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Agresión imperial desde Colombia al resto de América Latina

Fuentes: CEPRID

Para desilusión de muchos ilusos, Obama el primer presidente negro de Estados Unidos, «premio Nobel de la Paz» en teoría, en la práctica se ha convertido en otro halcón de las guerras imperiales. Alguien afirmaba que el sueño de Martin Luther King, se ha convertido en la pesadilla del primer presidente negro del imperio porque […]

Para desilusión de muchos ilusos, Obama el primer presidente negro de Estados Unidos, «premio Nobel de la Paz» en teoría, en la práctica se ha convertido en otro halcón de las guerras imperiales. Alguien afirmaba que el sueño de Martin Luther King, se ha convertido en la pesadilla del primer presidente negro del imperio porque sus anhelos de imponer diferencias y cambios sucumbieron ante los objetivos de dominación del imperio.

Así, en la primera década del siglo XXI, el imperio con Bush ayer y con Obama en el presente, ha ratificado su condición de enemigo de la humanidad y hoy tiene en marcha un plan para llenar de sangre nuestra América Latina, siempre recurriendo al pretexto de defensa de los derechos humanos, las libertades y las democracias y siempre con el pretexto de la lucha global contra el terrorismo. Incluso, los Estados Unidos han asumido la arbitrariedad de decidir quiénes son terroristas y en su larga lista incluyen a Cuba y mencionan a Venezuela, y ellos decidieron que las FARC-EP y el ELN son terroristas a los que hay que combatir en territorio colombiano. Las relaciones de poder económico, militar y político en el mundo global son impuestas por Estados Unidos, sin que importen las brutales y prepotentes agresiones contra nuestros pueblos, nacidas de las estrategias de dominación neocolonial. Las guerras imperiales de dominación son incesantes a lo largo y ancho del mundo. Invadieron y ocuparon Irak, Afganistán y se apoderaron de los recursos hidrocarburíferos, del territorio de paso de oleoductos y gasoductos y hasta del negocio del opio y la heroína. En su lucha contra el «terrorismo» bombardean incesantemente los territorios de Paquistán y Yemen matando civiles inocentes y en nuestra América Latina por medio de sus agencias CIA, USAID, NED y otras, incrementan sus actividades clandestinas y públicas para desestabilizar a los gobiernos de Nicaragua, Venezuela, Ecuador y Bolivia. Ya produjeron el golpe de Estado en Honduras que acabó con la ilusión de la democracia y se valen hasta de las desgracias y catástrofes del pueblo haitiano para ocuparlo militarmente.

El imperio desconoce los valores ético-morales y pisotea los valores del Derecho Internacional. Con la complicidad de Uribe y las derechas oligárquicas ocupó militarmente a Colombia «en el marco del Acuerdo de Asistencia Militar entre la República de Colombia y los Estados Unidos de América, suscrito en Bogotá el 17 de abril de 1952» y de otros acuerdos para ayudas militares y misiones militares suscritos en diferentes fechas desde 1952, según se lee en el Preámbulo del último Acuerdo que entre sus objetivos se advierte: «de conformidad con los acuerdos bilaterales y multilaterales pertinentes de los cuales Colombia y Estados Unidos sean parte, en particular aquellos atinentes a la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo y con sujeción al ordenamiento jurídico de cada una de las partes, éstas acuerdan profundizar su cooperación en áreas tales como instrucción, intercambio de inteligencia, capacidades de vigilancia y reconocimiento, ejercicios combinados, y otras actividades acordadas mutuamente, y para enfrentar amenazas comunes a la paz, la estabilidad, la libertad y la democracia». Este «Objetivo» demuestra, fehacientemente, que la ocupación y uso de las bases militares colombianas corresponden a la agresividad estadounidense en contra de nuestras patrias. «Las bases en Colombia han traído un nivel de inestabilidad enorme, y los mismos gringos anuncian con cinismo la posibilidad de enfrentamientos entre Colombia y Venezuela. Poco le importa a Uribe y sus secuaces el impacto negativo que esto traería a estos pueblos hermanos. El golpe de Estado en Honduras cobra ya muchas vidas; la brutal represión ha sido sistematizada y operada con apoyo gringo, colombiano y sionista. Además la inestabilidad creada en este pobre país amenaza la seguridad y economías de sus vecinos. Aquí ungen a Micheletti como santo barón, defensor de la democracia, mientras éste ordena asesinar a los campesinos…La agresión a Nicaragua es creciente; la pretensión de un golpe estilo Honduras es acariciada por los halcones. Si no logran atraer al ejército nica, entonces, buscarán la escalada militar hasta el punto de invasión. Aquí jugará un excepcional papel el gobierno espurio de Porfirio Lobo Sosa.

