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Murio el militante e intelectual argentino Osvaldo Bayer

Palabras para Osvaldo

Fuentes: Contrahegemoniaweb / Rebelión

La muerte de Osvaldo nos golpea a todos/as lo que soñamos con un mundo mejor. En estos días saldrán decenas de notas que rescatan al escritor, intelectual, periodista y nada de lo que se diga será suficiente para valorar esas facetas. Desde Contrahegemonía la primera imagen que queremos alumbrar es la del Osvaldo militante porque […]

La muerte de Osvaldo nos golpea a todos/as lo que soñamos con un mundo mejor.
En estos días saldrán decenas de notas que rescatan al escritor, intelectual, periodista y nada de lo que se diga será suficiente para valorar esas facetas. Desde Contrahegemonía la primera imagen que queremos alumbrar es la del Osvaldo militante porque todas las tareas que emprendió las abordó desde ese lugar, el de generar acciones que rompieran con el olvido, que pusieran cimientos para alimentar batallas, que disputaran el sentido de la memoria entendida como campo de conflicto que se articula inescindiblemente con el presente, porque siempre actuó creyendo -en el mejor sentido de Benjamín- qué sólo a la humanidad redimida pertenece plenamente su pasado.
Se nos aparece Osvaldo en miles de rondas en Plaza de Mayo, en marchas, asambleas, encuentros, discusiones. Aquel de la actitud fraterna con la puerta de su casa de Belgrano siempre abierta a toda hora para cualquier inquietud, propuesta, entrevista. Se nos aparece de la mano de esa otra luchadora imprescindible que es Norita Cortiñas. Se dibuja su imagen alrededor de una mesa en la cátedra de Derechos Humanos de Filosofía y Letras peleando por juicio y castigo en épocas de obediencias debidas e indultos.
Se nos torna hermano en cada enfrentamiento con los dueños del poder y los ejecutores de todas las opresiones que enfrentó sin descanso. Cuando un coro de voces cómplices aplaudían el consenso de no cuestionar nada de la Argentina surgida de la dictadura y demonizaban la violencia de los oprimidos, Osvaldo, con su Severino Di Giovanni y sus polémicas sobre la violencia ponía la nota discordante casi en soledad entre los intelectuales.
Cuando el festejo de lo existente y las posibilidades de cambio apenas remitían a intentar humanizar el capitalismo existente y se ponía esta democracia vacía de igualdad y de derechos cómo todo horizonte, Osvaldo nos recordaba que mientras hubiera pibes que murieran de hambre no se podía hablar de democracia. Cuando distintos miserables de los/as que pululan en las academias se cuidan en cada palabra que pronuncian para no poner en peligro sus becas, publicaciones y diversos carguitos se nos aparece Osvaldo con su enorme entereza y convicción de no negociar jamás una idea por una ventaja personal. Tenaz, digno, firme, detrás de la supuesta dureza de sus frases emergía una infinita ternura por lo mejor de la condición humana.
En las horas que vienen, en los momentos más duros, en aquellos donde aún los más decididos temen y dudan, cuando abrumen las tristezas y nos tiente parar en el camino que hemos elegido, esas imágenes, sus palabras, su ejemplo, sin duda ayudarán para sacar lo mejor de nosotres.