Crónica periodística sobre la vida cotidiana en Esmeraldas, marcada por la violencia criminal, el abandono estatal, las crisis ambientales y la resistencia de sus habitantes.
Crónica periodística sobre la vida cotidiana en Esmeraldas, marcada por la violencia criminal, el abandono estatal, las crisis ambientales y la resistencia de sus habitantes.
Entre tumbos económicos casi generalizados a nivel mundial, el continente latinoamericano mira al 2026 sin mucho optimismo. La tendencia parece prever “más de lo mismo”: una incómoda zona de “confort” de bajo crecimiento.
Estados Unidos ha dejado de disimular: América Latina vuelve a ser concebida como un territorio a administrar, no como una región a dialogar.
Entramos en 2026 con todos los partidos de izquierdas, sin excepción, advirtiendo de la gran amenaza que supondría un gobierno central de coalición entre el PP y Vox. Y, al mismo tiempo, con estos últimos envalentonados y sin disimular ni por un momento qué tipo de políticas llevarían a cabo.
No hay que ser una lumbrera, para barruntar alguna de las razones que han llevado al Gobierno sionista de Israel a tomar la decisión de convertirse en el primer país del mundo en reconocer a Somalilandia como nación independiente. Algo que el enclave rebelde del norte de Somalia viene pretendiendo desde hacer ya treinta y cinco años.