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La legitimidad perdida ha producido baja gobernabilidad e inestabilidad institucional, pérdida de capacidad organizativa de estamentos, liderazgos desconectados y sin bases, y un colectivo fraccionado, desconfiado
Colombia quedó vaciada, saqueada, desocupadas las cuentas del erario.
Las Universidades tienen ética y socialmente el compromiso incuestionable de comprometerse con la construcción de paz total.
Es momento para cambiar, para devolver el carácter público y universal a la educación superior.
Con el relato de la verdad acogido como herramienta de Estado y la voz del gobierno de Gustavo Petro y Francia Márquez, que anunciaron cumplir el mandato de la Verdad a rajatabla, se abren las puertas para avanzar hacia una sociedad de derechos y un real estado de derecho.
El fracasado gobierno del niño emperador es sellado con media docena de masacres, la última emerge como una síntesis trágica del genocidio fascista en el país del niño emperador que mientras disparaban cantaba vallenatos en una despedida a su desgobierno: 2 indígenas, tres excombatientes, una lideresa social embrazada, los responsables: hombres vestidos de camuflado, con armas largas, en una zona milimétricamente militarizada.
La pandemia fue excusa para endeudar al país hasta su máxima proporción, las cuentas son oscuras y el último gobierno de la seguridad democrática que termina con un presidente cuestionado, abucheado e irrespetado, que recibió un país en transición a la paz y lo regresó a la degradación y la barbarie no quiere aclararlas.
Lo que ha ocurrido en la historia política y social de Colombia, con el triunfo del pueblo en las urnas para gobernar el país, no cabe en las distinciones usuales y duales del siglo XX, etiquetado en izquierda o derecha, blanco o negro, masculino o femenino, arriba o abajo, bonito o feo.


