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Un extractivismo crítico digital militar

Fuentes: Rebelión

En un artículo reciente analizamos las principales características que asume hoy la ofensiva extractivista sobre Nuestra América (Seoane, 2026b). Ciertamente, el modelo extractivo exportador no es nuevo en estas tierras. Tiene una historia larga que se remonta a la conquista y colonización del mal nominado Nuevo Mundo, del oro y la plata de Zacatecas y Potosí extraídos con el genocidio de los pueblos originarios. Luego, los procesos de independencia política del siglo XIX lejos de suponer una ruptura implicaron, bajo nuevas formas, la reproducción del patrón desigual de intercambio y dependencia con el Norte industrializado que tan bien retrató Galeano en sus Venas Abiertas (2021). En estas continuidades, el extractivismo actual supuso otra novedad. Las transformaciones neoliberales al imponer un proceso de mercantilización y regulación pro-mercado, promovieron la extensión de estos procesos a un conjunto más amplio de bienes naturales y profundizaron dramáticamente sus efectos de despojo y destrucción socioambiental.

De este modo, cada ola neoliberal en la región vino acompañada por una acentuación del extractivismo. Desde su gestación con la reprimarización y liberalización económica de la década de los 70, pasando por las contra-reformas legales y privatizaciones de los 90, hasta el boom de los commodities de los años 2000. En el pasado inmediato, el avance de la transición energética en el Norte industrializado promovió la apropiación trasnacional de aquellos bienes naturales necesarios para el desarrollo de las energías renovables. Así, al extractivismo fósil y marrón de las décadas anteriores (megaminería, hidrocarburos, monocultivos, agronegocios) se sumó este extractivismo verde que reproducía similares condiciones de subordinación ahora colocando al Sur como nueva zona de sacrificio para alimentar la transición ecológica en el Norte.

Sin embargo, en los últimos años, el modo bélico –de una guerra global híbrida y fragmentada- que adoptaron las disputas por la transición hegemónica global, intensificado en el segundo gobierno de Trump y las extremas derechas, modificó las relaciones Norte-Sur y las lógicas extractivistas. El proyecto recolonizador estadounidense sobre el llamado hemisferio occidental y la centralidad estatal en el conflicto geopolítico expresó en el terreno internacional la primacía de un bloque de poder caracterizado, ente otras dimensiones, por la fusión entre el complejo industrial militar y las grandes corporaciones tecnológicas digitales, aquellas llamadas Big Tech, GAFAM o los siete magníficos, en referencia a Apple, Amazon, Google, Meta, Microsoft, Palantir, Nvidia, Tesla (González, 2023; Magnani, 2026; Morozov, 2026). Este comando militar digital, central en la disputa estadounidense por la hegemonía global, promueve una nueva ofensiva extractivista con su expresión en la doctrina de seguridad nacional trumpiana (Seoane, 2026a). Así, semanas después de publicitar dicha doctrina, tuvo lugar la primera cumbre de la iniciativa estadounidense bautizada cínicamente Pax Silica (paz del silicio) que, con la participación de representantes de nueve países y de las principales empresas e inversores del sector digital, promovió acuerdos para garantizar el control de las cadenas de suministro de silicio y de su uso, desde el acceso a los minerales e insumos hasta el proceso de fabricación de los semicondutores y la infraestructura y logística requerida para el desarrollo de la inteligencia artificial (IA).

En este sentido, el objetivo de este extractivismo digital militar se concentra, entre otros bienes[1], en asegurar el acceso a los llamados minerales críticos. La denominación de “críticos” no refiere a ninguna propiedad o esencia que posean estos bienes, sino al lugar que ocupan en la estrategia productiva y geopolítica de los países que así los llaman. Sobre ello, por ejemplo, el Servicio Geológico de los EE.UU. (USGS) definió bajo ese nombre a una conjunto de 50 minerales en 2022, mientras que en 2025 esa cantidad había crecido a 60 (USGS, 2022 y 2025)[2]. De modo similar, la Comisión de la Unión Europea revisa cada tres años la lista de las materias primas fundamentales; y en su primera selección en 2011 identificó 14 bienes naturales mientras que en 2026 ese número se elevó a 34 (Comisión Europea, 2020; Consejo Europeo, 2026). Como lo señalan esos documentos oficiales, se trata de aquellos minerales considerados esenciales para la actividad económica y la seguridad nacional y cuya cadena global de suministros puede resultar inestable, volátil o estar bajo amenaza, particularmente en referencia a los que se importan y su aprovisionamiento está atravesado por las disputas o competencias geopolíticas. Abarca así a un conjunto de bienes indispensables para un modelo de transición energética, de desarrollos tecnodigitales y de industria militar y de defensa. Los llamados minerales críticos no son una categoría natural sino una construcción social y temporal, ciertamente atravesada por los antagonismos y contradicciones sociales. El agua y la tierra valen más que el oro, el cobre y el litio afirman las comunidades afectadas por el extractivismo, su lista crítica resulta muy diferente y más, o en todo caso, igualmente legítima. Los movimientos populares y el hacer-pensar transformador tienen y pueden plantear su propia lista de bienes naturales críticos para la vida que deben ser comunes.

