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Los discursos políticos y mediáticos contemporáneos construyen unas imágenes de los barrios populares de bloques de viviendas suburbiales y de sus habitantes centrados en las ideas de descomposición, desestructuración y peligrosidad. Los dos enfoques más recurrentes de estas construcciones son el miserabilista y el estigmatizante. El primero se detiene con toda justicia en la degradación […]
Los levantamientos de los jóvenes de los barrios populares son reveladores porque asistimos al mismo intento de negar la realidad social no igualitaria por medio de presentar explicaciones en términos de «dejación de los padres», de «patologización» de estos jóvenes «sin referencias», de «derivas islamistas», de «zonas de no derechos» controladas por los mafiosos, de «rechazo a integrarse», etc. Sin embargo, la magnitud de la revuelta es tal que ya no se puede negar completamente el escándalo no igualitario vivido por estos jóvenes y estos territorios populares. Y sin embargo, de nuevo hay una vuelta a la represión en la ilusión de obtener una paz social sin justicia ni igualdad.