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Entrevista con el investigador y comunicólogo Jesús Martín Barbero

«La irrupción de indígenas y mujeres en la política está replanteando el papel del Estado en América Latina»

Fuentes: Cronicon.net

Los nuevos retos de la política en América Latina, la globalización como perversidad y como oportunidad para generar una contrahegemonía y la monopolización de los medios de comunicación como obstáculo en el proceso de construir ciudadanía, son algunos de los tópicos a los que se refirió en esta entrevista el investigador social y connotado comunicólogo […]

Los nuevos retos de la política en América Latina, la globalización como perversidad y como oportunidad para generar una contrahegemonía y la monopolización de los medios de comunicación como obstáculo en el proceso de construir ciudadanía, son algunos de los tópicos a los que se refirió en esta entrevista el investigador social y connotado comunicólogo ibero-colombiano Jesús Martín Barbero.

Crítico del modelo neoliberal que en su concepto «secuestró la política» y dinamizó el mercado, hasta el punto que fue sacralizado, tratando de «unificar» el mundo «no en el deseo de cooperación y solidaridad sino en el de competitividad».

Martín Barbero es colombiano a pesar de haber nacido en la ciudad española de Ávila en el año de 1937. Aunque apenas en octubre de 2004 obtuvo esta nacionalidad, ya desde 1963 cuando llegó a Bogotá, inició su comprensión de un mundo nuevo de símbolos, mensajes y espacios que lo configurarían como un colombiano y como un verdadero latinoamericano que ha hecho de esta región su base de estudios y su referente para generar pensamiento.

Su arribo a Bogotá se puede catalogar como un abrupto contacto cultural que marcó su visión y su posterior trabajo investigativo en el ámbito de la cultura y la comunicación. Sus primeras impresiones de Colombia las relata así:

«Me asomé por primera vez a este país el 15 de octubre de 1963, desde la ventanilla de un avión, en medio de un aguacero que difuminaba el atardecer de la sabana y volvía imprecisos los contornos de las edificaciones y el paisaje. De la travesía por la ciudad hasta el hotel me queda sólo el recuerdo de las fugaces imágenes de gente guareciéndose de la lluvia bajo los aleros, la mayoría vestida con una prenda cuyo nombre aprendería al día siguiente: ruana. Y al día siguiente, en la cafetería del hotel, experimentaría también el primer extrañamiento justo allí donde mejor creía reconocerme, en el idioma. La chica que servía el desayuno me preguntó «¿Le provoca un perico?», ante lo cual quedé físicamente sin habla, pues «provocar» en mi castellano de la vieja Castilla significaba «incitar a pelear» o -aún peor- «dar náuseas», ¡y un perico era un loro! O sea, que junto a los parecidos y las semejanzas de la gente de acá con los de la madre patria, aprendí de una vez lo hondas y significativas que eran las diferencias, las que sin embargo no me impidieron sentir desde muy pronto una secreta empatía por el país; mientras la mayoría de los españoles que he conocido en Colombia se juntaban con mucha frecuencia entre ellos para compartir su mundo, yo jamás he experimentado esa necesidad, pues desde muy temprano me sentí en familia con los colombianos. A lo largo de mis 21 años en Cali, cada vez que visitaba al cónsul español para que me renovara el pasaporte, él me entregaba el carnet del club español y me regañaba por no verme nunca en él».

Semiólogo, antropólogo y filósofo de la Universidades de Lovaina y París, Martín Barbero es un experto en comunicaciones y medios que ha producido importantes síntesis teóricas en Latinoamérica acerca de la posmodernidad. Aparte de ejercer docencia en Colombia y México ha sido profesor visitante de las universidades Complutense de Madrid, Autónoma de Barcelona, Stanford, Libre de Berlín, King’s College de Londres, Puerto Rico, Buenos Aires, São Paulo, Lima, entre otras. Su análisis de la cultura como mediaciones, el estudio de la globalización desde la semiología, la función alienante de los medios locales y particularmente la función de las telenovelas en Latinoamérica son algunos de sus aportes. Ha sido una de las figuras centrales de la intelectualidad crítica contemporánea del continente junto a autores como Néstor García Canclini, Ángel Rama, Carlos Monsiváis, Tomás Moulián y Beatriz Sarlo.

