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Costa Rica

Apuntes para una interpretación de los resultados de la campaña

Fuentes: Revista Amauta

«Dedico estas líneas al Dr. Alfonso Mata Jiménez, caballero de la ciencia, la docencia y la cultura; pionero del conservacionismo y amigo entrañable» Recuerdo un amigo decir que «después de la guerra todos somos generales». En efecto, resulta mucho más sencillo darle una explicación a los acontecimientos que ya ocurrieron, que interpretar o describir distintos […]

«Dedico estas líneas al Dr. Alfonso Mata Jiménez, caballero de la ciencia, la docencia y la cultura; pionero del conservacionismo y amigo entrañable»

Recuerdo un amigo decir que «después de la guerra todos somos generales». En efecto, resulta mucho más sencillo darle una explicación a los acontecimientos que ya ocurrieron, que interpretar o describir distintos escenarios, aún antes de que determinados hechos ocurran. Sin embargo, creo que no erramos en el examen objetivo de los hechos que preludiaron el actual proceso electoral. La derrota de los Arias era previsible.

Muchos esperábamos una derrota electoral del PLN basados en hechos concretos e inobjetables, entre los que podemos citar los siguientes:

1- la lucha contra el TLC desarrolló uno de los movimientos sociales más importantes y masivos de la historia nacional. Nace por primera vez en Costa Rica, un movimiento patriótico de masas, que se articula y organiza en los llamados Comités Patrióticos, en buena parte de los movimientos sociales como sindicatos, asociaciones comunales, iglesias y grupos estudiantiles. Esa lucha conmovió de arriba abajo la conciencia cívica de los costarricenses, al que se sumaron hombres y mujeres provenientes de los más distintos estratos y clases sociales. Fue una lucha contra el entreguismo y la venta pura y simple de la Patria, a las fuerzas económicas que controlan la globalización capitalista de nuestro tiempo. Pero conciencia cívica no es conciencia de clase.

2- La batalla en defensa de la soberanía nacional y contra el TLC, provocó el aislamiento de la camarilla gobernante y puso de manifiesto el verdadero carácter de los distintos poderes del Estado, Poder Legislativo, Poder Judicial, Contraloría General de la República, Instituciones Descentralizadas y Tribunal Supremo de Elecciones, como órganos subordinados al régimen arista. Más allá de la mera subordinación, la Asamblea Legislativa quedó convertida en un antro, desde donde se fraguaron innumerables tropelías. Aparece el famoso memorándum del miedo, convertido en «un verdadero manual para delinquir», para emplear la afortunada calificación de José Miguel Corrales, junto a avionetazos, sobornos de decenas de millones y aprobación de leyes impías.

Como era de esperarse, esa subordinación no llega a un buen número, desgraciadamente minoritario, de diputados y magistrados patriotas y honrados. Pero el Estado como tal, no modificó su naturaleza. El Estado continuó siendo el Estado.

3- En distintos lugares del país, como en la Región Norte debido a la concesión minera de Crucitas, la entrega de las fuentes de agua a los inversionistas inmobiliarios como en el caso de Sardinal, las comunidades se movilizaron en defensa de sus derechos y en clara confrontación con el régimen arista.

4- La corrupción galopante, reflejada en la insoportable vinculación del poder político con los negocios financieros y mercantiles privados, se ha convertido en un hecho cotidiano. Esta se traduce en las ventajas concedidas a los banqueros y exportadores, o en las concesiones de obras y servicios públicos para beneficiar a inversionistas privados. La llamada «concesión de obras públicas» en muelles, carreteras o aeropuertos, está concebida como un negocio privado en el que participan, en calidad de socios menores, capitalistas locales estrechamente vinculados al gobierno.

5- La polarización social y el aumento de la pobreza, la desigualdad en la distribución del ingreso y las diferencias de clases sociales, alcanzan niveles nunca vistos. Las estadísticas oficiales señalan la existencia de 1 millón de pobres, junto a la pobreza que aumenta a ritmos muy superiores al resto de casi toda América Latina. Asimismo, el crecimiento de las diferencias entre ricos y pobres en Costa Rica, establece un verdadero récord en Centroamérica.

