Artículos
Estados Unidos, que con el ejército más poderoso que pueda recordar la historia, en octubre de 2001 a plena luz del día y utilizando toda su parafernalia mediática invadió Afganistán -un país postrado en el medievo- para legitimar su Guerra Global contra el Terror o GWOT.
El pasado 24 de mayo, a menos de diez meses del anterior, se produjo un nuevo golpe militar contra el presidente Bah Ndaw, lo que confirma que en Mali, desde 2012, el único poder constante es la inestabilidad.
Los asesinatos selectivos en las calles de Kabul, están alcanzando proporciones alarmantes. Periodistas, catedráticos, jueces y funcionarios han sido las víctimas elegidas por los sicarios que operan libremente, dando un aspecto todavía más sombrío a la retirada norteamericana.
El primero de mayo, los 2500 efectivos norteamericanos juntos a los 7 mil de sus socios de la coalición occidental, que invadieron Afganistán en 2001, iniciaron la retirada total del país, tal como lo había anunciado el presidente Joe Biden, el pasado catorce de abril, faltando a los acuerdos de Doha (Qatar) de febrero del 2020, entre la administración Trump y los Talibanes.
La dirigencia de Somalia, el epitome del Estado Fallido, parece tener como única condición el poder de profundizar las crisis más allá de lo explicable, y para quien haga un recorrido por la historia del país de estos últimos cuarenta años, no le quedaran ninguna duda.


