Aquel 11 de abril del 2002, el día que amaneció de golpe, y las 47 horas posteriores, no las podré olvidar jamás. En ese entonces yo era presidente de la APEX, la Asociación de Periodistas Extranjeros, y a primera hora de la mañana los colegas estaban desesperados por encontrar la información que los medios locales, cartelizadamente, negaban.