6- El arismo, como expresión política de la nueva oligarquía, impulsa la destrucción del Estado Social de Derecho y de Servicio Público, construido gracias al proyecto reformista de la segunda mitad del siglo XX. La erosión o liquidación del sector público resulta dramática. Todo lo que constituye un buen negocio se vende y el resto de la institucionalidad sufre un sistemático abandono. Así tenemos

• al Instituto Costarricense de Electricidad, ICE, con la privatización de las telecomunicaciones y la producción de energía;

• a la Caja del Seguro Social, CCSS, y su correspondiente sistema hospitalario, amenazado de sufrir un colapso, mientras crece la medicina privada, selectiva y de lujo;

• al deterioro creciente de la enseñanza pública, junto al abandono de los derechos de los educadores;

• una verdadera crisis en A y A y paralelamente, las fuentes de agua en peligro de privatización;

• El INS, que cede su monopolio e incrementa los oscuros negocios de los reaseguros.

• la minería de rapiña, que apenas comienza, con la plena complacencia del gobierno;

• un sistema bancario y financiero estatal, al margen de un proyecto nacional de desarrollo, del fortalecimiento del empresariado local y de la producción alimentaria;

• la completa apropiación de los litorales con potencial turístico, por parte de corporaciones y grandes inversionistas y, finalmente,

• el saqueo silencioso pero sistemático de la biodiversidad.

7- El ejercicio de una prensa independiente y crítica, se coloca en un horizonte cada vez más lejano. La nueva oligarquía, con el arismo que funciona como su ariete más importante, han decidido poner a su servicio a los principales medios de comunicación y prácticamente ninguno de los más importantes, escapa a su control.

Este esmerado pero eficiente manejo del espectro ideológico, está llamado a jugar un papel cada vez más destacado en el control político de la población al que, desgraciadamente, se suma un importante sector de las estructuras eclesiásticas, donde despunta un verdadero sicariato espiritual de algunos pastores, sacerdotes e incluso obispos.

Estos hechos, con excepción del último, permitían suponer una airada reacción ética y cívica del pueblo costarricense y un castigo electoral a los propiciadores de esta situación. Pero las cosas ocurrieron de otra manera. Es legítimo preguntarnos por las razones. Las razones de la derrota

Hemos adelantado algunas razones, pero sin caer en especulación, elementos objetivos pueden ser mostrados como causas de la derrota electoral.

1- Las irregularidades e incluso el fraude, no pueden ser descartados a priori. Existen serias denuncias y hechos que no permiten afirmar que estemos ante un proceso limpio. La cantidad de votos obtenidos por la candidata oficial, no es suficiente argumento para un reconocimiento precipitado de su triunfo. Lo dijimos antes y lo repetimos ahora: estamos en manos de un Tribunal electoral básicamente controlado por el grupo gobernante y sus acciones deben ser examinadas escrupulosamente. En segundo lugar, recordemos que el PRI de México, obtuvo de manera inobjetable, mayorías aplastantes en las elecciones, lo cual no le impedía a los auténticos demócratas de México, hablar de fraude, porque era el fraude de una maquinaria afinada y eficiente, que montaba todo el entramado mucho antes de que la gente fuera a las urnas. Igual ocurre en Costa Rica.

En nuestro pequeño país, ha llegado el momento de comenzar a hablar de «fraude mediático». Quien tenga la menor duda, simplemente puede comparar las cifras descomunales invertidas en el proceso, por el PLN y los libertarios.

2- la forma en que dejamos pasar la unidad patriótica que se forjó con motivo del referéndum y la lucha contra el TLC, está en la raíz de los resultados. Aunque lo hemos expresado en otros documentos, repetimos que con independencia de su magnitud, aquel movimiento de unidad padecía la paradoja de la desunión. El pueblo estaba unido pero a la vez desunido. El objetivo cardinal de votar NO en el Referéndum, galvanizaba la voluntad colectiva, pero el movimiento en su conjunto padecía de un dramático vacío de conducción. Algunos mequetrefes, que todavía hoy se esfuerzan en enrarecer el clima de unidad, levantaban la bandera de «la no dirección» e incluso de «la no coordinación del movimiento», condenaban cualquier forma o expresión de liderazgo y, por supuesto, convertían en un crimen los llamados a «la participación electoral».

