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Este martes, a menos que ocurra alguna sorpresa, será instalada una CPI –Comisión Parlamentaria de Investigación- en el Senado. Será instalada no por decisión del presidente de la Cámara alta, sino por decisión explícita – y dura – del Supremo Tribunal Federal.

Siempre que un cobarde se siente acosado distribuye al aire amenazas que sabe que no podrá cumplir y manotazos que se pierden en el viento.

En 1996, el 17 de abril fue un miércoles. Y al atardecer de aquel día una marcha que reunía a más de dos mil personas –jóvenes, mujeres, hombres, niños y ancianos– fue blanco de fusiles y pistolas de la Policía Militar del estado de Pará, en la región amazónica.

Brasil sigue ahogado en la creciente ola de coronavirus, que diezmó oficialmente más de 335 mil vidas.

En diez años, la guerra civil en Siria, que causó impacto en todo el mundo, provocó 300 mil muertes.

En medio a la tragedia que produce el mayor número de muertes diarias por el coronavirus en todo el mundo –son casi dos muertos por minuto en los últimos 15 días–, Brasil vive una situación insólita, retrato perfecto del caos imperante: el gobierno genocida del ultraderechista Jair Bolsonaro cuenta con dos ministros de Salud.

Por primera vez desde su prisión, en abril de 2016, Lula da Silva hizo un largo pronunciamiento, casi hora y media, mostrando estar en plena forma: abordó un largo abanico de temas y aspectos de la tragedia vivida en Brasil, con énfasis en algunas iniciativas del ultraderechista presidente Jair Bolsonaro y, en especial, relacionadas a la pandemia que diezmó a al menos 270 mil vidas y sigue en ascenso, ahora con la media de dos mil muertes diarias.

El viernes por la noche, se supo.

Son días especialmente enloquecidos en un país sumergido en un caos absolutamente descontrolado.

El mes empezó siendo de vital importancia para el ultraderechista presidente brasileño Jair Bolsonaro, al que le quedan dos años de mandato: es que el 1 de febrero fueron elegidos los nuevos presidentes de la Cámara de Diputados y del Senado.