Richard Wilkinson

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La desigualdad tiene un efecto profundamente negativo sobre la salud y el bienestar, escriben Richard Wilkinson y Kate Pickett. No porque mate de forma repentina, sino porque va transformando poco a poco la forma en que las personas viven, se relacionan, afrontan los problemas y envejecen. En lugar de comportarse como una toxina que provoca un repentino aumento de la mortalidad tras un periodo de incubación fijo, la desigualdad se asemeja más a una niebla que se va infiltrando gradualmente en los cuerpos, las relaciones y las instituciones con el paso del tiempo.

Examinemos la salud de dos bebés nacidos en dos sociedades distintas. El bebé A ha nacido en uno de los países más ricos del planeta, Estados Unidos, donde reside más de la mitad de los milmillonarios del mundo. Es un país que por sí solo gasta del 40 al 50 % del gasto total mundial […]