3- En general, hubo una clara incomprensión sobre la naturaleza política e ideológica de aquel movimiento, eminentemente heterogéneo y pluralista. Aunque sería abusivo denominarlo como un movimiento de «izquierda», el señalamiento de las corporaciones «made in USA» como el enemigo principal de la soberanía nacional, lo convertían, objetivamente, en una fuerza patriótica y antiimperialista.

No tenemos ninguna duda de que la unidad electoral de todas las fuerzas políticas y sociales de signo patriótico, desde el momento mismo de la llamada «derrota» del referéndum, habría provocado un hecho político con sobrada capacidad para vencer al filibusterismo local y foráneo.

Con la tardanza por consolidar esa tarea unitaria, se le dio al enemigo todo el tiempo del mundo para multiplicar su capacidad de organización, engaño, manipulación y manejo inescrupulosos de los medios. Cuando la alianza se realizó, las fuerzas anexionistas tenían más de un año de gastar decenas de millones en la tarea de bombardear al pueblo con las promesas más insólitas. En relación con las promesas es necesario decir que, durante los momentos de agudas crisis como la actual, en que los grupos sociales más afectados piden a gritos una luz de esperanza, muchas personas, sobre todo los grupos desclasados y paradójicamente, los más humildes, toman las promesas como hechos cumplidos. Tanto el PLN como los libertarios, trabajaron activamente entre estos sectores sumidos en la miseria y la desesperanza. Entre estos segmentos de la población, no existen conceptos o criterios sobre el significado de la defensa de la patria, el valor de proyectos sociales alternativos, la defensa del estado social de derecho y de servicio público y menos aún el concepto de los enemigos de clase.

4- El concepto del patriotismo, elevado a un rango superior durante el referéndum, no se incorporó a la campaña con su sentido de solidaridad social y defensa de los valores e instituciones humanistas del pueblo costarricense. Este sentido del patriotismo, ha irrumpido entre nosotros para expresar la capacidad del pueblo costarricense para marchar unido en pos de la construcción de una sociedad más justa y solidaria. El concepto de patriotismo, así entendido, aparece como una propuesta pluralista y con capacidad para sumar a amplios sectores y clases sociales, en el objetivo común de defender lo nuestro. Así se comprueba una vez más, que es la realidad objetiva la que nos obliga a ajustar las calificaciones o los apelativos políticos y no la realidad la que debe ajustarse a las definiciones.

5- En el movimiento patriótico, principalmente durante el referéndum, había algunos «representantes», pero no había conductores, en el mejor sentido de la palabra, ni existía un verdadero «Programa Patriótico» que aglutinara a todo el movimiento y le diera continuidad más allá de cualquier resultado electoral. Existió de hecho, una dirección en la sombra, que tomaba decisiones trascendentales sin consultar con nadie. Es claro que hubo, en la lucha contra el TLC y más acá, un programa implícito, pero no existió la fuerza política capaz de convertirlo en la argamasa del movimiento y en el objetivo político que era necesario alcanzar, aún en el caso de que se perdiera el Referéndum.

Sin embargo y de manera muy tardía, pero gracias a la iniciativa unitaria, son el PAC y su principal dirigente, el Lic. Otton Solís, quienes aparecen objetivamente, como la fuerza de signo patriótico mejor ubicada para convertirse, en el partido desde el cual era necesario intentar las tareas unitarias y la lucha común contra nuestros enemigos. Además, en muchos aspectos, el programa del PAC contiene formulaciones sumamente valiosas, aunque está pendiente la redacción del Programa Común incorporado a los compromisos del Acuerdo de Honor.

Así llegamos a los albores del proceso electoral y por razones que explicamos en otro momento, fue imposible articular una fuerza política que representara al movimiento patriótico en su conjunto. El grupo de pensamiento que envió la excitativa a la unidad a principios de Setiembre pasado, puso en blanco y negro un magnífico borrador de programa que fue desatendido junto a la propuesta. Tampoco pretendimos que esa unidad fuera estrictamente la de los militantes del NO, pues hemos sido conscientes de que existen enormes reservas patrióticas, éticas e incluso progresistas, entre muchos ciudadanos que se inclinaron por la aprobación del TLC. Pero esa es otra historia.

