar que la estrategia de Washington a sido la de hacerse fuerte en el litoral del Pacífico latinoamericano y el litoral Atlántico de América del Sur, sede de la mayor economía de América Latina, Brasil y la tercera en importancia en la región, Argentina. Donde la estrategia norteamericana de rodear América Latina, fundamentalmente su corazón sudamericano, mediante una serie de bases militares desperdigadas por toda la región o la autorización de utilizar las existentes en la región, es la de crear capas envolventes, tal como hizo con Europa tras el termino de la Segunda Guerra Mundial. Con lo cual obtiene la capacidad de controlar el acceso y los modos de uso y de explotación de los territorios, a la vez que neutraliza las iniciativas que pudieran impulsar los movimientos sociales y las fuerzas políticas opuestas a la desposesión promovida por el capital.

Dicha estrategia tiene tal coherencia y necesidad histórica, que la expansión de las bases y el gasto militar, lejos de haberse atenuado después de la salida de la presidencia de George W. Bush, y la consecuente entrada de Obama, se ha acentuado. Reflejo de esto es la reactivación de la amenazante Cuarta Flota. Debido a que «la marina ha sido promovida, tal como en el pasado, al rango de arma principal de las fuerzas armadas estadounidenses. Porque es la única que asegura la proyección global del músculo militar del Pentágono, requerido para proteger sus intereses en el escenario mundial. En momentos en que se intensifica la disputa por los bienes comunes crecientemente inaccesibles o de costosa extracción, bienes dispersos por toda la superficie del planeta, el control de los mares y de las líneas marítimas de transporte retoma su condición prioritaria. La concentración del foco de atención militar en la región Asia-Pacífico y, especialmente en el Mar de China ha hecho que Washington reconfigure sus fuerzas reduciendo las tropas de tierra y aumentando el presupuesto y el personal de la armada»24.

Asimismo, los estrategas militares norteamericanos estiman que una tarea esencial de la fuerza marina desplegada, será contrarrestar las estrategias de «anti acceso» y de «zonas de exclusión» que pudieran tratar de imponer sus enemigos potenciales para impedir el flujo de los suministros que necesita Washington. Esa es la misión que deberá cumplir la Cuarta Flota en aguas continentales de América Latina y el Caribe, mediante bases militares dispersas a lo largo y a lo ancho de la región en un número apabullante y que sólo esperan el momento oportuno para lanzarse con todas sus fuerzas a apropiarse de las riquezas de nuestras naciones, bajo la dirección de la burguesía imperial25 y el Estado que la representa, los Estados Unidos. Para lo cual a su vez a dispuesto los instrumentos para tales actos, así como la justificación-política, económica, ideológica y hasta religiosa para suscitar el consenso de su población.26

Toda vez que el Pentágono es más consiente de que ha perdido su ventaja en el terreno productivo, así como su poderío político y militar. Y que esto también ha repercutido en la capacidad que tenía anteriormente para dictar sus condiciones a sus aliados europeos o japoneses, intimidar a sus enemigos y avasallara a los países débiles. Puesto de manifiesto en la impotencia que tuvo para derrocar a los gobiernos de Venezuela, Bolivia y Ecuador, así como en los elevados costos que tuvo que pagar para destituir a José Manuel Zelaya en Honduras, país que históricamente el Pentágono había controlado a su beneplácito.

La represión sobre América Latina, trazos visibles del «gobierno secreto» estadounidense

Desde el año 2000, momento en el que la hegemonía estadounidense se ve cuestionada por el desplazamiento tectónico del poder mundial. Debido al ascenso de China, que al convertirse en la primera economía mundial amenaza con dar la vuelta a la geopolítica marítima configurada por los EE.UU durante los últimos 400 años. Y que ha sido puesto de manifiesto con mayor evidencia a partir de los atentados a las torres gemelas el 11 de septiembre de 2001, puesto que abrieron en el sistema internacional un creciente policentrismo en lo económico, político y cultural, haciendo del sistema internacional una arena más plural y equilibrada que antes. Pero coexistiendo forzadamente con el unicentrismo militar norteamericano, que ha dejado de lado los llamados «dividendos de la paz», posteriores a la caída de la URRS, para dar paso por el contrario a un desorbitante gasto militar, convirtiendo a las fuerzas armadas estadounidenses en una enorme máquina de destrucción y muerte que dispone de la mitad del gasto militar mundial.

