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Uruguay

Lacalle Pou y el péndulo entre China y Estados Unidos

Fuentes: Rebelión / CLAE

América Latina es otro de los escenarios de la disputa entre las dos potencias más poderosas del momento: Estados Unidos y China. La disputa que vienen desarrollando estos dos gigantes, con múltiples facetas y aristas, emerge en esta región de manera comercial hasta el momento. Uruguay no está exento de esta contienda y el gobierno del derchista Luis Lacalle Pou se mueve de manera pendular entre el águila del norte y el tigre asiático.

El canciller Francisco Bustillo se reunió la semana pasada con la subsecretaria de Estado estadounidense, Wendy Sherman, de recorrida por Sudamérica, a quien le  planteó la posibilidad de mejorar las relaciones comerciales con Estados Unidos, para permitir un mayor acceso de los productos uruguayos a ese mercado.

Sostuvo (en el semanario Búsqueda)  que Uruguay puede negociar un acuerdo con China, pero debe cuidar que respete “el orden internacional basado en reglas” y tener presente que el gobierno chino no siempre cumple con los “compromisos” asumidos.

En este sentido, Sherman planteó que la administración Joe Biden tiene plena disposición para ello, en particular dentro del marco del Acuerdo Marco de Comercio e Inversión (TIFA), suscrito entre ambos países en 2008.

De hecho, en agosto de este año, Bustillo había encabezado la novena reunión del Consejo Bilateral del TIFA, la primera desde que Joe Biden es presidente de Estados Unidos, en la que participó el representante comercial adjunto de Estados Unidos para el Hemisferio Occidental. “Uruguay es una economía fuerte, pero hablamos de maneras para profundizar y ampliar nuestras relaciones comerciales”, aseveró, antes de ilustrar que “EEUU es el comprador del 70% de los servicios de informática” uruguayos.

Consultada sobre cómo ve las negociaciones de Uruguay para un tratado de libre comercio con China y el avance del gigante asiático en América Latina, Sherman sostuvo que “todos los países deben explorar todas las opciones que se le presenten, siempre que lo hagan sobre las bases del comercio limpio y transparente”.

Tras su visita a Montevideo, la subsecretaria de Estado es visto como una continuidad en el relacionamiento con los países latinoamericanos, luego del viaje del secretario de Estado Anthony Blinken, quien visitó Colombia y Ecuador en octubre.

Estas visitas se encuadran claramente en una coyuntura donde el predominio de gobiernos de derechas es evidente. De igual manera, la penetración china a través de grandes montos de inversión, que no hace distinción por el signo de gobierno, es algo que tiene en vilo a Estados Unidos.

Mientras tanto, los países empobrecidos de Latinoamérica, ya sea por corrupción, saqueo, fuga de capitales, economías dependientes, o todo eso junto; se rinden ante los capitales que inyecta el gigante asiático para poder maquillar los números de sus economías a la interna.

Al mismo tiempo que mantiene el curso fijo hacia el objetivo de firmar un tratado de libre comercio (TLC) bilateral con China, el gobierno uruguayo decidió que no acompañará la propuesta de rebaja del Arancel Externo Común (AEC) del Mercosur acordada por Brasil y Argentina.

En octubre los cancilleres de Argentina y Brasil anunciaron un acuerdo bilateral para proponer a los demás socios una rebaja de 10% del AEC. Poco después Paraguay expresó su apoyo a la idea. El rechazo a ese paso deja a Uruguay en una posición solitaria. 

En abril el gobierno uruguayo había expresado disposición a apoyar una rebaja del AEC más ambiciosa que la acordada en octubre por los socios grandes del Mercosur y pidió flexibilidad para poder negociar con terceros. Pero después de que no logró que ese planteo de flexibilización prosperara, anunció que intentaría acordar tratados comerciales aun sin el respaldo expreso de los socios del bloque.

En octubre, la Cancillería envió a diversas gremiales un documento con consultas específicas “sobre el eventual impacto” del TLC con China. Son seis preguntas, engtre ellas: “¿Cómo entiende que impactará un acuerdo comercial entre China y Uruguay para el país en general?”; “¿Cómo entiende que el acuerdo impactará en su sector de actividad, particularmente en materia de comercio exterior (exportaciones e importaciones), inversiones y empleo?”.

Se suman a éstas “¿Qué fortalezas y oportunidades conoce o detecta para su sector en el mercado chino?”; “¿Qué políticas públicas habría que implementar para coadyuvar a concretar las oportunidades comerciales identificadas en la pregunta anterior?”; ¿Qué debilidades o amenazas detecta para su sector de un eventual acuerdo entre Uruguay y China?”; “¿Qué políticas públicas recomendaría implementar para mitigar o compensar las debilidades y amenazas detectadas (plazos de desgravaciones, apoyos, etc.)?”.

Según académicos y pequeños empresarios, un acuerdo bilateral pondría en riesgo de 25.000 a 35.000 puestos de trabajo, sin contar posibles daños mayores si las relaciones con el Mercosur empeoran. 

Mientras, cuatro exministros de Economía de distintos partidos políticos aludieron a la cuestión de la inserción externa del país a futuro. En el marco de una charla organizada por la Academia Nacional de Economía, el nacionalista Ignacio de Posadas (1992-1995) habló de ir en general por el camino de “medidas incrementales” porque a su entender no “hay en el país humor para que se planteen reformas de fondo”.

En cuanto a la apertura comercial, opinó que “no es fácil (…), pero es esencial por razones económicas, culturales y políticas”. El colorado Luis Mosca (1995-2000) fue enfatizó la conveniencia de que Uruguay solicite “en el menor tiempo posible” su adhesión al TPP11 (Transpacific Partnership). “En otro momento, en otro contexto del Mercosur, no hubiera sido posible lanzarnos a esta aventura, hoy sí”, alegó Mosca.

Después de reivindicar algunas acciones de los gobiernos frenteamplistas, también en materia de aproximación a China, Álvaro García (2008-2010) señaló: “Lo único que cabe es desearle la mayor suerte posible al gobierno” para llevar a Uruguay lo “más adelante que pueda ir” sin “romper el Mercosur”.

Ricardo Zerbino, otro exministro (1985-1990) e integrante de una de las familias de la oligarquía nacional, apoyó el planteo de Mosca en cuanto a una adhesión al TPP11. Para Uruguay eso “está servido en bandeja. Si no agarramos la masita, a lo mejor la bandeja se va”, afirmó. Además, señaló, Argentina y Brasil también estarían en condiciones de aplicar a la membresía a ese tratado.

Estas cuatro disertaciones no demuestran consenso, ni implican un acuerdo democrático. Deja en claro lo compatibles que son las políticas progresistas con respecto al neoliberalismo y su coincidencia en macroeconomía con los gobiernos de derechas en muchas ocasiones. Es innegable el avance chino y las implicancias que eso conlleva.

Ahora, cuando este TLC arruina la testimonial industria uruguaya, solo beneficia a los agroexportadores y destruirá más de 25.000 empleos, hay consenso de cuatro economistas de distinto signo. No es que hay una coincidencia por el país, es otra batalla más que ganó el neoliberalismo por la sumisión de los países periféricos. 

Nicolás Centurión. Licenciado en Psicología, Universidad de la República, Uruguay. Miembro de la Red Internacional de Cátedras, Instituciones y Personalidades sobre el estudio de la Deuda Pública (RICDP). Analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE).

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.