De igual modo, en algún momento será necesario encarar, con verdadero espíritu autocrítico, la inflexibilidad y reticencia del propio PAC, del Frente Amplio, el PASE y otros, a empeñar sus esfuerzos en un serio trabajo unitario. Ahora queda claro que el esfuerzo no era por una curul, sino por darles a las grandes mayorías, el sentimiento y la conciencia de un impostergable deber con la Patria.

Una coalición de hecho y un Acuerdo de Honor

A pesar de haber fracasado en el esfuerzo por sumar electoralmente y cuando aun había tiempo legal, a todos los partidos y fuerzas con suficiente capacidad para empeñarse en la complicada tarea de sacar a los Arias del poder, un grupo de compañeros y compañeras del movimiento social y otros, se dieron a la tarea de provocar una coalición de partidos, a pesar de que el cronograma establecidas por el Código Electoral, había concluido. Sería, por lo tanto, una coalición de hecho.

Así, a pocas semanas del día de las elecciones, renunciaron expresamente a su postulación, los candidatos presidenciales de los Partidos Integración Nacional, PIN, el Dr. Walter Muñoz y del Partido Alianza Patriótica, el Dr. Rolando Araya. Junto a su renuncia, llamaron a votar por el Lic. Ottón Solís, candidato presidencial del Partido Acción Ciudadana, PAC. El problema no se planteaba en términos de triunfo electoral, aunque era deseable, sino en términos de cumplir con una responsabilidad histórica.

El Partido Acción Ciudadana y su candidato, don Otto Solís, acogieron con beneplácito la iniciativa y suscribieron, sin ninguna reticencia, el documento que presentamos y que titulamos «Un Acuerdo de Honor».

Entre otros aspectos, el acuerdo rubricado señalaba: (cita textual)

• Este acuerdo, suscrito por los candidatos presidenciales de nuestros tres partidos, es el resultado del anhelo común de los más amplios sectores sociales de Costa Rica. Sólo la unidad nacional conduce a los pueblos a la conquista de sus metas históricas.

• Unidad nacional es la que nos urge hoy, para defender la Patria de la agresión neoliberal, la corrupción y la venta indiscriminada del patrimonio natural y humano de Costa Rica…Esta unidad la realizamos bajo la égida de los grandes constructores de la Costa Rica actual: Monseñor Víctor Sanabria, Manuel Mora Valverde, Rafael Ángel Calderón Guardia y José Figueres Ferrer.

• Una acción política fundada en la ética y el respeto mutuo, nos obliga a plasmar en un documento los aspectos político-electorales a que nos comprometemos, como un verdadero «compromiso de honor», ya que no puede ser rubricado ante el Tribunal Supremo de Elecciones… Este llamado constituye un acuerdo político absolutamente honorable y diáfano, pactados a la luz pública y presentado así ante la ciudadanía.

Nos comprometemos a:

• Señalar como objetivo central y prioritario, obtener un triunfo electoral en las próximas elecciones y conquistar la Presidencia de la República para el Lic. Ottón Solís Fallas, quien fungirá como candidato presidencial en representación de nuestras organizaciones políticas.

• El candidato presidencial deberá declarar en su propaganda y en las actividades como foros, conversatorios, debates, entrevistas, giras etc., que representa con orgullo, no solamente a su partido de origen, sino a los otros partidos que firmen este acuerdo.

• Para confirmar esta voluntad unitaria, será integrada una coordinación política constituida por representantes de los tres partidos.

• Los candidatos han decidido suscribir un programa mínimo común, fundado en los valores del patriotismo, la solidaridad, el pluralismo, el espíritu de colaboración y apoyo mutuo entre las naciones, la justicia social, la lucha contra la pobreza y la desigualdad, la defensa de los agricultores y el autoabastecimiento alimentario y las conquistas y los valores sociales del pueblo costarricense. El programa impulsará la constitución de un pacto social de largo alcance y recogerá, los aspectos importantes y coincidentes de los programas partidarios de gobierno e incluirá los 10 puntos propuestos por los grupos sociales que promovieron el acuerdo y que se incluyen en un anexo como parte de este documento.

• Las características propias de la propuesta conjunta de un «Gobierno De Unidad Nacional», será presentado oportunamente a la ciudadanía.