En Ecuador y Paraguay el imperio financia proyectos de agresión contra las democracias populares, y echa todo lo que tiene en elecciones como la chilena y brasileña. Al mismo tiempo apadrina el sabotaje constante del que es víctima el Estado argentino. Por si esto fuera poco, hoy aprovechan la desgracia producida por el terremoto en Haití, y envían diez mil soldados para «…ayudar en tareas de rescate y controlar cualquier crisis social…». Esos soldaditos no van a salir de Haití por su cuenta; se van a quedar años en ese país, donde el imperio y sus medios proclaman que el gobierno de René Preval ya no existe. Todo hace prever que este pobre país pasará a servir de base de agresión contra Cuba y punto de desestabilización contra la Republica Dominicana.

Con esta contingencia y las bases acordadas para Panamá y Perú se arma una gigantesca estructura de agresión, conquista y dominación del imperio. Solo lo cuestionan aquellos que saben con certeza que esto es verdad. Este esquema es conocido por todos los lacayos gringos en todas partes del continente; ninguno lo ignora; y están dispuestos a masacrar a sus compatriotas con tal de reconquistar lo que el imperio les ha dado como su patrimonio perenne o evitar que se los quiten, explicaba R. Salgado.

Para desatar las guerras de agresión en contra de nuestras patrias y, en especial, contra Venezuela y Ecuador, Nicaragua y Bolivia; Estados Unidos bajo el mando del emperador negro Barack Obama, a su vez, subordinado al Pentágono y Comando Sur, Departamento de Estado y la CIA, a las derechas políticas y económicas que pretenden gobernar al mundo, creó en Colombia el eje Palanquero-Apiay-Marandúa, eje militar que serviría en primer lugar para agredir a Venezuela paras salvar la «libertad y la democracia», tal como se establece en el objetivo del reciente Acuerdo Colombia-. Estados Unidos. Basado en esta información, el Presidente de Venezuela, Coronel Hugo Chávez Frías, denunció que Estados Unidos, por intermedio de Colombia, se prepara para la guerra contra la tierra del Libertador Simón Bolívar. Javier A. Biardeau, sostiene que no son sólo siete las bases colombianas apetecidas por el imperio. Por cercanía geográfica, por posibilidad de movilización de unidades de combate, y por su capacidad de inteligencia electrónica, hay que prestarle atención no solo a Cartagena, Malambo, Palanquero, Tolemaida, Larandia y Apiay. Es el eje Palanquero-Apiay-Marandúa uno de los ejes de proyección y penetración contra Venezuela, afirma.

Basta analizar las declaraciones del embajador de Estados Unidos en Colombia, el tristemente recordado ex embajador de EE.UU en Venezuela William Brownfield, para saber con qué descaro opera la actual ofensiva del imperio: «Ya hay militares de EE.UU en bases colombianas» declaraba frente a las narices de la comunidad de países de Nuestra América. Para Brownfield, lo que permitirá el Convenio es ampliar y profundizar la capacidad operacional de las fuerzas militares de los EE.UU en Colombia, «para luchar contra el narcotráfico y el terrorismo».

Si no es para agredir a Venezuela, ¿por qué en el pasado mes de diciembre, el Jefe del Comando Sur, D, Fraiser, manifestaba que era necesario elevar la capacidad estratégica y de operabilidad de la base aérea de Marandúa, ubicada en el Departamento de Vichada, sector fronterizo con Venezuela? Ciertamente que la base de Marandúa no está entre las siete bases a ser usadas por las tropas yanquis según se dice en el Convenio, pero ¿qué o quién puede impedir a Estados Unidos usar la base Marandúa para iniciar la agresión militar a Venezuela y tratar de de derrocar al gobierno del Presidente Hugo Chávez, quien tuvo y tiene razón para afirmar que vientos de guerra comienzan a soplar en América Latina. La amenaza de guerrea es real y Estados Unidos es y será el responsable de estas tragedia que podría desencadenarse para hundir a nuestra América en el neocolonialismo del avezado imperio o para iniciar una serie de dictaduras neofascistas de conformidad con el modelo de golpe de Estado probado en Honduras.

I.- LAS DECLARACIONES DE BROWNFIELD:

Brownfield ha afirmado que la colaboración entre EE.UU y Colombia es de décadas, y que no entiende por qué incomoda a los vecinos. «No estamos hablando de una base militar en Colombia, sino de la posibilidad de acceso a las bases militares y navales de Colombia, que son de las más sofisticadas en las Américas». A buen entendedor, pocas palabras, expresa Javier A. Biardeau.

Estados Unidos ha equipado con alta tecnología las bases militares colombianas, ha creado y apoyado la infraestructura y equipamiento de las mismas. A partir de allí, se habla de «posibilidad de acceso a las bases militares y navales de Colombia». En pocas palabras, cualquier base militar o naval colombiana, en principio, podrá ser utilizada por tropas de los EE.UU. No son siete, es cualquiera de las bases militares colombianas, y estas siete solo serán «puestos de comando» para muchas más.

Para Browfield el asunto no es cuestión de soberanía colombiana, sino de «colaboración entre dos países contra una amenaza compartida, la de la droga ilícita». Dice Brownfield «(…) en la medida en que Colombia acabe con el narcotráfico y el terrorismo se va a beneficiar a la región.» Las bases utilizadas por EE.UU «son colombianas» expresa y resalta que «las Fuerzas Armadas de Colombia son las más sofisticadas de toda la América Latina».