Desde entonces, América Latina ha sido colocada en medio de una sorda pero importantísima batalla, donde el objetivo estratégico global del Pentágono es retrotraer las relaciones hemisféricas a la condición prevaleciente antes del triunfo de la Revolución Cubana: un continente totalmente sometido al mandato inapelable de Washington. Para lo que, la Casa Blanca, la burguesía imperial y la lumpen-burguesía latinoamericana trabajan incansablemente en pos de esta restauración.

Y a lo cual responden, la renovada agresividad del imperio, la reactivación de la Cuarta Flota, el enjambre de bases militares instaladas en Latinoamérica, el desmedido apoyo a tentativas secesionistas y golpistas que observamos en: Bolivia y Ecuador en 2008 y 2010 respectivamente, el golpe militar en Honduras en 2009 y la fraudulenta convalidación del mismo mediante las ilegítimas elecciones presidenciales realizadas el 19 de noviembre del mismo año y el golpe de Estado constitucional en Paraguay llevado a cabo en junio de 2012.

Y, para que estas políticas puedan imponerse, en nuestros países una vez extinguidas las antiguas dictaduras de seguridad nacional, ha sido necesario que la propia derecha de nuestras naciones al verse obligada a manejarse dentro de la institucionalidad democrática, se articulen con las clases dominantes a nivel global, a lo cual Atilio Borón llama una «burguesía imperial» -una oligarquía financiera, petrolera e industrial que se vincula y coordina trascendiendo las fronteras nacionales -, que dictan sus condiciones a las clases dominantes locales en los países dependientes, socias menores de su festín, pero que tiene a su cargo la importante misión de viabilizar el accionar del imperialismo a cambio de obtener ventajas y beneficios para sus propios negocios.

Esta lumpen-burguesía controla a los Estados de los países dependientes y por medio de ella prevalecen las condiciones políticas e institucionales que posibilitan el funcionamiento de los mecanismos de exacción de excedentes y saqueo de recursos, garantizan la eficacia de los aparatos legales y represivos del Estado para someter a la fuerza de trabajo a las condiciones que requiere la superexplotación capitalista (precarización y flexibilización laboral, extensión de la jornada de trabajo, abolición de derechos sindicales, etc.)27

Muestra de esta situación la han dado la mayoría de los gobiernos que participan en el bloque del Acuerdo de Asociación Transpacífico de cariz derechista, subordinados a Estados Unidos, que han incentivando la militarización y se han amoldado a las distintas etapas del neoliberalismo. Los dos sexenios del PAN (2000-12) y la nueva presidencia del PRI en México son ejemplos de esta congruencia. Peña Nieto ha implementado la agenda de contrarreformas que exige la clase dominante en el plano energético, fiscal y educativo. Para privatizar PEMEX derogó la enmienda constitucional que impedía celebrar contratos con empresas privadas. Y tras destruir la compañía nacionalizada que simboliza la gesta del Cardenismo, viene incrementando el IVA en una búsqueda por financiar la eventual caída de ingresos fiscales que genera esta entrega. También encarece el transporte público, desarticula el sector eléctrico y avasalla los derechos de la docencia.

Colombia es un segundo caso de estrecha asociación entre gobiernos derechistas y adscripciones librecambistas. Aquí el alineamiento político-militar con Estados Unidos fue determinante para el liderazgo reaccionario que encarnó Uribe. Aterrorizó a los campesinos, preservó los privilegios de los latifundistas, facilitó la violencia de los paramilitares y renovó la ideología anticomunista del Pentágono. En tanto que su sucesor Santos persiguiendo los mismos fines, reinició las fallidas negociaciones de 1982-86 y 1998-2002 con la insurgencia. Con la intensión de las clases dominantes de ampliar la frontera de la minería y agro-negocio, puesto que el fin de las hostilidades les representa la llave de nuevas inversiones. Pero ante la oposición de los viejos hacendados, el gobierno ha jugado a dos puntas: manteniendo la represión y negociando acuerdos que convaliden la concentración de tierras, perpetrada con desplazamientos y destrucciones comunitarias.