• Además de los dirigentes y candidatos de los partidos, deberá sumarse a este esfuerzo por Costa Rica, a un número muy importante de personalidades destacadas, hombres y mujeres de la vida nacional.

El tiempo fue extremadamente breve para persuadir a importantes grupos sociales, de lo que estaba en juego. Varios meses de intensa campaña publicitaria, de una implacable saturación de imágenes y consignas de parte del gobierno, del PLN y los libertarios, impedían revertir, de manera radical, el proceso de intoxicación y enajenación, introducido entre grandes masas sociales, por la propaganda multimillonaria de la derecha. Para alivio de males, al PAC le fueron suspendidos los aportes de dinero por parte de los bancos, lo que lo mantuvo, en el momento crucial del acuerdo, sin los recursos indispensables para dar a conocer sus alcances. El argumento de los bancos para no aportar nuevos fondos, está basado en un argumento revelador, pues se refería a la ubicación del partido en las encuestas electorales que realizaban cuatro empresas encuestadoras, cuya mayoría está umbilicalmente vinculada al periódico La Nación. En dos palabras, cuatro empresas privadas, sin más antecedente que una encuesta, deciden quien es un partido grande, mediano o minúsculo e incluso cuáles de ellos ni siquiera merecen existir. En una burla como esta ha terminado el financiamiento estatal a los partidos políticos.

Ya habrá tiempo de cuantificar la descomunal cifra de recursos económicos que la oligarquía centroamericana y otras fuerzas aun más dudosas, aportaron a esta campaña, para que Costa Rica continúe siendo el lugar seguro, tranquilo y manejable que requieren sus fabulosas inversiones locales.

Presencia de la gran oligarquía centroamericana

Sobre la presencia de la gran oligarquía centroamericana en Costa Rica, diremos unas pocas palabras. Sus grandes inversiones aquí, la convierte en un factor decisivo de la política doméstica. La razón es simple. En efecto, «la política es la economía concentrada», como justamente afirmaba Lenin. La política es sinónimo de poder y del poder se derivan todas las decisiones fundamentales en una economía. Para salvaguardar sus intereses y acrecentar su riqueza, la oligarquía de Centroamérica afincada en Costa Rica, necesita ser un factor decisivo de la política local.

Pero además, esta gran oligarquía de Centroamérica, ahora con enormes intereses en Costa Rica, no es una clase dominante cualquiera. Se trata de una oligarquía ferozmente represiva, históricamente acostumbrada a lanzar sus ejércitos contra el pueblo, a reprimir, encarcelar, torturar y asesinar a centenares de dirigentes campesinos, laborales, estudiantes e intelectuales, la misma que asesinó salvajemente a Monseñor Romero o a los padres jesuitas de El Salvador. Es la oligarquía fundadora de «La Banda del Rey», La Mano Blanca» y otros grupos de igual calaña. Se trata pues, de una oligarquía con sus manos empapadas en sangre ¿Cómo podemos suponer que no traerán esos métodos cuando el movimiento social y popular haga peligrar sus negocios y beneficios?

Pero no solamente la oligarquía regional tiene un particular interés en Costa Rica, sino el sector financiero, político y militar de los Estados Unidos. Costa Rica es una llave dorada que abre el acceso a los dos océanos históricos y al Caribe. Está en el centro de la cuenca petrolera más importante del continente y su histórica supeditación a la política hegemonista del imperio, es proverbial.

Quedamos obligados a desentrañar, pormenorizadamente, el control decisivo que estos grupos de poder ejercen sobre la política nacional, sobre el financiamiento de partidos, el mercado de influencias con la compra pura y simple de altos funcionarios, jueces, periodistas, diputados o medios de comunicación, al extremo de que poco a poco se confirma la posibilidad de hablar, en Costa Rica, de nuevos mecanismos de fraude electoral, fundados en el control de algunas instituciones clave, del dinero y de los medios.

Un acuerdo de largo aliento

Aún así, nosotros consideramos que el Acuerdo de Honor, consistió en un consenso de largo aliento y no en un simple documento electorero. Es un documento que fue capaz de darle vida a un esfuerzo unitario en los últimos 22 días de la campaña.