Los acuerdos militares entre Colombia y Estados Unidos determinan que las Fuerzas Armadas Colombianas sean permanentemente asesoradas, armadas y entrenadas por los Estados Unidos y todos saben que quien paga la orquesta impone el baile.

Así mismo, todos saben que Uribe y sus secuaces entregaron el territorio de Colombia al imperio norteamericano. Ahora, la patria de Nariño se ha convertido en una gigantesca base aérea, terrestre y naval de Estados Unidos para agredir a América Latina. Solo los necios y cipayos desconocen esta realidad.

Biardeau informa que el Plan Colombia 2010 tendrá un presupuesto entre US$509 millones y US $520 millones. Y además, se articula a los planes en México y América Central. Brownfield reveló que hay «un paquete triangular: se puede hablar de Plan Colombia y Plan Mérida. Señores: tenemos los mismos problemas y las mismas organizaciones criminales». Como para dejarse de posiciones retóricas y medias tintas con el «gobierno de Obama».

Habrá que insistir que Uribe el conserje Obama no es el dueño del edificio imperial. Los que siguen confiando el la mascarada-Obama no han comprendido un pito sobre las estrategias de los Estados Unidos y sus «políticas de buen vecino», afirma Biardeau.

II.- ALGUNOS PUNTOS DEL CONVENIO:

En el convenio Colombia-Estados Unidos, Uribe en realidad concedió vía libre para el empleo de cualquier base aérea o naval de Colombia que requiera el personal estadounidense para poder realizar las operaciones contra el narcotráfico y el terrorismo, por tanto, no son sólo siete bases las que pueden ser usadas por el imperio. Inclusive antes de que se firmara el Convenio, Estados Unidos ya estaba en capacidad de usar a su antojo las bases de Apiay en el departamento del Meta y la de Marandúa, en el departamento de Vichada. En Marandúa, Estados Unidos instaló un potente radar para uso exclusivo de sus tropas y para sus fines específicos.

En Apiay se encuentra el Comando Aéreo de Combate N° 2 (CACOM) «CT. Luis Fernando Gómez Niño». Recibe destacamentos de unidades de inteligencia. Así mismo atiende los requerimientos de arsenal aéreo Grupo Aéreo del Oriente (GAORI) «TC Luis Arturo Rodríguez Meneses». El GAORI se organizó como un grupo orgánico del Comando Aéreo de Combate No. 2 de Apiay. Para 1994, la base fue dotada con un sistema de defensa radar tipo TPS-43, perteneciente a la USAF-EE.UU… La ubicación estratégica de Marandúa y del radar allí ubicado entra en la telaraña imperial de la NSA, sostiene Biardeau y añade que es el sistema de escucha e intercepción electrónica más grande del mundo (llamadas telefónicas, fax, correos electrónicos, sistemas de comunicación HF, UHF, descodificación y codificación del lenguaje), donde se encuentran especialistas en seguimiento satelital y de interceptación de aeronaves. Para no dejar de lado la importancia de las relaciones entre las bases militares de Apiay y Marandúa, ya en los mapas de las bases militares de los Estados Unidos en el mundo de 2007, aparecían estas bases, sin necesidad de existir ningún convenio. Llama la atención que se planee entonces en los puntos del acuerdo que «la negociación se hizo respetando las constituciones de ambas naciones», como indicó el comandante de las Fuerzas Militares de Colombia, general Freddy Padilla De León.

De conformidad con el Convenio, 1. Se compartirá información de inteligencia con Estados Unidos, tanto en el tema del narcotráfico, como del terrorismo. Esto se traduce a intercambio de datos en tiempo real (la llamada inteligencia en tiempo real). 2. Habrá protocolos para intercambiar esta información, que serán acordados por el comando de las Fuerzas Militares y los militares estadounidenses. 3. Colombia fortalecerá las capacidades técnicas en inteligencia, solo para contribuir a la seguridad de la región, con el apoyo de Estados Unidos. 4. Esta ayuda estará enfocada a transmitir la experiencia a países, que como México, tienen problemas de narcotráfico y necesitan de esa experiencia. 5. Colombia tendrá control sobre el personal que trabaje en el país. Aunque la selección tenga el aval del Departamento de Estado y el beneplácito de la embajada de Estados Unidos, una comisión colombiana podrá aprobar o rechazar la presencia de los funcionarios. 6. Los beneficios materiales se recibirán sólo en especie, no en dinero.

B) El manejo de las bases: 1. Queda claro que bajo ninguna circunstancia podrá haber una base militar estadounidense en Colombia. 2. Se utilizarán las bases de Malambo, Apiay, Palanquero, Tolemaida y Larandia, pero habrá acceso a otras bases, según las necesidades y requerimientos. 3. El acuerdo está enfocado básicamente en el tema de la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo. 4. El empleo de las pistas se dará de forma gradual, dependiendo de los requerimientos operacionales. 5. El empleo de las bases navales será para temas logísticos inicialmente (buques que transporten implementos técnicos, repuestos, aparatos para inteligencia, etc). 6. Los aviones tendrán la misión principal de hacer monitoreo de rutas del narcotráfico, lo que no descarta que se puedan hacer operaciones con un tercer país, en aguas internacionales. Pero, solo a solicitud de ese tercer país. 7. La ayuda de 46 millones de dólares para Palanquero se hace con base en análisis técnicos. La capacidad de la base debe ser óptima para garantizar la seguridad de las aeronaves. Esta fue una imposición de Estados Unidos.