Chile constituye el tercer ejemplo de la misma conexión entre tratados de libre comercio y regímenes derechistas. Allí ambos procesos se recrearon mediante la Constitución Pinochetista, que ratificaron los demócrata-cristianos y socialdemócratas convertidos al credo neoliberal. La Concertación garantizó los privilegios del ejército (10% de las utilidades de la empresa estatal de cobre), un nivel de desigualdad superior al promedio regional y un agobiante sistema de endeudamiento personal, para acceder a la educación superior. De manera tal que, el período pos-dictatorial ha estado signado por la represión, la pobreza y la baja sindicalización.

Otro tanto ha hecho Perú al permanecer alineado con el bloque libre-cambista-derechista. El presidente Ollanta Humala retomo la trayectoria de gobiernos explícitamente neoliberales (Toledo) o de origen nacionalista (Alan García), que redoblaron la represión para expandir la mega-minería. Sus promesas progresistas se diluyeron al acceder a la presidencia. Apaleando movilizaciones sociales, congelo salarios y ha violado derechos laborales. Incorporando oscuros personajes a su gestión y autorizando la presencia masiva de militares estadounidenses28.

Bajo las premisas de este tipo de gobiernos, se ha conformado la represión que en América Latina, desde hace tres décadas se viene consolidando en contra del ciclo de protestas sociales, que cuestionan abiertamente las políticas económicas neoliberales, desde México, Nicaragua, Guatemala, Ecuador, Venezuela, Bolivia y Perú. Ante la masiva respuesta popular suscitada ante la crisis del régimen económico y político de Argentina, así como a las distintas movilizaciones en Uruguay contra las privatizaciones y la política económica del gobierno. Más aun cuando se viene presentando en todos estos actos, una convergencia en la lucha de diferentes sectores sociales (asalariados, campesinos, estudiantes, clases medias, etc.) afectados por los procesos de expropiación social y concentración del ingreso generados por el neoliberalismo. Así, como un contagio de actos como el «cacerolazo» argentino, que tuvo repercusiones en protestas de Bolivia, Ecuador, El Salvador, Guatemala, México, Panamá, Paraguay y Uruguay.

No les es grato a los intereses de la burguesía imperial y su lacaya la lumpen burguesía dependiente, la efervescencia que desde el 2002 se incremento en la realización de huelgas nacionales y/o regionales. «El paro nacional multisectorial de 48 horas convocado por la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) y organizaciones sociales y sindicales. Los paros regionales – con epicentro en Arequipa – en el sur de Perú, que duraron dos días, convocados por el Frente Amplio Cívico contra la anunciada privatización de las centrales energéticas de EGASA y EGESUR. El paro departamental realizado en Boyacá, Colombia en el mes de febrero del mismo año en protesta contra la política de privatizaciones del gobierno nacional. Ni las múltiples acciones multisectoriales protagonizadas por trabajadores estatales con el apoyo de partidos políticos y organizaciones sociales congregados por el Frente Nacional de Defensa de los Bienes Públicos, en contra de la ofensiva privatizadora lanzada por el entonces presidente González Macchi en Paraguay y el consecuente aumento tarifario ligado a la misma. Así como la marcha que en el Salvador llevaron a cabo trabajadores, sindicalistas y estudiantes universitarios, en protesta contra los miles de despidos y la política aplicada por el gobierno. Ni que en Argentina la Central de los Trabajadores Argentinos (CTA) convocará a un paro nacional de 24 horas para exigir la libertad de dirigentes de esa central detenidos en la provincia de Neuquén»29.

Todos estos eventos han tenido como resultado un alarmante incremento de muertos, acciones represivas, secuestros y detenciones de líderes sociales y manifestantes. En Bolivia, Colombia, República Dominicana, Nicaragua y Ecuador gran número de personas fueron asesinadas por las fuerzas del Estado. «En Paraguay una multitudinaria manifestación organizada bajo la consigna «No al terrorismo de Estado» puso de manifiesto la amplitud del repudio a la detención ilegal y la posterior tortura de dos militantes del Movimiento Patria Libre. De suerte tal, que la progresiva generalización de la represión en la región delinea una nueva fase política caracterizada por la violación – desde la propia esfera del Estado – de los derechos humanos y democráticos, realizada bajo el amparo discursivo de la guerra contra el terrorismo y el narcotráfico. Frente a las tensiones sociales y políticas derivadas de la crisis, el «neoliberalismo armado» aparece como la respuesta de Estado frente a las demandas populares de democracia y justicia social»30.

