La falacia inherente al politólogo es que no puede demostrar su teoría. Por supuesto que no existen experimentos controlados (a menos que se gobierne un país como si fuera un laboratorio de políticas neoliberales, como en Chile, 1973).
La falacia inherente al politólogo es que no puede demostrar su teoría. Por supuesto que no existen experimentos controlados (a menos que se gobierne un país como si fuera un laboratorio de políticas neoliberales, como en Chile, 1973).
Al borde de la muerte, Heba Muraisi y Kamran Ahmed, activistas británicos de Acción Palestina, se muestran decididos a mantener su huelga de hambre en prisión. Tras 67 y 60 días, presentan un notable deterioro físico en la mayor huelga de hambre desde la de los presos republicanos irlandeses.
El desempleo sénior se sitúa por encima del juvenil por primera vez en la historia, según un estudio, mezclando paro de larga duración y retraso de la jubilación, a pesar de que los expertos advierten de que hay trampa en la comparativa.
Para muchos ucranianos, el año pasado ha sido un poco como el Día de la Marmota. De vez en cuando, Washington decide abrir discusiones con Moscú sobre el fin de la guerra en su país, aparece una terrible propuesta de «paz», aumenta la presión sobre Kiev para que se comprometa, una ráfaga de diplomacia logra reducir las demandas impuestas a Ucrania, y luego Putin menciona sus llamadas «causas raíz» de la guerra, antes de que todo el circo comience de nuevo.
Donald Trump ya ha dejado de ser presidente de los Estados Unidos o un empresario megamillonario o un mediocre jugador de golf o un apasionado consumidor de sexo pago, para convertirse en la fábrica de rumores ciertos o mentirosos más fenomenal que cualquiera hubiera podido soñar.
Juan Cuatrecasas, presidente de la Asociación Infancia Robada (Anir), no duda de que ha sido el Vaticano quien ha forzado a la Conferencia Episcopal a llegar a un acuerdo con el Gobierno español sobre la reparación a las víctimas de abusos en la Iglesia. Se muestra optimista sobre su aplicación.
Todos los años, España pierde el 10 % del volumen total de agua embalsada en sus infraestructuras hídricas. Ese porcentaje representa, aproximadamente, unos 2.000 hectómetros cúbicos, un volumen que permitiría satisfacer prácticamente la mitad (el 46 %) del consumo del consumo urbano español, lo que supone una pérdida estimada de 800 millones de euros al año.