En sus estudios, análisis y reflexiones, este científico social colombo-ibérico se propuso invertir el sentido de la idea de comunicación como proceso de dominación. Es decir ha trabajado el tema de la dominación como proceso social de comunicación y campo de batalla cultural.

El fenómeno de la comunicación lo ha analizado igualmente como proceso productor de significaciones y no de mera circulación de informaciones, buscando superar la visión instrumental y proponiendo la utilización social de la cultura.

Su obra más relevante es De los medios a las mediaciones (G. Gili, Barcelona, 1987), desde la cual mira el otro lado del proceso de la comunicación llamado recepción, conformado por las resistencias y las variadas formas de apropiación de los contenidos de los medios. La comunicación se hace así cuestión de cultura, que exige revisar toda la vorágine de la mass media con el objetivo de «leer adecuadamente- y de manera crítica- las imágenes que se imponen sobre el texto o lo acompañan.»

LA POLÍTICA SECUESTRADA POR LA MACROECONOMÍA NEOLIBERAL

En desarrollo de su intervención en la Cátedra Orlando Fals Borda, Martín Barbero abordó con amplitud el tema de la comunicación y ciudadanía en tiempos de globalización y tuvo tiempo además para dialogar unos minutos con el Observatorio Sociopolítico Latinoamericano WWW.CRONICON.NET.

De entrada se fue lanza en ristre contra el neoliberalismo, modelo económico que generó atraso, pobreza y grandes desigualdades sociales en los países de Latinoamérica y que apenas algunos de ellos, gracias a la irrupción de gobierno progresistas, están pudiendo salir de él.

Para Martín Barbero, «debido a la implantación del modelo neoliberal la macroeconomía en América Latina sustituyó la política. Los organismos multilaterales de crédito como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional decidieron que la educación no era una inversión sino un gasto.

«El secuestro de la política por la macroeconomía ha contribuido también a la deslegitimación del Estado, convirtiéndolo en intermediario de los mandatos de esos organismos internacionales sobre una sociedad cada día más desigual y excluyente, con porcentajes crecientes de población por debajo de los niveles de pobreza y con millones de personas obligados a emigrar hacia Estados Unidos y Europa».

Citando una frase del sociólogo catalán Manuel Castells señaló que «estamos en una sociedad en que terminó el trabajo para toda la vida y el trabajo de tiempo completo para la inmensa mayoría, lo que significa también que la sociedad industrial con su modelo de pleno empleo dejó de servirle al capitalismo».

No obstante la perversidad del neoliberalismo, Martín Barbero señala que en la primera década del siglo XXI la política ha logrado retornar a la escena social gracias a tres elementos: «la entrada de los indígenas: desde los zapatistas en México hasta los mapuches en Chile, ahora son actores de construcción de la nación, es un fenómeno de primera magnitud; la presencia de las mujeres, que constituye la revolución de fondo en el siglo XX, y el surgimiento de los ‘neopopulismos’ que replantea el lugar del Estado».

Para este científico social la connotación de populismo no es el que la dan los sectores de derecha para deslegitimar a los gobiernos progresistas y de izquierda que han irrumpido en América Latina, sino que, en su concepto, es la manifestación en virtud de la cual en este continente «las mayorías han logrado constituirse en sujetos históricos».

Otra cosa es la deformación de populismo como los ocho años de gobierno de Álvaro Uribe Vélez en Colombia, «que fue de lo más bastardo», dijo.

De esta manera, agregó, la política se ha oxigenado «ensanchando no solo la acción del pensamiento, que se ha visto seriamente asfixiado por la alianza entre pensamiento único y determinismo tecnológico».