La justa consigna propuesta por Rolando Araya de «pueblo contra millones», tiene un extraordinario valor estratégico. Esta consigna tiene mar de fondo, porque ha introducido, tanto en la campaña como en las tareas que nos aguardan, un elemento ideológico de trascendental importancia. En esa consigna se encuentra la propuesta fundamental, de que Costa Rica no le pertenece a los grandes capitalistas foráneos y locales, sino a los costarricenses. Y éste continúa como el factor fundamental de nuestra lucha. Preguntamos ¿De quien es Costa Rica? ¿Es de los ciudadanos, de los trabajadores manuales e intelectuales, de los agricultores y los empresarios patriotas, de los empleados de los servicios, de todos aquellos de cuyo esfuerzo depende la producción de la riqueza nacional, en cuyas manos reposa el destino de la Patria, el fortalecimiento de sus conquistas democráticas y el desarrollo de nuevas y trascendentales reformas en beneficio del pueblo, o de los dueños de la plata? La respuesta es obvia.

Vemos como la exposición pública de aquel acto de incomparable patriotismo y desprendimiento de parte de los candidatos renunciantes, no pudo calar suficientemente en el electorado, porque no hubo ni tiempo ni recursos para darlo a conocer y mostrar su trascendencia.

No hubo tiempo para explicarlo y para demostrar el giro trascendental que significaba para la Patria, la elección de un ciudadano con sólidas condiciones intelectuales y éticas y con él, la construcción de ese Gobierno de Unidad Nacional planteado en el acuerdo.

Los efectos de la alianza

La nueva alianza del PIN, AP y el PAC, provocó una importante reactivación del movimiento progresista al interior y fuera del PAC, tal como lo ha reconocido el propio candidato libertario Otto Guevara, quien afirmó que su paso al tercer puesto de elección, se debió a la alianza forjada por los tres partidos. El esfuerzo, en efecto, proyectó al PAC al segundo lugar de la contienda, pero no hubo tiempo ni recursos para proyectarlo hasta el primero. El «daño» a la conciencia crítica de los electores ya estaba hecho; habían cundido la enajenación y el desconcierto; las maquinaciones fraudulentas se habían articulado y era muy difícil volver atrás.

La coalición de hecho fue un acontecimiento de extraordinaria importancia, pero fue un logro tardío. La unidad de las fuerzas sociales progresistas y transformadoras, es el requisito sin el cual los pueblos no se levantan hasta niveles superiores de conciencia. Sólo desde allí, desde la unidad, rompen con su pasado de sumisión y sometimiento a la vieja politiquería y se atreven a intentar proyectos con los que toman en sus manos el destino de la Patria.

Los cambios operados en las fuerzas aliadas y las nuevas tareas unitarias

Como dijimos antes, altos personeros del PAC estuvieron entre los principales promotores de la idea de la coalición de hecho, junto a otros compañeros y compañeras que los acompañaron con entusiasmo en esa tarea. Fue, sin duda alguna, una iniciativa correcta, pues el propósito era sumar fuerzas en torno al candidato mejor colocado en la lucha contra el continuismo de la nueva oligarquía gobernante en Costa Rica.

No fue, de ninguna manera, un acuerdo de cúpulas sino un acuerdo que interpretaba a cabalidad los sentimientos de enormes sectores sociales que habían aquilatado, desde mucho tiempo antes, el significado social y político que tenía derrotar a la camarilla gobernante y sus aliados. Fue y continúa siendo, un acuerdo de largo alcance.

Pero han comenzado a aparecer entre algunos dirigentes del PAC, propuestas de signo diferente. Algunos de sus voceros han sido ganados por el oportunismo, el sectarismo y el inmediatismo o la chatez pura y simple, cuando afirman que el «Acuerdo de Honor» concluyó con las elecciones. Otros, mucho más honrados y lúcidos, insisten en que los acuerdos unitarios deben continuar, ganar nuevas fuerzas y sectores sociales, alcanzar mecanismos y compromisos más sólidos, construir una formidable maquinaria que renueve la organización y la conciencia política de miles de conciudadanos y avanzar a paso firme hacia la conquista del gobierno.