Un fetichismo similar acontece con la denominación de tierras raras tan mencionadas hoy en estas disputas geopolíticas. El término en realidad no refiere ni a las tierras ni a su rareza. Por ese nombre se hace referencia a 17 elementos químicos metálicos que abarcan al  escandio, el itrio y otros 15 elementos del grupo de los lantánidos (lantano, cerio, praseodimio, neodimio, prometio, samario, europio, gadolinio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio y lutecio) y que son fundamentales, en particular, para la fabricación de los imanes permanentes utilizados en la electrónica, los vehículos eléctricos, las turbinas eólicas, los televisores, los teléfonos móviles y otros dispositivos digitales. Dichos elementos no son raros, de hecho se encuentran en cantidades relativamente abundantes y son bastante comunes en la corteza terrestre. En realidad, la denominación de “raras” se refiere a la dificultad que implica su extracción y la complejidad de su procesamiento. Una vez más, es su carácter socioproductivo el que es proyectado como característica del bien.

La agresividad imperial que asume este extractivismo digital-militar sobre Nuestra América por parte de los EE.UU. expresa así sus carencias y vulnerabilidades en el acceso a estos bienes; por ejemplo, con su dependencia de la importación de las mal llamadas tierras raras cuya producción global está controlada en casi un 90% por China; su escasa disponibilidad de cobalto del que extrae aproximadamente solo el 10%; su baja producción de litio aunque con reservas potenciales recientemente descubiertas; o la importación de un tercio del cobre que consume.

Por contraparte, América Latina y el Caribe dispone de enormes reservas de materias primas a nivel mundial, tanto de minerales tradicionales y energías fósiles como de aquellas estratégicas para la transición ecosocial y la innovación tecno-productiva digital y militar. En sus fronteras, se encuentran grandes yacimientos de hidrocarburos convencionales, especialmente en Venezuela hoy bajo el golpe imperial, y no convencionales, particularmente en Argentina; y de oro,  destacándose Venezuela,  Brasil y México; y plata, con Perú con los mayores depósitos a nivel mundial. Pero también se destaca en los minerales críticos con Bolivia, Argentina y Chile con las principales reservas de litio detectadas a nivel global. Chile y Perú en el primer y tercer lugar mundial en la disposición de cobre. Brasil con la tercera reserva mundial de níquel y de tierras raras. Cuba con sus reservas de cobalto y níquel entre las diez más importantes. Y los yacimientos significativos de tierras raras en los estados mexicanos de Sonora, Oaxaca y Coahuila. Asimismo, la región dispone de aproximadamente un tercio de las reservas de agua dulce del mundo y amplios territorios capaces de ser fuente de energía hidráulica, solar y eólica.

Ello transforma a nuestra región en uno de los centros de la agresión imperialista y de las estrategias de los centros industrializados. En 2014, la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) declaró, frente a las amenazas imperiales, a la región como zona de paz. Hoy afrontar la dinámica de guerra y recolonización plantea el desafío regional de la construcción popular de una soberanía capaz de promover una transición ecosocial post-extractivista.