Resalta el rol que debe jugar el pensamiento crítico en una región de tanta ebullición social como Latinoamérica y afirma que el mismo «tiene que ser una táctica, puesto que en las condiciones actuales debemos luchar desde el terreno del adversario».

DOS CARAS DE LA GLOBALIZACIÓN

Sobre ese fantasma que «recorre las ciencias sociales y se llama globalización», Martín Barbero muestra sus dos caras: la de la perversidad y la de las oportunidades para los pueblos y para la construcción de una contrahegemonía.

«La globalización -sostiene- aparece a un mismo tiempo como perversidad y como posibilidad, una paradoja cuyo vértigo amenaza con paralizar tanto el pensamiento como la acción capaz de transformar su curso. Pues la globalización fabula el proceso avasallador del mercado, un proceso que uniforma el planeta pero profundizando las diferencias locales y por tanto desuniéndolo cada día más. De ahí la perversidad sistémica que implica y produce el aumento de la pobreza y la desigualdad, del desempleo tornado ya crónico, de enfermedades que, como el sida, se tornan epidemia devastadora en los continentes no más pobres sino más saqueados. Se ha llegado al punto en que si un país no puede competir, una transnacional perfectamente lo puede comprar».

«Pero la globalización también representa un conjunto extraordinario de posibilidades, cambios ahora posibles que se apoyan en hechos radicalmente nuevos: la enorme y densa mezcla de pueblos, razas, culturas y gustos que se producen hoy -aunque con muchas diferencias y asimetrías- en todos los continentes, una mezcla posible sólo en la medida en que emergen con mucha fuerza otras filosofías poniendo en crisis la hegemonía del racionalismo occidental; también una fuerte reconfiguración de la relación entre poblaciones y territorios: la mayor parte de la población se aglomera en áreas cada día menores imprimiendo un dinamismo desconocido al mestizaje de culturas y filosofías pues las masas de que hablara Ortega y Gasset a comienzos del siglo XX cobran ahora una nueva cualidad en virtud de su aglomeración y diversificación; y el otro hecho profundamente nuevo, y sobre todo innovador, se halla en la apropiación creciente de las nuevas tecnologías por grupos de los sectores subalternos posibilitándoles una verdadera revancha sociocultural, esto es la construcción de una contrahegemonía a lo largo del mundo.

SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN, CONCEPTO AMBIGUO

Otro de los temas al que se refirió este prolífico investigador latinoamericano fue el de la sociedad de la información, cuyo concepto, dijo, es ambiguo habida cuenta que, por un lado alude a un hecho indudable que es la transformación radical de la idea de información en el sentido de que no se refiere a contenido noticioso sino al conocimiento incorporado a los productos; y de otra parte, a la gran brecha tecnológica entre los países desarrollados y en vía de desarrollo.

Por eso se interrogó: «¿América Latina puede hablar de sociedad del conocimiento cuando somos, primero que todo, sociedades del desconocimiento de saberes y conocimientos que nuestras universidades han sido incapaces de avalar y de legitimar? ¿Cómo hablar de sociedad del conocimiento en América Latina cuando hoy día están deslegitimados los saberes tradicionales, de los millones de desplazados que sobreviven en el continente con saberes que no provienen de la academia sino de la experiencia social, de su creatividad y de la imaginación social?»

EN COLOMBIA SE PASÓ DE LA SEGURIDAD SOCIAL A LA SEGURIDAD DEMOCRÁTICA

Sobre la realidad política y social de Colombia su análisis es contundente: «Después de ocho años de un gobierno agresivo, pendenciero y polarizador como el de Álvaro Uribe se minó la capacidad de los ciudadanos en este país. Eso se afectaba con las falsas encuestas. Colombia estaba hipnotizada y no era por el teflón de Uribe».

Criticó el discurso de posesión presidencial de Juan Manuel Santos de «macondiano y contradictorio», por cuanto «se pasó 20 minutos echándole piropos a Uribe y otros tantos hablando de la desigualdad y la pobreza en la que dejó a Colombia».