Sin embargo, no podemos olvidar las reiteradas negativas que en el pasado manifestaron algunos de los partidos de signo patriótico, para facilitar una unidad electoral. Sin embargo, a pesar de las dificultades señaladas, en esta última oportunidad los protagonistas de la alianza cumplieron con su deber. Todos manifestaron, en la medida de lo posible, su alto grado de compromiso con la alianza y algunos de nosotros fuimos testigos del alto grado de solidaridad y confianza que se forjó entre los principales responsables de la tarea.

El PAC cumplió satisfactoriamente y en la medida de sus posibilidades, el «Acuerdo de Honor». Hubo fallas, por supuesto. El propio Ottón Solís, sumergido desde hacía varios meses y aún por años, en sus declaraciones en nombre del PAC, olvidaba en ocasiones, dimensionar la presencia de los tres partidos. Pero realizó un esfuerzo honorable. En general, es necesario recalcarlo, los militantes y dirigentes del PAC, incluido el candidato y a todos los niveles, mantuvieron invariablemente una actitud acogedora y fraterna y sin ninguna mezquindad, actuaron como parte de un esfuerzo común.

¿Fue la alianza un fracaso? Y en todo caso ¿Qué sigue?

El fracaso estrictamente electoral, no constituye una excusa para nadie, ni para reclamar ahora que mejor hubiera sido no intentar la unidad, ni para argumentar que tuvieron razón quienes no se sumaron a él. O como alguien dijo por allí, de manera sentenciosa, que se había demostrado que esa unidad no iba para ninguna parte. Habrá que verlo. El Frente Amplio eligió un excelente Diputado, el Lic. José María Villalta, quien está llamado a depararnos a los patriotas grandes satisfacciones. Pero su partido fue incapaz de realizar el sacrificio elemental, si a eso se le puede llamar sacrificio, de sacar a Trejos de la candidatura presidencial y sumarlo a un loable tarea unitaria. En todo caso, el Frente Amplio constituye un contingente de enorme valor que, junto a otros partidos y fuerzas provenientes del movimiento social, deben ser incorporados al trabajo unitario.

Ese esfuerzo debe continuar y de ahora en adelante, cada quién está obligado a argumentar, con precisión y racionalidad, su manera de actuar. Porque desde ahora proclamamos nuestra voluntad de continuar el esfuerzo unitario, hasta lograrlo. Porque no hay otro camino que la unidad de todas las fuerzas de signo patriótico y la tarea fundamental continúa siendo el triunfo del movimiento patriótico y la derrota social y cívica del proyecto anexionista, filibustero y corrupto.

En este sentido, no existe ninguna razón para suponer que el Acuerdo de Honor ha dejado de existir, simplemente porque las elecciones ya se produjeron. Todo lo contrario. Es un gran paso el que hemos dado y ahora nos toca a todos, continuar en la tarea de fortalecer ese clima de unidad entre nosotros y por supuesto, estableciendo vínculos de trabajo fraterno entre los partidos de signo patriótico, con las coaliciones patrióticas cantorales y con el conjunto del movimiento social de nuestro pequeño país.

Es seguro que abundarán los reparos, antipatías, desconfianzas, resentimientos o reclamos de todo orden. Muchos de esos sentimientos serán astutamente impulsados y alimentados por nuestros enemigos. Fraguarán intrigas, provocaciones, divulgarán mentiras y también trabajarán sin descanso. Pero debemos ser mucho más inteligentes que ellos, mucho más perspicaces, mucho más firmes y mucho más constantes. Por nuestra parte estamos obligados a ser cada día más honrados, más francos, más leales a nuestra causa y capaces de derrotar, primero en nosotros mismos, la ambición desmedida, el derrotismo, el inmediatismo y el pragmatismo, que solo espera resultados positivos a cada paso.

No existe ninguna razón para pensar que, al acuerdo de suscribir un Programa Común, no deben sumarse todo el conjunto del movimiento patriótico, político, gremial, religioso o comunal, imbuido de esa tarea fundamental que es la derrota de las fuerzas anexionistas y la construcción de una democracia avanzada.

Esto ha sido únicamente una batalla. Para ganar la guerra debemos prepararnos, por lo que mantiene su plena vigencia la consigna que anunciamos hace varias semanas: «UNIDAD Y RESISTENCIA».

Fuente: http://revista-amauta.org/archives/12535