Recomiendo:
0

Perú

García y Vizcarra

Fuentes: Rebelión

El dos veces ex presidente de la República del Perú, Alan García (69 años), denunció por twitter, que el presidente Vizcarra está planificando un «golpe de Estado» al interferir en el Poder Judicial (por meter presa a Keiko y exigir al fiscal Chavarry que renuncie), y pretender «cerrar el Congreso». Vizcarra, (con 55 años y […]

El dos veces ex presidente de la República del Perú, Alan García (69 años), denunció por twitter, que el presidente Vizcarra está planificando un «golpe de Estado» al interferir en el Poder Judicial (por meter presa a Keiko y exigir al fiscal Chavarry que renuncie), y pretender «cerrar el Congreso». Vizcarra, (con 55 años y más de 60% de popularidad), desesperado, «pisó el palito» y respondió a García (6% en las elecciones 2016), que «no hay ningún golpe de Estado y que él respeta la independencia de poderes».

García y Vizcarra tienen nombres religiosos (Alan Gabriel y Martín), provienen de la clase media, pero estudiaron secundaria en colegios públicos (José M. Eguren y Simón Bolívar), y los universitarios en la UNMSM y la UNI. Las mamás de ambos, Nytha Pérez y Doris Cornejo, son educadoras de profesión. Y sus padres militaron en el APRA.

García llegó al poder en 1985 (con 35 años), gracias a decenas de años de la mística militancia aprista (revoluciones de Trujillo 1932, Callao 1948, etc.), la crisis del segundo belaundismo y al apoyo del izquierdista Barrantes Lingan, conquistando casi el 50% de los votos; mientras que Vizcarra llegó al poder en 2016 (53 años), como vicepresidente de PPK, ganando el ballotage a las justas con el 50.2% (42 mil votos de diferencia), gracias al antifujimorismo y el nacionalismo en el poder, para luego ser parte de una conspiración que desembocó en la renuncia-vacancia de PPK.

García se caracterizó por ser un destacado orador (algunos lo ven como el mesías por llevar al APRA al poder, y se formó entre París, Madrid y Lima), animal político con olfato y con «declaraciones» que pusieron contra las cuerdas a presidentes como cuando acusó a la pareja nacionalista de organizar la «reelección conyugal», y a la vez fue un converso neoliberal que con el fin de «privatizar» la selva generó un conato de guerra civil denominado «Baguazo»; mientras que Vizcarra se distinguió como líder cuando intermedió en la rebelión popular del Moqueguazo (con tropa policial de rehén), que exigía un canon minero justo para la respectiva región, cuestión que logró capitalizar para luego convertirse en gobernador de Moquegua el 2010.

García, bajo un programa populista, desarrolló una gestión con una hiperinflación que pasó el 2000%, con serias denuncias de corrupción (caso Mirage, BCCI, dólares MUC), favoreciendo a los 12 apóstoles (grupos de poder), y una vacilante estatización de la banca que produjo multitudinarias marchas de protesta (lideradas por el connotado escritor del libro «La Ciudad y los Perros»), para luego redimirse en su segundo gobierno del 2006, entregándose vergonzosamente a la depredación neoliberal, y terminando también con denuncias de corrupción vinculadas a los petroaudios, narcoindultos, etc.; mientras que Vizcarra hizo una gestión destacada en Moquegua invirtiendo el 30% del presupuesto en la educación (primer lugar en el 2014), impulsando la inversión transnacional minera y aplacando el conflicto social, para luego terminar con denuncias de corrupción (sobrevaluación del Hospital Moquegua, tráfico de terrenos, etc.).

Alan García impulsó la candidatura de Alberto Fujimori en 1990, en una especie de pacto de lealtad hasta la muerte por el «borrón y cuenta nueva» que le ha permitido actuar a su bancada junto al fujimorismo en el Congreso como «un solo aparato partidario» de guerra política contra la izquierda-nacionalismo y todos los que amenacen sus intereses; mientras que Vizcarra asciende al poder en pelea con el fujimorismo, con quien luego conspira para derrocar a PPK, para después de los escandalosos audios CNM, traicionarlo y pasar a la confrontación, y ahora, en medio de una crisis compleja, ceder y buscar un «pacto social en nombre de la gobernabilidad».

García teme terminar preso como Keiko y que el referéndum de Vizcarra termine por bonapartizar al presidente y desemboque en un adelanto de elecciones impuesto por él o la irrupción de las masas (que podría barrer al APRA de la escena política); mientras que Vizcarra, asesorado por sus hermanos y Villanueva, planteó el referéndum como una suerte de sobrevivencia política y aunque no quiere cerrar el Congreso (por la inestabilidad política prolongada que produciría), sabe que de volver a presentarse podría ganar.

No obstante, García y Vizcarra, quieren llegar a un nuevo acuerdo político, pero parece muy complicado por los intereses en juego. Vizcarra ya declaró que «va a extraditar a Toledo» (tratando de desviar la atención mediática de Alan), y que le parece «exagerada la prisión preventiva de 36 años de Keiko Fujimori» (diario Gestión, 08/11/18), pero el cuestionado fiscal de la Nación, Pedro Chavarry, reabrió el caso Chincheros denunciando al ex jefe de Vizcarra y ex presidente, PPK; y el ex Contralor de la República, Edgard Alarcón, ha denunciado que hay varios funcionarios de PPK involucrados (Thorne y Mollinelli), pero que el autor intelectual de la corrupción del aeropuerto de Chincheros es el mandatario Martin Vizcarra. De polarizarse la pelea, ambos pueden terminar presos (aunque García puede fugar ya que tiene amigos de la Internacional Socialista en el mundo, mientras que Vizcarra no tiene a nadie).

Asì las cosas, a Garcìa y Vizcarra los une la sobrevivencia del estabishment, pero también la memoria de Haya de la Torre y el APRA, ya que Garcìa fue diputado constituyente en 1978 junto con César Vizcarra Vargas, padre del actual mandatario.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.