Y de la misma forma, la inconformidad social contra los proyectos neoliberales, han sido la causa estructural, no ocasional, como indica Borón, histórica y presente de intervenciones militares norteamericanas en la región; de innumerables «golpes de mercado»; de múltiples asesinatos políticos, sobornos, campañas de desestabilización, y desquiciamiento de procesos democráticos y reformistas perpetrados contra nuestras naciones. A este respecto, pensadores como Zbigniew Brzezinki, desde los ochenta declararon que la URSS era un problema transitorio para el Pentágono, pero que América Latina constituía un desafío permanente, arraigado en las inamovibles razones de la geografía. Lógica dentro de la cual se puede entender la excepcional «ayuda militar» prestada a Colombia, país que es el tercer receptor mundial sólo por debajo de Israel y Egipto; la predisposición para contener a las masas de inconformes, así como controlar los procesos políticos internos de los países de la región, por más insignificantes que pudieran parecer. Tal como se hizo en Nicaragua, minando sus puertos y armando a los contras; en el Salvador, organizando a los escuadrones de la muerte contra la guerrilla del FMLN, en Granada, y poco tiempo después también en Panamá, hasta los más recientes casos de Honduras y México.

Más todavía, los distintos movimientos de oposición a los proyectos imperiales, tal como en el pasado «vienen convenciendo a la burguesía imperial de que el reordenamiento de nuestros países difícilmente puede lograrse apelando a los mecanismos tradicionales o alguna variante de la política del «buen vecino». Muy por el contrario, la Escuela de las Américas, nido del que salieron los militares terroristas de Estado que en el pasado asolaron a América Latina, desde el 2001, cambio de nombre y pasó a denominarse Institución del Hemisferio Occidental para la Cooperación de Seguridad (Western Hemisphere Institute for Security Cooperation, WHISC). Resultando dicha transformación en un mero cambio de ropajes, puesto que la institución continúa en el mismo sitio, contando con el mismo edificio, los mismos instructores y enseñando las mismas técnicas de tortura y represión».31

Esto viene ocurriendo de manera tal, que pese a los cambios sociopolíticos existentes en América Latina aun subsisten múltiples vínculos entre las fuerzas armadas latinoamericanas con las agencias militares estadounidenses. Por lo que el siniestro plan Cóndor, diseñado para aniquilar a la subversión no ha desaparecido, sino que ha continuado mediante la coordinación de las fuerzas armadas bajo el para rayos de la guerra contra el narcotráfico y el terrorismo. Más aun, en este contexto es importante tener en cuenta la vigencia que cobra el «gobierno secreto» de Washington, gestionado por el stablishment militar y los servicios de inteligencia de esa nación. Que históricamente ante la exacerbación de la lucha de clases, han abrevado de medidas como el uso y preparación de grupos criminales para fortalecer su dominación clasista. A este respecto, el escandalo Irán-Contra reveló la existencia de este gobierno secreto al interior de los EE.UU, donde una pléyade de agentes de inteligencia y militares, activos y retirados, civiles y traficantes de armas extranjeros, financiaron una guerra en el Medio Oriente (Irangate) y otra en Centroamérica (Contragate). En el Medio Oriente dicho gobierno secreto pacto con el gobierno hostil de Irán para asistirlo en una guerra que cobro un millón de vidas y en Centroamérica abasteció a un ejército mercenario, los contras.