Lo que queda claro es que Washington ha diseñado y está ejecutando un plan geoestratégico para recuperar la iniciativa política y militar hacia América Latina y el Caribe. El centro de gravedad de la estrategia es la Revolución Bolivariana y el ALBA. Vienen ejecutando sus operaciones y acciones de manera secuenciada y sincronizada, manejando el principio de sorpresa, manifestándose sobre todo a partir de su colaboración con el mantenimiento de la situación de golpe cívico-militar en Honduras, cuyo objetivo fundamental es la contención del proyecto popular constituyente. Los gobiernos de centro-izquierda han quedado por ahora paralizados y toda la parafernalia retórica de la OEA y de la ONU ha sido neutralizada. La movilización obviamente, debe rebasar a los gobiernos y los espacios diplomáticos, y de los pueblos, sus movimientos sociales y populares. Uribe, el recadero de Obama no va a hacer sino ganar tiempo para favorecer los intereses geoestratégicos del Imperio. Los verdaderos dueños del edificio imperial hablan entre líneas en las declaraciones de la Secretaria de Estado Hilary Clinton. Lo demás son mascaradas y fantasías sobre el presunto «Presidente del cambio y de la esperanza».

Mientras se le piden explicaciones sobre las bases militares estadounidenses a Colombia en UNASUR, la verdadera gravedad de la situación es el avance del Imperio. Los pueblos, sus movimientos sociales y organizaciones políticas revolucionarias y antiimperialistas deben recuperar la iniciativa y el rumbo estratégico, para enfrentar a Washington, desarticulando su estrategia de maquillaje imperial en el terreno mediático y político. No es momento para picarle el ojo al conserje del imperio, creyendo en los poderes seductores de los buenos modales y en la nueva política del «buen vecino». Los gobiernos del ALBA y de UNASUR se enfrentan a una verdadera prueba antiimperialista. Veremos si los gobiernos con discursos latinoamericanistas, democráticos y populares están a la altura de las circunstancias, o si no entraremos a un nuevo ciclo de luchas revolucionarias y antiimperialistas, explica Biardeau.

III.- ¿RECRUDECE LA GUERRA DE IV GENERACIÓN?

Uno de los analistas más certeros sobre la real amenaza que se mueve hacia Venezuela es Carlos Lanz Rodríguez, quién ha venido desentrañando la madeja de las operaciones psicológicas y encubiertas que se ciñen sobre Venezuela. Con motivo del proceso investigativo sobre la Guerra de IV Generación y las Operaciones Psicológicas impulsadas en nuestro contexto por The Rendón Group, (concretamente en Colombia en el «Plan Seguridad Democrática» donde se ha implementado un outsourcing de inteligencia con la Fundación Seguridad y Democracia bajo el patrocinio del Clan Santos). Lanz ha encontrado numerosas evidencias e indicios, sobre el plan de avanzada geoestratégica imperial sobre América Latina, en particular, sobre al área andina.

Carlos Lanz ha investigado, analizando el rol jugado por la fundación «Seguridad y Democracia en Colombia», y sus conexiones con el entramado político-militar del gobierno de Uribe, aspectos de la agenda de la reforma militar que están directamente articulados a la localización de equipamiento y tropas militares norteamericanas, en cualquier ubicación estratégica del territorio colombiano (y no solo en los 7 puntos de comando que aparecen en el convenio). Las Fuerzas Militares de Colombia han avanzado considerablemente en el campo de la tecnología aplicada a la planeación y conducción de las operaciones militares. Se ha incrementado la movilidad aérea y el apoyo de fuego desde el aire, la capacidad de operar en ambiente nocturno, las mejoras en la inteligencia técnica y las estructuras de comando, control y comunicaciones. El incremento de la movilidad aérea ha permitido asegurar:

I) el control del espacio aéreo, para «garantizar la soberanía» II) aplicar la fuerza, lo cual implica utilizar las capacidades inherentes al poder aéreo-militar en desarrollo de las operaciones militares como pueden ser los bombardeos a blancos en tierra o los combates aire-aire; III) multiplicar la fuerza, lo que significa aumentar la capacidad militar terrestre o marítima a través del uso de aeronaves, por ejemplo con el apoyo de fuego a las tropas terrestres; y, finalmente, IV) apoyar la fuerza, la cual incluye el abastecimiento logístico necesario para adelantar operaciones prolongadas. En las misiones de multiplicar la fuerza, se incluye el asalto aéreo, es decir, transportar por vía helitransportada unidades terrestres al campo de batalla. Las fuerzas de asalto aéreo son capaces de proyectar poder de combate sin la limitación impuesta por el terreno o los accidentes geográficos. La versatilidad y fuerza de este tipo de operaciones se logra al combinar las capacidades de las aeronaves modernas de ala rotatoria, velocidad, agilidad y capacidad de fuego con las de las tropas terrestres. Se debe resaltar el enorme incremento de la capacidad aérea de las Fuerzas Militares colombianas, tanto en el transporte de tropa como en el apoyo de fuego cercano, es decir, el apoyo de fuego que los helicópteros o aviones brindan a las tropas terrestres, volando muy cerca de la tierra y a una relativa baja velocidad. Este apoyo es crucial, pues representa una ventaja muy significativa a la hora de enfrentar a los grupos armados «ilegales».

