Daniel Campione

Artículos

En el oficialismo argentino se han visto en apuros para la justificación de que el liderazgo de la ultraderecha venezolana haya sido dejado de lado sin remilgos por el presidente norteamericano.

En aprovechamiento de la inminencia del fin de año, el presidente Javier Milei emitió un decreto de necesidad y urgencia (DNU) el 31 de diciembre al atardecer. El mismo reforma la estructura de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE), le asigna nuevas facultades y da nuevas posibilidades de interacción con las fuerzas armadas y de “seguridad”. Otro avance del poder represivo del Estado, que podría incluso saltearse leyes y hasta la Constitución Nacional.

El año que pasó se manifestó pletórico de alternativas cambiantes, desde abajo y desde arriba. El próximo puede ser trascendente en cuanto al fracaso o el “éxito” del avance privatista y desregulador que arrastra contradicciones que amenazan sus expectativas de avance de sus destructivos planes en un contexto de ampliación de alianzas y calles de apariencia tranquila.

Una movilización callejera que dejó que desear y movimientos en el congreso que todavía no arribaron a definiciones han marcado el pulso político de estos días. Están en curso combates decisivos de cuya definición dependen aspectos importantes del desenvolvimiento de la sociedad argentina.

Después de las elecciones del pasado 26 de octubre se necesitan propuestas de acción eficaces. El gobierno de extrema derecha avanza y profundiza sus lazos con los factores de poder locales e internacionales. Es hora de respuestas que no se ciñan a contener el ataque sino que se proyecten a la recuperación de la iniciativa popular.

Aconteció allá por fines de la década de 1990. Néstor Kohan, por entonces joven exponente de la filosofía marxista, comenzó a convocar para un proyecto a algunos amigos o conocidos, con experiencia o al menos vocación en la tarea editorial y la militancia intelectual y política como rasgo común. El objetivo, reflotar La Rosa Blindada. No la revista, sino la editora de libros. Contaba con la anuencia del mentor de aquella experiencia, José Luis Mangieri.

El Congreso Nacional y la legislatura bonaerense han sido sede de sendas muestras de que allí anidan variados intereses y voluntades sectoriales. Lo que escasea mucho es la vocación por hacer resonar en los recintos parlamentarios la voluntad del pueblo. Así como la intención no sobornable de hacer desde allí la crítica de las demasías de los poderes extraparlamentarios.

Después de las elecciones del pasado 26 de octubre debe abrirse un período de reflexión que se proyecte con rapidez en propuestas de acción eficaces. El gobierno de extrema derecha busca ampliar y profundizar su ofensiva. Es hora de respuestas que no se limiten a contener el ataque sino que se proyecten a la recuperación de la iniciativa popular.

La línea de análisis de Carl Schmitt no debe ser desechada por sus principios reaccionarios, que no trató de disimular. Efectuamos aquí algunas muy sucintas reflexiones acerca de su visión del mundo de la política. Las han suscitado la lectura y comentario reciente de un libro riguroso y oportuno.

El 20 de noviembre de 1975, luego de un prolongado esfuerzo para mantenerlo con vida el mayor tiempo posible moría Francisco Franco. Se extinguía así el titular de cuarenta años de dictadura. Se cumple medio siglo de ese deceso

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