De forma tal que los multimillonarios ingresos que genera el tráfico de drogas son utilizados por el propio aparato militar estadounidense para financiar operaciones ocultas y mantener ejércitos de mercenarios. El cultivo de heroína ha resurgido, por ejemplo, durante la reciente invasión a Afganistán, con la misma intensidad que los estupefacientes florecen en todas las localidades militarizadas de México. Además, las monumentales ganancias que genera el tráfico han dado lugar también a una narco-burguesía, que impone formas de administración territorial. Un sector de origen marginal, que adiestra su propio ejército de pandillas, logrando comprometer a amplios segmentos de la burocracia y las fuerzas armadas. De suerte tal que en varios países las clases dominantes vienen coexistiendo con esta lúmpen-burguesía, desplegando el terror contra las protestas populares o al desempeñar funciones filantrópicas para el blanqueo de dinero sucio32.

A este respecto, también es importante recordar la conformación gobierno secreto que surge «al término de la SGM, cuando el presidente Truman desmantela la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS), organización que realizo acciones paramilitares y de espionaje contra Alemania y Japón. Y que se refunda al inicio de la Guerra Fría para el combate contra el comunismo en la Agencia Central de Inteligencia, cuando firma el Acta de Seguridad Nacional en 1947. Agencia que fue creada originalmente bajo la premisa de realizar operaciones de espionaje en el extranjero que brindaran información al presidente sobre asuntos de seguridad nacional. Pero al poco tiempo extendió su campo de acción hacia la desestabilización de movimientos políticos y sociales y gobiernos extranjeros mediante la guerra económica y psicológica, asesinatos y la formación de grupos paramilitares». 33

A este respecto, los ejemplos más recientes los brindan Al-Qaeda, creado en 1980 por la CIA, para enfrentar a las tropas soviéticas acantonadas en Afganistán y hoy su brazo armado el Estado Islámico. Resultado de las mismas políticas de la CIA, el M16 británico, el Mossad de israelí y los servicios de inteligencia de Turquía y Arabia Saudita. Hecho confirmado en el documento desclasificado de la Defense Intelligency Agency (DIA), con fecha del 12 de agosto de 2012. Y donde se indica que desde el principio los seguidores de Abu Bakr al-Baghdadi – auto proclamado califa del EI – serían utilizados como peones necesarios para poder interferir en el Medio Oriente, principalmente en Siria e Iraq34.

Y dentro de este mismo esquema, hoy podemos entender el cambio suscitado en la concepción de las bases militares, toda vez que de lo que se trata, además de abastecer a las milicias formales, es abastecer también a grupos de criminales dejando el menor rastro posible, para combatir de manera informal a la insurgencia, tal como a ocurrido en el pasado, lo que requiere un número mucho mayor de pequeñas instalaciones. Por lo que se trata menos de bases norteamericanas, que de instalaciones ya existentes en los países anfitriones, si bien han sido construidas en muchos de los casos a solicitud de Washington y contando con su financiamiento. Siendo supuestamente administradas por personal local, en realidad, las fuerzas estadounidenses hacen y deshacen a su antojo gozando de total impunidad.

A este respecto es muy clara la función que ha cumplido el Acuerdo de Cooperación Militar formado por Obama-Uribe, que concedió la utilización de al menos siete bases militares colombianas a Norteamérica, además de la decisión de incrementar el número de bases para ser utilizadas sin otra obligación más que la de formalizar el pedido por escrito; garantizándoles asimismo la inmunidad diplomática para todo el personal que ingrese a Colombia bajo el amparo del acuerdo, con lo cual se puede robar, asesinar, violar y traficar drogas o armas sin temor a ser presentado ante la justicia colombiana. Puesto que dicho acuerdo, también autoriza la entrada a cualquier estadounidense que presente un documento de identificación que contenga una foto del ingresante, a la par de que el gobierno colombiano se abstiene de revisar cualquier cargamento que entre o salga de Colombia.