El apoyo de fuego cercano es provisto por los helicópteros artillados, los cuales acompañan y escoltan las aeronaves de transporte en el desarrollo de las operaciones de asalto aéreo. Adicionalmente, es muy importante contar con aviones que sirvan como plataforma de apoyo de fuego prolongado, papel que en Colombia desempeña de manera muy efectiva la flota de aviones AC-47, mejor conocido como el «avión fantasma». Colombia triplicó su flota de aviones fantasma al pasar de dos en 1996 a seis en la actualidad. Igualmente, Colombia pasó de tener una flotilla de helicópteros muy limitada, a tener la tercera fuerza del hemisferio. Cabe añadir que la colombiana es la tercera flota de helicópteros UH-60 o Blackhawk más numerosa del mundo, superada solamente por las de Estados Unidos e Israel.

Así mismo, las Fuerzas Militares colombianas han fortalecido considerablemente sus capacidades de inteligencia técnica, entendida ésta como la recolección de información por medios distintos a las fuentes humanas. Incluye la capacidad de interceptar señales, comunicaciones y de tomar aerofotografías, entre otras. Un componente fundamental de estas capacidades son los llamados rastreadores o trackers y las plataformas de inteligencia. Estos aviones están equipados con sofisticada tecnología de interceptación de comunicaciones, fotografía aérea y radiogoniometría. Estas aeronaves, en conjunto con los radares de base en tierra (GBR) y la Central de Inteligencia Conjunta (CIC), conforman el sistema de inteligencia técnica que le permite a las Fuerzas Militares obtener, procesar y analizar información utilizada en la lucha contra el narcotráfico y, más recientemente, contra los llamados «grupos armados ilegales», que bien puede proyectarse para iniciar la guerra de agresión contra Venezuela o Ecuador, por ejemplo.

Las Fuerzas Armadas colombianas han desarrollado un moderno sistema de comando, control y comunicaciones que incluye el Centro de Operaciones Conjuntas (COC) del Comando General de las Fuerzas Militares, así como centros equivalentes en cada uno de los Comandos de Fuerza. Estos centros están enlazados con las unidades operativas, lo que le permite a los comandantes militares coordinar y comandar las acciones en el campo de batalla. En el área de las telecomunicaciones se han dado algunos avances en sustituir el anacrónico sistema de repetidoras por el de comunicaciones satelitales»

Todos estos avances de la Fuerza Armada Colombiana se relacionan con el actual convenio para modernizar bases, trasladar equipamientos y tropas norteamericanas en territorio colombiano. Todo esto no es solo para «luchar contra el narcotráfico y el terrorismo», sino para recrudecer la guerra de IV generación hacia Venezuela, e incluso para disponer de una fuerza de reacción rápida en la frontera sur como base de apoyo para una intervención en profundidad en el territorio venezolano, proyectándose estratégicamente sobre la faja petrolífera del Orinoco, la infraestructura eléctrica, y los recursos estratégicos de la amazonia venezolana. De allí la importancia de la bases de Marandúa, Apiay, en primer lugar, y de Yopal y Saravena en segundo lugar.. Sabemos que el enfrentamiento a la insurgencia Colombiana hace parte de un combate global a la las diferentes fuerzas revolucionarias en la región. Los Estados Unidos han demostrado no tener interés alguno en la solución política negociada del conflicto colombiano, y la solución militar implica desconocer la soberanía nacional de los países vecinos y el desarrollo de «operaciones extraterritoriales».

Además del espectro de operaciones militares directas, se avanza en el uso de operaciones militares indirectas, fundamentalmente la guerra comunicacional, electrónica y psicológica. En tal sentido, no es un hecho fortuito que Enrique Santos, Director de la Fundación Seguridad y Democracia sea presidente de la SIP y dueño de un emporio comunicacional. Tampoco es mera coincidencia la presencia reiterada en los últimos meses en Bogotá de los principales operadores de The Rendón Group en Venezuela, según consta en el documento que analiza Biardeau sobre la problemática actual que es una real amenaza a la paz y seguridad en esta parte del mundo.

LA AGRESIÓN PERMANENTE

El segundo gran aspecto es la guerra mediática contra la revolución bolivariana proclamada por el presidente Hugo Chávez. Se trata del uso extensivo de la infraestructura instalada para copar los medios de comunicación social para difundir la «propaganda negra» con la que se le hace aparecer al gobernante venezolano como el «malo» de la película, el organizador de desestabilizaciones, el representante del Socialismo Siglo XXI que «es un fracaso», según los parlantes y loros del sistema capitalista.

