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Entrevista a Fátima Hernández, activista contra la violencia sexual en Nicaragua

«Las mujeres queremos ser escuchadas»

Fuentes: IPS

Fátima Hernández, la joven nicaragüense violada que batalló para conseguir justicia, ahora se concentra en asistir a mujeres en su misma situación y se prepara para llevar su caso al sistema interamericano de derechos humanos. «Lo que las mujeres reclamamos, gritamos, es que queremos ser escuchadas», dijo Hernández en entrevista con IPS en su oficina […]

Fátima Hernández, la joven nicaragüense violada que batalló para conseguir justicia, ahora se concentra en asistir a mujeres en su misma situación y se prepara para llevar su caso al sistema interamericano de derechos humanos.

«Lo que las mujeres reclamamos, gritamos, es que queremos ser escuchadas», dijo Hernández en entrevista con IPS en su oficina en Managua.

En la noche del 25 de julio de 2009, Hernández, hoy de 24 años, fue violada y golpeada por Farinton Reyes, compañero de trabajo en el Ministerio de Gobernación de Nicaragua. Ella cree que su atacante, cuya familia tiene conexiones con círculos del gobierno del izquierdista Daniel Ortega, le puso una droga en su cerveza para bajar sus defensas.

En un país donde la violencia sexual tiene grados de epidemia y a menudo no se denuncia ni se castiga, Hernández decidió llevar el caso a la justicia a toda costa.

Cumplió 25 días de ayuno, realizó vigilias frente a la Corte Suprema de Justicia y otras instituciones públicas y acudió a los medios de comunicación y a organizaciones de derechos humanos. Logró entonces un juicio que terminó, en junio de 2010, con una sentencia de ocho años de prisión para Reyes.

Pero tras una reducción de la pena ordenada por un tribunal de apelaciones y un pedido de la fiscalía de revisar el proceso por presuntos vicios, la Corte Suprema decidió en julio de 2011 minimizar la pena a cuatro años, al dictaminar que el delito no fue sino un «arrebato» ante el que Hernández tuvo una actitud «permisiva».

Ahora, Hernández sueña con terminar su carrera de derecho, y el año pasado fundó la no gubernamental Asociación de Mujeres Forjadoras «El Pensamiento» para ayudar a otras nicaragüenses a denunciar la violencia de género, una causa a la que piensa dedicar sus esfuerzos.

IPS: ¿Cuál fue su experiencia con la policía y el sistema de justicia?

FÁTIMA HERNÁNDEZ: Por parte de la policía hubo mucha negligencia. Yo pasé hospitalizada mes y medio. La policía estaba parcializada a favor del agresor. Perdieron mi denuncia y les llevó 43 días llevar mis ropas al laboratorio. El día en que denuncié, le solicité al oficial que me hiciera un examen de sangre para ver el tipo de droga que habían echado en mi bebida. Me lo negaron.

El ministerio público (fiscalía) no quería formular la acusación. Decía que no había suficiente prueba, aunque el examen físico mostraba que yo había sido abusada y golpeada.

El abogado que me representó, José Manuel Urbina, no me cobró ni un córdoba. Al fin, después de muchos intentos con varios jueces, logró llevar mi caso a juicio ante un magistrado imparcial. Mi atacante fue condenado a ocho años, pero al apelar, la sentencia se redujo a seis años y después a cuatro.

IPS: La decisión de la Corte Suprema es inapelable en un tribunal nacional. ¿Cuál será su próximo paso?

FH: Se terminó todo. Entonces, tomando en cuenta que acá no se puede hacer nada, estoy trabajando con la (no gubernamental) Comisión Permanente de Derechos Humanos para presentar mi demanda en el sistema interamericano. Sé que es un proceso largo, pero si pude esperar dos años y pico luchando, entonces puedo esperar más para ser escuchada y que se entienda y se reconozca que aquí se me negó la justicia.

IPS: ¿Cuál es la situación de los defensores de derechos humanos en Nicaragua?

FH: De peligro. Un día antes del juicio, iba al programa de radio de mi abogado (en la emisora El Pensamiento) a denunciar mi caso. Cuando bajé del autobús, un hombre me tomó por el cuello y me mostró una fotografía mía. Me dijo que era simplemente una advertencia, que si yo seguía adelante se iba a repetir.

Después del juicio, mientras salía del tribunal, los familiares (de Reyes) me agarraron, y su hermano mayor me golpeó en la cara. Luego de la condena, sus parientes atacaron a mi abogado y a mi familia, y hemos recibido amenazas telefónicas.

El miércoles 5 de octubre asesinaron al hermano de mi abogado, Pablo Urbina, como una represalia por su labor como defensor de derechos humanos. Mi vida y la de mi abogado corren peligro.

IPS: ¿Cómo reaccionaron su familia y su comunidad ante su batalla judicial?

FH: Hubo gente que me rechazó. No podía ni ir con mi mamá al mercado, me señalaban con el dedo: «Ahí va la mentirosa». Y otra parte me apoyaba, me decía que siguiera adelante. Fue raro, porque sentí mucho más el apoyo de hombres que de mujeres. Unas pocas me decían: «estamos con vos, yo soy madre y comprendo tu momento y lo que está pasando».

Mi familia sufrió bastante durante el proceso, viendo que (por las huelgas de hambre) me ponía en peligro para pedir un poco de justicia. Desde el principio me sentí sola. De eso me nació crear esta asociación. Todos los días estoy pendiente de las noticias y cuando veo que sale algo, busco cómo puedo ayudar a la víctima, voy donde está y le digo: «Estoy contigo, la asociación está contigo y no estás sola».

IPS: ¿Cuál es su mensaje a las mujeres y niñas de Nicaragua?

FH: Con este gobierno se ha dado una epidemia de violencia; se ha incrementado en un porcentaje muy alto la violencia, sobre todo con niñas y mujeres. Para nosotras como asociación es preocupante, porque el gobierno no hace nada y no quiere ver lo que está pasando.

Lo que las mujeres reclamamos, gritamos, es que queremos ser escuchadas. Es un desconsuelo total saber que hay un gobierno que discrimina y niega a las niñas, niños y mujeres.

Hay que hacerle saber a mujeres y niñas que es importante romper el silencio y no seguir callando… que las victimas no están solas. Además, el poder de Papá Dios, que es nuestro creador, nos dará fuerza para luchar y romper el silencio.

IPS: Usted debe mirar ahora hacia delante. ¿Con qué sueña?

FH: Bueno, mi mayor sueño es terminar mi carrera de derecho y luego estudiar ciencias de la comunicación.

Siempre estaré trabajando para defender los derechos y la dignidad de las mujeres y niñas que viven en mi país, principalmente las que han sido víctimas de violencia y abusos. Por eso quiero sacar adelante la Asociación de Mujeres Forjadoras, ya que me ha costado formarla, y hoy que ya está activa ha dado respuesta a varias víctimas de mi país.

Fuente: http://ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=99426