Recomiendo:
0

Perú

¡Simplemente, una desvergüenza…!

Fuentes: Rebelión

Finalmente tuvo lugar en Venezuela la elección de una Asamblea Constituyente, convocada por el Presidente Nicolás Maduro, de acuerdo al artículo 348 de la Carta Magna actualmente en vigencia. Probablemente nunca antes el pueblo de Venezuela se vio ante la necesidad de acudir a las urnas en el marco de tantos apremios: una desenfrenada ola […]

Finalmente tuvo lugar en Venezuela la elección de una Asamblea Constituyente, convocada por el Presidente Nicolás Maduro, de acuerdo al artículo 348 de la Carta Magna actualmente en vigencia.

Probablemente nunca antes el pueblo de Venezuela se vio ante la necesidad de acudir a las urnas en el marco de tantos apremios: una desenfrenada ola terrorista conmueve al país desde abril pasado; y ha dejado ya una dolorosa estela de muerte y destrucción.

Los enemigos de la liberación venezolana, dentro y fuera de ese territorio, achacan esas muertes, al gobierno; ignorando deliberadamente el papel asesino de turbas armadas que colocan explosivos, consuman atentados, incendian hospitales y atacan desde escuelas hasta cuarteles; en el empeño por dar al traste con un proceso que sólo afecta los intereses del Gran Capital y la Oligarquía nativa.

Nunca antes tampoco, los venezolanos han sufrido la tan inmensa, e innoble, campaña exterior, desatada por los grandes medios de comunicación al servicio de los monopolios y el Imperio. La desinformación y la mentira se han diseminado por el mundo en alas de la prensa escrita, radial y televisada, financiada por los grandes capitales.

Pese a todo ello, y a pesar también que las acciones terroristas estuvieron ayer a la orden del día y costaron la vida a varias personas, más del 90% de las mesas electorales y centros de sufragio, funcionaron en todo el territorio venezolano.

Con el sistema de voto voluntario -y no obligatorio, que regula por ejemplo el sufragio en nuestro país- casi el 42% de los ciudadanos en edad de votar, concurrieron a las ánforas, y optaron por sus preferencias electorales. 8 millones 800 mil ciudadanos siguieron las pautas del proceso bolivariano y aceptaron la Constituyente como una real alternativa de paz.

Es bueno recordar que, en el Perú por ejemplo pese a la obligatoriedad del sufragio, el 55% del electorado votó en blanco, vició su voto, o simplemente se abstuvo de concurrir a las urnas. En los recientes comicios celebrados en Francia, apenas el 35% del electorado concurrió al sufragio., Los casi 9 millones de votantes venezolanos superaron, en cambio, el número de electores que sufragó en los comicios legislativos anteriores, aquellos que extendieron la partida de nacimiento al actual Parlamento Venezolano, en el que pulula la reacción.

Aunque ayer -tarde y noche- la CNN se vio forzada a admitir que hubo una masiva concurrencia ciudadana a los centros de votación, el monocorde mensaje de la prensa nacional hoy, asegura que los votantes acudieron a los centros de votación «obligados por el gobierno», y que la concurrencia se explica por «el miedo».

Con verdadero descaro, los medios insertan la foto del atentado consumado contra patrullas motorizadas de la Guardia Nacional Bolivariana, que dejara el saldo de 7 custodios seriamente heridos; pero atribuyen el hecho no a sus ejecutores, sino «al clima de violencia que impera en el país por el rechazo popular al régimen de Maduro».

De este modo, se niegan a reconocer el carácter terrorista de la acción ocurrida en la zona de Altamira, ocultan el hecho que sus autores fueron los integrantes de los grupos sediciosos que se alzan contra el proceso bolivariano, y que las víctimas fueron nuevamente los defensores del Mensaje del Libertador. Con desparpajo inaudito, suman voces acusando al gobierno de Maduro de «llenar de sangre» las calles de Caracas.

La desvergüenza, sin embargo, no vino sólo por vía de la «Prensa Grande». La Cancillería peruana hizo lo suyo, y apechugó pundonorosamente en favor de la reacción.

El anuncio de Torre Tagle conocido la noche de ayer, no tiene sentido alguno. Es, por cierto, un paso en falso; e implica la negación del sustento de una Política Internacional universalmente admitida. En términos reales, constituye la negación de la Doctrina Porras, sustentada en el respeto a los principios de Auto-determinación de los Pueblos, y la No Injerencia en los asuntos internos de los Estados.

Esta Doctrina, sustentada por quien fuera reconocido en el concierto mundial como «El Canciller de la Dignidad», fue parte esencial de la posición peruana en los últimos cincuenta años y es piedra angular de las relaciones entre Estados y Pueblos.

No es al Perú -ni a su gobierno- al que compete reconocer la Constituyente Venezolana. Es esa una acción circunscrita al pueblo venezolano. Sólo él puede decidir el manejo de lo que constituye verdaderamente su política interna.

Pongamos las cosas en otro esquema: Si Ollanta Humala, que juró el 2011 por la Constitución del 79 y no la del 92 -la Constitución Fujimorista-, hubiera optado por convocar ese mismo año una Constituyente para cambiar la Carta Magna proveniente de la dictadura, ¿no habría sido eso un acto de política interna que competiría exclusivamente a los peruanos? ¿o es que la Mafia Fujimorista se hubiera atrevido a poner el grito en el cielo para «defender» su espuria Carta y hubiera pretendido hacer un escándalo internacional por esa causa?

Tampoco, por cierto, al Perú le compete «convocar» a cancilleres de otros países para tratar temas internos de un tercer país. En todo caso, esa podría ser la función de la OEA que es un organismo supra nacional, aunque no represente realmente a los pueblos de América.

Lo que ocurre es que «la Carta de la OEA» ya falló. Luis Almagro, fue simplemente un fiasco, y no pudo lograr que los países integrantes de ese Foro se sumen mayoritariamente a su política de guerra contra Venezuela. Y eso, el Imperio lo sabe. Por eso prefiere valerse de un gobierno, y usa al de PPK como taparrabo.

La Casa Blanca pretende «coordinar» una acción regional contra la Venezuela Bolivariana y alentar una agresión armada «multinacional» contra ese país. Ya hoy conocidos gonfaloneros de la política yanqui -aquí y en otras partes- insisten en sostener que «lo único que queda» es una «intervención armada contra el régimen de Maduro». Y manos les han de faltar para aplaudir, si ella ocurriera.

La ya pregonada reunión del 8 de agosto en Lima será sin duda un cónclave guerrerista contra el pueblo de Venezuela. Y no contará, en absoluto, con el apoyo del país, ni de la población. Los enemigos de Venezuela batirán palmas, sin duda, porque para ellos la guerra constituye un negocio militar, económico y político; pero el pueblo peruano sabe que nada habrá de sacar de un enfrentamiento entre pueblos hermanos. Por lo demás, los vínculos que unen a los peruanos con la Patria de Bolívar, son mucho más fuertes y grandes que el odio que el Imperio siente por la justicia por la paz.

Gustavo Espinoza M es miembro del Colectivo de Dirección de Nuestra Bandera. http://nuestrabandera.lamula.pe

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.