Ante tal panorama, es relevante la declaración de Ralph Peters, teniente coronel retirado del ejército de Estados Unidos quien en 1997 en el New York Times declaro que no habrá paz. En cualquier momento durante el resto de nuestras vidas habrá múltiples conflictos, bajo formas «mutantes» (sic), en todo el globo. Los conflictos violentos dominaran los titulares de la prensa, pero las luchas culturales y económicas serán más constantes y, en última instancia, más decisivas. Para lo cual el rol de facto de las fuerzas armadas estadounidenses será hacer del mundo un lugar seguro para nuestra economía y abierto a nuestro asalto cultural. Con tales objetivos mataremos a una considerable cantidad de gente. Y más adelante, en el año 2009, declaro que en la guerra sólo la victoria cuenta. Y que sino se puede ganar con métodos limpios, hay que ganar apelando a los «métodos sucios».35

Pero, Ralph Peters no hace más que revelar lo que en realidad viene sucediendo desde los tiempos de William McKinley (1896-1901), hasta nuestros días. El imperialismo no ha hecho más que acentuar su dominio sobre Latinoamérica. «No importando que pasaran presidentes demócratas o republicanos; estudiosos, cultos y políglotas como Wilson, Franklin D. Roosevelt o Kennedy, o ignorantes, semi-analfabetos y rústicos como Reagan o Bush Jr.; civiles o militares como Eisenhower; «progresistas» en política nacional como Kennedy, los dos Roosvelt (Theodore y Franklin D.), Carter o Clinton; o conservadores como los Bush, padre e hijo, Truman y Eisenhower; honestos como Wilson o bandidos como Nixon. Todos sin excepción trabajaron para someter a nuestras naciones y expandir el imperio norteamericano a largo y ancho del orbe»36.

Donde lo relevante es que, detrás de los transitorios personajes que han ocupado presidencia de los EE.UU, existe un «gobierno permanente» consolidado a partir de la finalización de la Segunda Guerra Mundial y que, con el transcurso del tiempo ha adquirido una casi total independencia respecto de las fluctuaciones que caracterizan a la escena electoral, además de haber neutralizado en su totalidad la voluntad popular. «Tal gobierno, que desde las sombras y a través de una densa cadena de mediaciones y echando mano numerosos agentes y estructuras organizacionales, establece las principales directivas y orientaciones de política a ser implementadas tanto dentro como fuera de Norteamérica. Y si el ocupante de la Casa Blanca amaga con distanciarse de las políticas establecidas por los poderes fácticos permanentes – que el presidente Dwight Eisenhower denominó «el complejo militar-industrial» -, se ingresa en una zona de inestabilidad y de conflicto que puede en algunos casos culminar con el asesinato del presidente, tal como ocurrió con el presidente John F. Kennedy, o con la completa neutralización de iniciativas consideradas inaceptables y el responsable de tal acción condenado a una especie de limbo político, vivido por Bill Clinton, cuando intento reformar el sistema de salud durante los primeros meses de su administración. No muy alejada de la suerte que corrió James Carter, aplastado por la reacción neoconservadora encumbrada detrás de Ronald Reagan, opuesta a su política de derechos humanos y la devolución del Canal de Panamá. Hechos que también vienen ocurriendo en nuestros días con los tímidos intentos de reforma financiera y del sistema de salud propuestos por Barack Obama»37.

Todo lo cual, ha conducido cada vez más a la utilización de descontrolados ejércitos de mercenarios, operaciones encubiertas, centros de tortura en el exterior, exorbitantes gastos militares, asesinatos políticos y guerras conducidas por robots y drones, lo que ha exigido a su vez archivar permanentemente cualquier forma de deliberación democrática o supervisión parlamentaria38.

Pero, para comprender con mayor profundidad las acciones de desestabilización emprendidas actualmente por terroristas y narcotraficantes en los países dependientes, desplegadas desde los países imperialistas, es menester abordar en otro trabajo la guerra permanente y la manera en que se desarrolla el complejo militar-industrial, y de la mano de este, el gobierno secreto surgido al interior de los EE.UU.

Bibliografía

Berger Jaques y Thomas Bernard. «La guerra secreta del petróleo». Plaza y Janes 1969.

Borón Atilio. América Latina en la geopolítica del imperialismo». Colección Obras de Referencia, UNAM, PPEL, CIICH, 2014.

González Casanova Pablo. «Los militares y la política en América Latina». Océano, 1988.

Ruiz Marrero Carmelo. «La CIA y su rol en el mundo contemporáneo». Investigaciones en progreso, versión en PDF.

Inozémtsev N. «Economía política del capitalismo contemporáneo«. Tomo II. Editorial progreso Moscú, 1980.

