En 1998 los cerdos de una granja del norte de Malasia desarrollaron una enfermedad respiratoria caracterizada por una tos muy fuerte. Algunos animales no mostraron ningún otro síntoma, otros tuvieron fiebre y espasmos musculares, pero la mayoría se recuperó. Doscientas sesenta y cinco personas desarrollaron encefalitis grave y 105 de ellas murieron, una tasa de mortalidad comparable a la del Ébola.