Bibliografía

Consejo Europeo (2026). Reglamento de Materias Primas Fundamentales. https://www.consilium.europa.eu/es/infographics/critical-raw-materials/

Comisión Europea (2020). Resiliencia de las materias primas fundamentales (Bruselas: CE)

Galeano, Eduardo (2021). Las venas abiertas de América Latina (Buenos Aires: Siglo XXI)

Gonzalez, Roberto (2023). La militarización de las grandes empresas tecnológicas El auge de la industria de defensa de Silicon Valley. Portal TNI. https://www.tni.org/es/art%C3%ADculo/la-militarizacion-de-las-grandes-empresas-tecnologicas

Magnani, Esteban (2026). ¿Quién es Alex Karp, el CEO de Palantir? Portal Página 12. https://www.pagina12.com.ar/2026/02/01/quien-es-alex-karp-el-ceo-de-palantir/

Morozov, Evgeny (2026). Pax Silica. Cuando el imperio deja de fingir. En Revista ALAI N° 559. https://www.alai.info/wp-content/uploads/2026/02/ALenMovimiento_559_febrero2025_V2.pdf

Seoane, José (2026a) A 50 años del golpe, una nueva doctrina de seguridad nacional. https://www.resumenlatinoamericano.org/2026/03/21/argentina-a-50-anos-del-golpe-una-nueva-doctrina-de-seguridad-nacional/

Seoane, José (2026b) Una nueva ofensiva extractivista sobre Nuestra América. https://rebelion.org/una-nueva-ofensiva-extractivista-sobre-nuestra-america/

USGS (2022). U.S. geological survey release 2022 list of critical minerals.  https://www.usgs.gov/news/national-news-release/us-geological-survey-releases-2022-list-critical-minerals

USGS (2025). 2025 List of Critical Minerals. https://www.usgs.gov/media/images/2025-list-critical-minerals

Notas:

[1] Entre estos otros, los más relevantes son los hidrocarburos, como lo señala explícitamente la nueva doctrina de seguridad nacional (el Corolario Trump a la Doctrina Monroe), la intervención militar imperialista en Venezuela y la guerra contra Irán.

[2] Por ejemplo, la lista de los 60 minerales críticos definida por el USGG en 2025 abarca al: aluminio – bauxita (utilizado en casi todos los sectores industriales), antimonio (retardante de llama y baterías), arsénico (semiconductores), barita (industria de petróleo y gas), berilio (aeroespacial y defensa), bismuto (aplicaciones médicas y aleaciones), boro (fibra de vidrio), carbón metalúrgico (acero), cerio (tierras raras, catalizadores automotrices), cesio (investigación y desarrollo), cromo (acero inoxidable), cromo (fabricación de acero inoxidable), cobalto (baterías de vehículos eléctricos), cobre (cableado eléctrico), dysprosium (tierras raras, imanes), erbium (tierras raras, imanes), estaño (soldaduras), europium (tierras raras, imanes), flúor – fluorita (fabricación de acero y aluminio), gadolinium (tierras raras, resonancias magnéticas), galio (chips semiconductores y paneles solares), germanio (fibra óptica y visión nocturna), grafito (ánodos de baterías de VE), hafnio (barras de control nuclear), holmio (tierras raras, imanes), indio (pantallas planas LCD/LED), iridio (bujías y catalizadores), iterbio (tierras raras, tecnología cuántica), itrio (tierras raras, electrónica), lantano (baterías y catalizadores), litio (baterías de alto rendimiento), lutecio (tierras raras, medicina nuclear), magnesio (aleaciones ligeras), manganeso (producción de acero y baterías), neodimio (tierras raras, vehículos eléctricos y turbinas eólicas), niobio (aceros de alta resistencia), níquel (baterías y acero inoxidable), paladio (convertidores catalíticos), plata (electrónica, paneles solares, baterías), platino (catalizadores), potasa (fertilizantes), potasio (fertilizantes), plomo (municiones y blindajes), praseodimio (tierras raras, motor de aviones), renio (super aleaciones para motores a reacción), rubidio (componentes electrónicos), rutenio (electrónica), samario (tierras raras, imanes), escandio (aleaciones de aluminio), silicio (electrónica, procesadores), tantalio (componentes electrónicos), telurio (paneles solares), terbio (tierras raras, LEDs e imanes), titanio (aeroespacial y pigmentos), tulio (tierras raras, laser), tungsteno (defensa), uranio (energía y defensa), vanadio (almacenamiento de energía), zirconio (cerámicas y reactores nucleares), zinc (galvanizados). 

José Seoane. Sociólogo y profesor de la Fac. de Ciencias Sociales, UBA. Investigador del Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe (IEALC) de dicha Facultad.

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