Esa misma propaganda que es parte de la guerra sicológica de la CIA, el Pentágono y el Departamento de Estado, difunde que las bases militares colombianas son colombianas y que jamás han sido cedidas al imperio sino que podrán ser usadas por Estados Unidos como una cooperación en la lucha de Uribe contra los «terroristas» y el narcotráfico. La influyente revista colombiana SEMANA expresó: «el concepto de bases que tiene el gobierno colombiano es muy distinto al que tienen los demás países de la región. Para Colombia, en estricto sentido, no es una base militar gringa en territorio colombiano, sino que se trata de una cooperación militar extranjera que utiliza bases colombianas. Para los vecinos se trata de bases militares gringas en territorio colombiano con proyección en el resto de la región, es decir, una especie de cabeza de playa del engranaje militar del imperio en Latinoamérica.»

La Revista SEMANA dijo: «Mientras para Colombia y Estados Unidos se trata de un pacto entre amigos, que les brinda una plataforma de inteligencia crucial para luchar contra el narcotráfico y los actores armados, para los países de la región se trata de un espionaje del Tío Sam, anclado en Colombia, que vulnera la seguridad nacional de cada país. Un gesto hostil.»

Agregaba: «el gobierno se equivocó en su estrategia de comunicación. Primero negó cualquier posibilidad de que hubiese bases en Colombia. Luego, cuando el acuerdo se filtró a la prensa, hizo una audiencia pública que sembró aún más dudas…Total, el propio Presiente ha tenido que ir de país en país, para no tener que sentarse en el banquillo en una reunión como la de UNASUR, donde iba a ser visto como una especie de patito feo.» La reunión en Bariloche y luego en Quito, demostró que Colombia es un peligro no sólo para Venezuela y Ecuador, sino para la existencia y consolidación de la UNASUR. A pesar de la CIA y el imperio en su conjunto, los medios de comunicación analizan la situación y aún se vuelven críticos del sistema imperante y en este caso de las bases militares colombianas al servicio de los intereses geopolíticos y geoestratégicos estadounidenses. Así, la revista SEMANA revelaba: «Es obvio que Estados Unidos tiene intereses geopolíticos globales. Así quedó consignado en un documento del Comando de Movilidad Aérea del Pentágono de este año titulado Global en Route Strategy, en el que llaman la atención dos datos. El primero, que los norteamericanos quieren cambiar el modelo de bases que desplegaron durante la Guerra Fría, y cuyo concepto es fijo e inmóvil. Ahora buscan modelos más flexibles, basados en la cooperación con los gobiernos más que en tener hombres y aparatos en tierra. Lo otro que dejan claro en este documento es que quieren monitorear las rutas que van hacia África. Textualmente, Palanquero aparece como parte de ese modelo de control de rutas de narcotráfico en Suramérica. La palabra clave en todo esto es disuasión. Es obvio que Colombia, además de fortalecer su lucha interna, también busca disuadir a los vecinos que son laxos con las FARC para que no sigan siéndolo. El tema de la guerrilla se ha convertido en fuente de conflicto permanente con Ecuador y Venezuela. Colombia no tiene cómo hacerle frente a la carrera armamentista de Venezuela, pero sí como enviar un mensaje disuasivo con el respaldo de Estados Unidos. Al tiempo, los gringos quieren disuadir a los gobiernos que están haciendo entusiastas acuerdos militares con Rusia, Irán o China. Y Brasil, a su tiempo, cómo líder de UNASUR, quiere disuadir a la inefable potencia estadounidense de no seguir tomando a América Latina como su patio trasero. Por eso, aunque en el corto plazo, para Colombia casi nada cambia con las bases y este puede ser considerado de puertas para adentro, un escándalo chimbo, para otros países si hay un nuevo escenario. Y en el largo plazo nadie sabe cómo se configurará el rompecabezas. Lo que sí está claro es que las bases constituyen una ficha clave en todo el juego.»

Pero más claro está que el eje Palanquero-Apiay-Marandúa es la punta de lanza del imperio en contra de Venezuela. Si Venezuela cae se producirá el efecto dominó y en seguidilla se acabarán los gobiernos de Correa en Ecuador, de Morales en Bolivia y de Ortega en Nicaragua. Además de ese agresivo eje, el Gobierno de Venezuela reiteró su denuncia de que Estados Unidos utiliza los territorios de Aruba y Curazao para preparar una agresión militar contra su territorio e instó a las autoridades holandesas a honrar sus compromisos con la paz y a abstenerse de atacar o prestarse para ello.

«Venezuela reitera a la Comunidad Internacional su denuncia respecto al uso, por parte de los Estados Unidos, de los territorios coloniales de Aruba y Curazao, en la preparación de una agresión militar contra Venezuela», reza el comunicado de la Cancillería venezolana que fue difundido el pasado el 30 de diciembre.