«Uribe cambió la Seguridad Social de los colombianos que significaba salud pública y pensiones, por la Seguridad Democrática que es perversa», argumentó.

LOS NOTICIEROS SON VENTRÍLOCUOS DE SUS AMOS

Sobre la monopolización de los medios de comunicación también fue muy crítico y explicó que «lo público es información y deliberación. Lo público es la diferencia entre la homogeneidad del Estado y la heterogeneidad social. Sin embargo, la información en Colombia está monopolizada. Los noticieros en este país son ventrílocuos de sus amos, sólo dos conglomerados económicos son los dueños de la información. Los colombianos se quedan con el país que le cuentan sólo dos canales de televisión que buscan una comunicación para consumidores y no para ciudadanos».

Se lamentó de que los públicos de la política casi no tienen rostro, «y son cada vez más una estadística, ese es un cambio que no produce la televisión sino la sociedad, y que la televisión se limita a catalizar. La fragmentación de la ciudadanía es entonces tomada por el mercado que, mediante el rating, se ofrece a la política como su mediador».

Pero además anota un nuevo fenómeno y es que los nuevos movimientos sociales y las minorías como las etnias y las razas, o las mujeres, los jóvenes y los homosexuales, «demandan no es tanto ser representados sino reconocidos: hacerse visibles socialmente en su diferencia. Lo que da lugar a un modo nuevo de ejercer políticamente sus derechos».

NUEVOS ACTORES EN LA POLÍTICA DE AMÉRICA LATINA

– Usted plantea que lo político se pone en primer plano en este momento, en ese sentido, ¿cuáles son los retos para la política latinoamericana?

– Hay nuevos actores de la política. Han aparecido dos nuevos, de un lado los indígenas y de otro lado las mujeres, que están cambiando la agenda de lo que era hacer política. En términos latinoamericanos esto básicamente replantea ese Estado que ha sido incapaz de hacerse cargo de la diversidad sociocultural de los países. El reto que han hecho evidente los indígenas y las mujeres es el de la diversidad, de la diferencia, de que hay una enorme incapacidad del Estado para asumir no sólo que la sociedad es desigual en términos de economía, sino que es diversa en términos de cultura. Eso replantea lo que nosotros entendíamos como democracia. Lo estamos viendo con una Iglesia en América Latina que tuvo tiempos en los cuales estuvo cerca de la gente pobre, pero ha ido perdiendo eso, ya que es incapaz de entender esa diversidad, sexual, racial, porque le queda muy difícil ya que es un poder homogenizador y monoteísta.

– ¿Y cómo observa en ese sentido el contexto de la política colombiana?

– En términos colombianos, lo que ha pasado en los últimos meses nos muestra que hay, por un lado, una crisis de la representación muy grande, pero que a la vez hay montones de gente que están pidiendo ser actor de la política. Hay una cantidad de gente joven opinando, pensando el país, discutiendo. Yo diría que uno de los primeros retos es que empiezan a emerger como actores de la política, como ciudadanos. Lo otro que creo que es fundamental, tiene que ver con cómo empezamos a nivel local a ligar estos movimientos con la transformación de los partidos políticos. Si nosotros nos seguimos quedando a nivel de los movimientos sociales estamos haciendo un trabajo de fondo, pero la política sigue siendo asaltable, pervertible, por unos grupúsculos y personajes que no representan para nada el país. El tema de la representación es el salto de los movimientos a los partidos. Tenemos que buscar la forma de transformar la noción de partidos políticos de lo que es hoy, unas maquinarias electorales y de corrupción, a ser realmente los ámbitos de las diversas ideologías, de las diversas culturas políticas del país, donde puedan realmente discutir, deliberar y soñar otro país.

– Usted acuñó el término «massmediación». ¿Desde esa perspectiva, pasamos de una democracia a una «mediocracia»?

