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Francisco, el Papa peronista

Fuentes: Página 7

La elección de Jorge Bergoglio generó encendidos debates en los medios y las redes sociales. En Argentina, donde nació y vivió Francisco, la discusión fue particularmente álgida. El actual Papa es un declarado opositor de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner y muchos lo ven como quien promovió, sin éxito, la unificación de la […]

La elección de Jorge Bergoglio generó encendidos debates en los medios y las redes sociales. En Argentina, donde nació y vivió Francisco, la discusión fue particularmente álgida. El actual Papa es un declarado opositor de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner y muchos lo ven como quien promovió, sin éxito, la unificación de la oposición. Uno de los temas que enfrentó de manera radical fue la ley de matrimonio igualitario, y fueron varios los gestos de enemistad mutua, que acabaron con los tradicionales tedéums en la catedral porteña. Más aún, existen evidencias de que su papel como jefe de los jesuitas durante la dictadura militar fue de complicidad con el régimen genocida y, para algunos – entre los cuales milita el periodista oficialista Horacio Verbitsky-, hay evidencias de que fue incluso un entregador de dos jesuitas alineados con la teología de la liberación.

No hay dudas que ideológicamente Francisco es un conservador moderado con un fuerte trabajo social, que incluye compromisos con las luchas contra la trata y el trabajo esclavo. Además, desde diversos lados se lo vincula con el peronismo. El Padre Eduardo Pérez recordaba en una entrevista en Página/7 que cuando lo visitó en Buenos Aires a comienzos de los años 80, Bergoglio se identificó como peronista y al jesuita español/boliviano le pareció muy conservador. Pero quien más hizo estos días a favor del nuevo Papa hincha de San Lorenzo fue el premio Nóbel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, quien dijo que aunque no tuvo el coraje para enfrentar a la dictadura tampoco fue un entregador. Posiblemente no haya más evidencias de las que ya salieron a la luz, en caso contrario difícilmente la curia se hubiera lanzado a ponerlo al frente de una iglesia en crisis.

Notablemente, la elección de Francisco fue el primer hecho que divide públicamente al kirchnerismo desde su llegada al poder hace una década. Mientras un sector que incluye a la líder de Madres de Plaza de Mayo Hebe Bonafini, el líder barrial Luis D’Elía, la referente de Abuelas, Estela Carloto, entre muchos otros. consideran a Bergoglio una expresión de la iglesia cómplice de la dictadura -sumado a su cruzada radical contra el matrimonio igualitario- otro sector del gobierno se entusiasma con el «papa peronista». Entre ellos militan el poderoso secretario de Comercio Guillermo Moreno, el vicegobernador de la provincia de Buenos Aires, Gabriel Mariotto, y el referente del Movimiento Evita Emilio Pérsico. Este último declaró, además, que Bergoglio celebró con él una misa secreta para rezar por la salud de Hugo Chávez.

Y a esto se suma el entusiasmo del presidente ecuatoriano Rafael Correa y del «Presidente encargado» Nicolás Maduro, quien se animó a lanzar que fue el propio Chávez que, desde el cielo, incidió el nombramiento del primer Papa latinoamericano. Por eso es difícil sostener la posición de que Francisco es para el «socialismo» latinoamericano lo que Juan Pablo II fue al comunismo del este. Las extrapolaciones parecen exageradas. Primero, por las complejidades del perfil de Bergoglio -lejos de los curas elitistas y antipopulistas que podemos encontrar por ejemplo en Caracas- y segundo porque el programa de los gobiernos nacional-populares está lejos del anticlericalismo. Es verdad que la Iglesia perdió espacio en algunos países, como Bolivia o Argentina, pero no es menos cierto que todos los/las presidentes nacional-populares se oponen al aborto -tema súper sensible en la agenda eclesiástica- y no impulsan el matrimonio igualitario (salvo Cristina Kirchner, que de todos modos , está contra el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo). Por no mencionar al ex revolucionario Daniel Ortega que eliminó el aborto terapéutico en Nicaragua en alianza con la iglesia reaccionaria y anteriormente antisandinista y proContras.

Podríamos sumar también las fuertes relaciones que ya Benedicto XVI estableció con el gobierno cubano para bregar por una transición pacífica en donde la Iglesia vaya ganando espacio, lo que ya comenzó a ocurrir en el ámbito de la política social y el hecho de que la Iglesia es la única organización no estatal con derecho a hacer política en la isla.

Finalmente, los gobiernos populares comparten con la Iglesia la crítica al liberalismo y la necesidad de políticas más incluyentes (la doctrina social de la iglesia). Las relaciones del «populismo» con la iglesia han sido siempre complejas, más allá de lo puramente ideológico, siempre se juegan espacios de poder. Perón en los 40 defendía a capa y espada la educación católica en las escuelas públicas; en los 50 los peronistas quemaban iglesias. Esas tensiones pueden emerger y aminorarse, y no tienen nada que ver con el anticlericalismo de izquierda -que por ejemplo existe en España-. Hoy en día el principal adversario de la iglesia son los evangélicos y posiblemente Francisco maneje con más sutileza sus alianzas y enemistades. ¿Por qué rechazar al católico Correa, por ejemplo, en esta tarea de reconstruir el papel de la Curia?

Habrá que ver. Cristina, que al parecer le negó 14 pedidos de entrevista a Bergoglio, ahora se anotó para verlo primera en el Vaticano. Lo seguro es que Francisco no parece querer pasar a la historia con la imagen de dignidad en la derrota de Benedicto. Para eso es un «papa peronista».

 

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