«El Gobierno Nacional exhorta a las autoridades holandesas a honrar sus compromisos con la paz y la seguridad internacional, y a abstenerse de agredir a Venezuela, o prestar su colaboración para tal fin», añade. En la publicación, Caracas recordaba que desde Aruba y Curazao, aviones estadounidenses han violado subsecuentemente el espacio aéreo venezolano, con la excusa de la lucha contra el narcotráfico «que no ha arrojado ningún resultado tangible».

Esta denuncia ya había sido hecha el pasado 17 de diciembre por el presidente venezolano, Hugo Chávez, quien desde Copenhague, donde se realizó la Cumbre sobre el cambio climático, hizo la alerta.

«El imperio yanqui está ocupando las islas de Aruba y Curazao y esas islas están a poquitos kilómetros de la costas venezolanas (…) acuso al Reino de los Países Bajos de preparar junto al imperio una agresión contra Venezuela», denunció el mandatario durante el encuentro de los Países de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América (ALBA) con organizaciones sociales desde el Valvy Hall Center en Copenhague. Naturalmente Holanda negó esa posibilidad y así lo expresó el canciller Maxime Verhagen, pero la verdad es que las bases militares estadounidenses en sus territorios de ultramar si pueden ser utilizados para atacar a Venezuela. Bien se sabe que Washington tiene planes para bombardear a Venezuela, derrocar a Chávez y apoderarse del petróleo tal como ya lo hizo con Irán.

LA RESPUESTA DE CHÁVEZ

Oscar J. Camero informaba sobre el pensamiento del presidente Hugo Chávez respecto de las amenazas imperiales hacia Venezuela y refiere que dijo: «Ni hablaré de cifras ni de sofisticados postulados de la guerra, que no me los conozco, por cierto. Ni siquiera hablaré de lógica. Seré, no más, lógico.

Sabemos ya que la ínfula imperial le echó las cartas a Venezuela, rodeándola con bases militares, confinándola a una guerra o, mejor dicho, agresión. Y al mejor estilo del grande que pone a pelear a los chicos para ahorrarse el trabajo y mantener su prestigio de país «recto» ante el mundo. Lo acostumbrado, pues: Noriega, Hussein y otros.

El trabajo sucio lo harán «los tontos» de Venezuela y Colombia -por fuerza, así habrán de expresarse de nosotros-, mientras ellos, la camarilla imperial de los Estados Unidos, se aprestan a intervenir (como grandes redentores que son) para separar a los viejos cuates en disputas, a llamarlos a la sindéresis, a la democracia, a la marcha civilizada de las naciones, al concilio, etc; pero a intervenir para realmente determinar agresores y agredidos, según sus métodos y esquemas, y para perpetuar fundamentalmente el conflicto, y sugerir en consecuencia la intervención de terceros que medien entre los problemas (es decir, cascos azules de la ONU o, en su defecto, marines de sus fuerzas armadas, o cualquier otro ardid extranjero al continente). Y ya sabemos lo que quieren: petróleo y más petróleo, petróleo elevado a la potencia. Es un viejo cuento, mil veces echado.

La inmensa provocación de establecer bases militares en los contornos de Venezuela es un hecho que habrá de ser disimulado por la pelea doméstica entre tontos, sostuvo Hugo Chávez. Tal es el plan, la táctica, agregó y añadió que el gobierno de Colombia lo sabe, porque participa de la vena que quiere regar con sangre a Venezuela. Provocará y provocará, sin medida. Es su papel asignado. No tiene gran cosa que perder, plagado como está de conflictos narcopolíticos y guerrilleros, y de desestabilización a granel; y sí mucho que ganar: que las élites se atornillen inmisericordemente en un país con un sistema de gobierno que distrae sus llagas con la costumbre y la eventualidad de las conflagraciones. Es el ardid del rico colombiano para permanecer en el poder. Es decir, es la democracia colombiana, ahora de exportación. Un connotado periodista reveló lo que le llegó de sus fuentes: Colombia prepara un ataque tipo Ecuador a Venezuela, probablemente en los llanos, donde presuntamente se erigen campamentos de las Fuerzas Revolucionarias de Colombia. Luego de lo cual la tarea primordial de instalación de las bases militares estará completada. O sea, el espectáculo de distracción internacional mientras las bases se instalan. Se suscitará una algarabía internacional en torno a países hermanos que se agreden y ya nadie se acordará de las bases Tres Esquinas, Palanquero, Larandia y Tolemaida, Malambo, Apiay y todas las otras que los Estados Unidos quieran instalar en el área.

La obra preliminar invasora estará lista. La atención internacional se habrá disipado sobre el conflicto entre países hermanos, mientras ellos -hablo de los Estados Unidos por todo el cañón- ya habrán instruidos a sus aliados colombianos sobre la siguiente fase a seguir. A saber, no abandonar ya más nunca la conflictividad con el vecino y prepararse para darles curso a ellos mediante una intervención. Sostener muy fuertemente las riendas de la guerra, de modo tal que no se distraiga uno de sus perros ladrándole al vacío, como si fuera una operación matemática.