– Yo diría que para mal y para bien. Lo que tenemos hoy es una hegemonía de los medios privados que le hacen el juego a los partidos pero no dan cabida a los ciudadanos. Hay elecciones y entonces tienen que dar unos tiempos mínimos a los diferentes partidos, es decir juegan a la democracia. Pero la ciudadanía no está ahí. Porque si fuera así la ciudadanía replantearía radicalmente lo que están haciendo los partidos. Esto es completamente negativo porque crea la sensación de que al menos por momentos si somos democráticos. Y digamos que al fin y al cabo esos nueve millones que recogió el actual Presidente los obtuvo por las vías legítimas de la «democracia», pero los límites que esa mediocracia le pone a esa representación son enormes. Yo no creo que los medios privados vayan a cambiar, por el contrario, considero que lo que necesitamos es ir sembrando el país de medios públicos, medios barriales, locales, regionales, y medios que sean capaces de tener una cierta relación con el Estado para poder tener independencia. Los canales regionales hoy tienen muy poco de públicos, tienen algunos programas donde se asoman algunos actores diferentes, la mayoría del tiempo imitando mal y feo lo que hacen los canales privados.

– ¿Estamos ante el discurso de las imágenes y en consecuencia estamos informados de todo pero no nos enteramos de nada?

– Buena parte de esa frase es lo que nos está pasando, pero no por culpa de las imágenes sino por culpa de esa sobreinformación, para la cual la educación no está preparando a los niños. El problema es que para poder manejar esa cantidad de información hay que saber procesarla, lo que significa que los niños aprendan en la escuela que tan importante como leer libros es leer los noticieros de televisión para distinguir entre el noticiero ventrílocuo y el noticiero en el que hay algunas dimensiones del país que sí hacen parte de las necesidades y las esperanzas de los ciudadanos. Pero tenemos un sistema educativo para el que sólo se leen libros y no se aprende a leer la publicidad, no se aprende a leer la televisión, no se aprende a distinguir entre una telenovela turbia y sin ningún tipo de experimentación de lenguaje con una telenovela como la que se hacía cuando teníamos televisión mixta que metía las dimensiones del país y las metía rompiendo el lenguaje de la televisión, innovando. Ahí tenemos un reto muy grande porque el sistema educativo no está formando un ciudadano capaz de ser un público exigente, en todo lo que tiene que ver con conocimiento, con arte.

– ¿Por qué es fundamental el papel de la cultura en la construcción de ciudadanía?

– Porque la gente ve distinto, oye distinto, siente distinto, y si nosotros nos hacemos cargo de esas diversas formas de oír, de esas distintas formas de ver y de sentir no tendremos ninguna posibilidad de interpelarlos y por tanto de ponerlos en términos de ejercicio ciudadano. No sólo en términos de las culturas políticas, sino de las culturas en sus dimensiones estéticas, pero tomando la estética en términos de sensibilidades, de gustos, capacidades y vocaciones.

– ¿A qué hace referencia cuando señala que las tecnologías no son neutras?

– Porque siempre las tecnologías van a depender del uso social. Cuando hablan de brecha digital es como si la brecha la pusiera el sistema digital; no, la brecha la pone la sociedad desigual que es incapaz cada vez menos de hacer incluyente el uso de esa tecnología. Por ejemplo en el caso de Colombia, la manera como se creó Compartel (programa gubernamental de telecomunicaciones sociales), se sembró el país de aparatitos y resulta que a quien no dejaban usarlos era a los únicos que sabían usarlos, que era la gente joven, y entonces como la gente no iba, los políticos se los llevaron para sus casas. Además, acabó sirviendo como si fuera un teléfono para que los políticos hablaran con los políticos de Bogotá. Esto es todo lo contrario de lo que sería Internet, que sería la capacidad de que se pongan a trabajar juntos todos los municipios y hacer formulaciones de sus problemas, de sus demandas, de sus derechos, acá no se tuvo en cuenta para nada a los usuarios.

Fuente: http://www.cronicon.net/paginas/edicanter/ediciones47/nota21.htm