Connell-Smith Gordon. «Los Estados Unidos y la América Latina». Fondo de Cultura Económica, 1980.

Hemerografía

Revista Rebelión. «Washington versus China en el siglo XXI. La geopolítica del declive mundial de Estados Unidos«. Por Alfred W. McCoy, 13-06-2015.

Revista Observatorio Social de América Latina, junio 2002, CLACSO. Taddei Emilio. «Crisis económica, protesta social y «neoliberalismo armado» en América Latina».

La Jornada. «China pondera el acercamiento de Estados Unidos con Rusia». Por: Alfredo Jalife-Rahme. 30-12-2015.

La Jornada. «¿Cómo ve China a Rusia?: la nueva tripolaridad global, según China». Por: Alfredo Jalife-Rahme. 23-12-2014.

La Jornada, suplemento. «Una historia pendiente de contar». Por: Miguel Fernández Martínez. 01-08-2015

Notas:

1 Borón Atilio. América Latina en la geopolítica del imperialismo». Colección Obras de Referencia, UNAM, PPEL, CIICH, 2014. Pág. 50

2 Kolko Gabriel. «Políticas de guerra. El mundo y la política exterior de los Estados Unidos 1943-1945». Grijalbo, 1974. Pp. 18-657.

3 Connell-Smith Gordon. «Los Estados Unidos y la América Latina». Fondo de Cultura Económica, 1977. Pp. 24-28

4 Connell-Smith Gordon. «Los Estados Unidos y la América Latina». Fondo de Cultura Económica, 1977. Pp. 120-121.

5 Connell-Smith Gordon. «Los Estados Unidos y la América Latina». Fondo de Cultura Económica, 1977. Pp. 125, 142, 169.

6 Borón Atilio. Ibíd. Pág. 116

7 Borón Atilio. Ibíd. Pág. 116

8 Revista Rebelión. «Washington versus China en el siglo XXI. La geopolítica del declive mundial de Estados Unidos«. Por Alfred W. McCoy, 13-06-2015.

9 Revista Rebelión. Ibíd. Alfred W. McCoy.

10 Ibíd.

11 La jornada. ¿Cómo ve China a Rusia y a EU?: la nueva tripolaridad global, según China». Por: Alfredo Jalife-Rahme. 23-12-2015.

12 La Jornada. «China pondera el acercamiento de EU con Rusia». Poe Alfredo Jalife-Rahme. 30-12-2015.

13 Borón Atilio. Ibíd. Pág. 214-215

14 Ibíd.

15 Revista Rebelión. «Dualidades de América Latina (II). Bloques y gobiernos». Por Claudio Katz, 28-01-2014.

16 Ibíd. Katz Claudio.

17 Borón Atilio. Pág. 103

18 Ibíd. Pág. 116

19 Borón Atilio. Ibíd. Pág. 101

20 Ibíd. Borón Atilio. Pág. 103

21 Ibíd. Katz Claudio.

22 Ibíd. Pág. 226

23 Ibíd. Pp. 116,118,119.

24 Borón Atilio. Pág. 294

25 Inozémtsev N. «Economía política del capitalismo contemporáneo«. Tomo II. Editorial progreso Moscú, 1980. Pág. 42

26 Ibíd. Pp. 225, 311,312.

27 Borón Atilio. Pp. 31, 37, 46, 47, 94.

28 Ibíd. Katz Claudio.

29 Revista Observatorio Social de América Latina, junio 2002, CLACSO. Taddei Emilio. «Crisis económica, protesta social y «neoliberalismo armado» en América Latina». Pp. 30-31

30 Ibíd. Pp. 35-36

31 Borón Atilio. Ibíd. Pp. 122-123.

32 Ibíd. Katz Claudio

33 Ruiz Marrero Carmelo. «La CIA y su rol en el mundo contemporáneo». Investigaciones en progreso, versión en PDF.

34 La Jornada, suplemento. «Una historia pendiente de contar». Por: Miguel Fernández Martínez, 1 al 14 del 08 de 2015.

35 Borón Atilio. Pp. 236, 237, 238, 279.

36 Borón Atilio. Pp. 294-295.

37 Borón Atilio. Pp. 295-296.

38 Ibíd. Pp. 294-295

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.