Entonces se hablará muchísimo de democracia, de derechos humanos, de progresismo, de la rectitud del gran país del norte, de su generosidad y compromiso con los derechos civiles de los pueblos, de la pobre Colombia agredida y del malvado agresor que hunde a Venezuela en una peligrosa y desestabilizadora revolución americana. Es posible oír el grito: «¡Fuerzas internacionales, a la frontera! ¡Aliados al combate!, ¡En Venezuela se fabrica el arma nuclear!» o cualquier otra cosa que maquille la preocupación fundamental de los parias que intentan intervenir en Venezuela: Chávez es una suerte de ogro apropiado del pozo petrolero más grande del planeta.

Gradualmente se inducirá a Venezuela a atacar a Colombia, en virtud de inaguantables provocaciones en la frontera, preparados todos los perros de la guerra para multiplicar por rugido de cañón cualquier disparo defensivo en su frontera. Estará lista la propaganda, los incuestionables medios de comunicación -los mismos de la «libertad de expresión»-, de adentro y fuera del país, para cumplir con su papel de agitación y confabulación. Sobran en Venezuela los pruritos traidores como para no imaginar que una guerra esté cerca. Civiles venezolanos colombianos, y viceversa.

Se trabajará la figura de Chávez. Se le alimentará una presunta megalomanía. Se le erigirá como un dictador con ínfulas de bolivariano prócer por una causa nacionalista. Probablemente un tercer país -traidor en la jugada- será enviado para la dotación de los ingredientes de la inimaginable arma atómica, defensora de soberanías. O enemigo claro, para «sembrar» armas como se «siembran» drogas. Larga travesía y cuento. Para entonces Chávez tiene que ser ya -por obra y gracia de los medios- un forajido internacional, con unas bases militares listas allende frontera para accionar en su contra como correlato. Probablemente se intente buscar en el interior del país mediante una fuerza aliada alijos nucleares de cocaína o guerrilleros de las FARC armados con misiles de no sé cuantas ojivas de poder atómico. Vale todo en la guerra, vale lo que sea necesario con tal de apartar las manos del ogro de los grifos petroleros.

Es decir, se le intentará aplicar al presidente venezolano la receta aplicada a Sadam Hussein -salvando las distancias democráticas-, ni más ni menos, cuando lo jodieron con las armas, consejos y la misma ayuda que le dieron. Lo indujeron a una invasión, lo enmarañaron con la compra de unos ingredientes para la fabricación nuclear, lo perfilaron héroe de los sunitas y de una lucha religiosa ancestral para, finalmente, colgarlo en el asta mayor luego de la invasión a Irak.

Y todo tal cual como se pretende hacer por estos lares: que venezolanos y colombianos hagamos el trabajo -¡de paso!- entre nosotros mismos. Sean los colombianos quienes hagan la guerra y pongan las provocaciones, y sean los venezolanos quienes cuelguen a Chávez, concitador de guerras, mientras ellos (los aliados de siempre), se apropian de los pozos petroleros.

¿Sonó a sueño, a pesadilla fumadora? Probablemente, pero precisamente sobre tal impresión aviesa es que descansa la estrategia que se le diseña al país más inflamado de petróleo en el planeta. La única salida a esta sentencia de guerra hacia cual han entubado a Venezuela y Colombia es la urgente conformación de alianzas internacionales y regionales, de modo que pesen en el interés de quienes miran al interior del continente. La UNASUR y su fuerza de seguridad todavía anda en planes de conformación -esto mismo, por cierto- , es un acelerante de la agresión extranjera.

Hay que apresurar la marcha. De sobra se sabe que un eventual Chávez de la guerra (o defensor de su patria) estará solo en la jugada, acompañado como siempre por la hipocresía solidaria de la ONU y por timoratos países «respetuosos del derecho de los pueblos» incapaces de arriesgar en el fondo una ayuda concreta. Estados Unidos aislará a Venezuela y todos dirán muchas cosas, como siempre, pero no pasará nada, cual Cuba.

Y puestos ya en la tal eventualidad de la agresión y el final aislamiento de Venezuela, no serían los Estados Unidos nada más quienes atacarían, junto a sus perros colombianos de la guerra, soñando con invasiones y expropiaciones: se trata de una movida corporal más inmensa, más acuciada por su necesidad de recursos petroleros, más íntimamente ligada al filón civilizatorio industrial que ve próximo su ocaso. Algo así como Chávez contra el mundo: Estados Unidos, Europa, la ONU, los gobiernos traidores de América Latina (Colombia, Perú, Costa Rica, Panamá, etc) y la camarilla interna lame-botas opositora venezolana, ansiosa de colombianizar a su patria.

Santander emergiendo de su sepultura para terminar de desdibujar la huella de Bolívar. Las cúpulas del poder colocando a los pueblos en sus añosos vagones de tercera clase. ¡Y que ruede el progreso! Si aquello ocurriera, también podría cumplirse la proclama del Che Guevara: «Uno, dos tres Vietnam» y será el fin del imperio.

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Fuente: http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article724