Juan Torres López | 

En 1989, el economista John Williamson habló por primera vez del «Consenso de Washington» para referirse a las ideas o principios de política económica que debían seguir aquellos países que quisieran ser bien acogidos y apoyados por las instituciones que tienen su sede en la capital estadounidense: Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial o Tesoro de los Estados Unidos. Tales principios constituían la ortodoxia neoliberal que es bien conocida: privatizaciones, disminución de gastos sociales y de impuestos, plena apertura exterior libertad de movimientos de capital, desregulaciones…

Copenhague es un gran ejemplo de los impactos positivos de la peatonalización: obtiene 400.000 euros de beneficios por cada km de carril bici. La mortalidad asociada a la mala calidad del aire destaca en Brescia, Madrid, Bérgamo, Amberes, Karvinà, Turín, Vicenza y París, dentro de la Unión Europea.

Se levanta temprano para ir a trabajar. Frente a la parada del autobús unas personas desayunan en una terraza. Antes de subirse al autobús, observa en los servilleteros del local el nombre de una bebida azucarada. Frente a su puesto de trabajo hay unas personas colocando una lona con publicidad de un coche cuya conducción se nos asegura sostenible.

Los dos principales bancos centrales de las economías capitalistas avanzadas, la Reserva Federal de los Estados Unidos y el Banco Central Europeo (BCE), volvieron a subir sus tasas de interés «políticas» la semana pasada. El tipo de interés político establece el suelo para todas las tasas de endeudamiento en estas economías. Ambos bancos centrales aumentaron sus tasas en otro 0,25 %, por lo que la tasa de la Reserva Federal ahora es del 5,25 % y la del BCE del 3,7 %. Hay que compararlas con solo el 0,25 % y el 0 %, respectivamente, hace dos años.

El Parlamento Europeo aprobó una ley para limitar la importación de productos que procedan de zonas recientemente deforestadas. De cumplirse la normativa, no podrán ingresar a ese continente las carnes, soja, madera, café y palma provenientes de regiones desmontadas. En Argentina se arrasaron siete millones de hectáreas de monte nativo entre 1998 y 2022.

Pablo Jofré Leal | 

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