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América Latina 2009

Fuentes: Rebelión

Al cierre del año 2009, y a unos meses del asenso a la presidencia de los EUA de Barack Obama, ¿qué balance se puede hacer en la relación del gobierno de Washington y los países de América Latina? Casi al inicio de su gestión, Obama dio un discurso en tierra latinoamericana, en el cual ofreció […]

Al cierre del año 2009, y a unos meses del asenso a la presidencia de los EUA de Barack Obama, ¿qué balance se puede hacer en la relación del gobierno de Washington y los países de América Latina?

Casi al inicio de su gestión, Obama dio un discurso en tierra latinoamericana, en el cual ofreció una nueva política entre el gobierno de los EUA y los países de la región. Muchos observadores y críticos afirmaron que se trataba del inicio de una nueva era, la cual traería cambios sustanciales a favor de un acercamiento y que quedaría lejos la política de dominio y sometimiento que ha caracterizado esta relación.

Sin embargo, las expectativas creadas en torno a esa posibilidad pronto se diluyeron. Las acciones propias del imperio, sobre las cuales se llegó a creer que habían pasado a la historia, reaparecieron en la escena política de América Latina en una reedición de los viejos golpes de Estado. En esta ocasión, y para abrir el siglo y el milenio, le tocó a Honduras ser el protagonista de esta nueva ola de avances de la derecha latinoamericana apoyada por el gobierno estadounidense.

El derrocamiento del presidente Manuel Zelaya por parte de la oligarquía, el ejército hondureño y con el apoyo de los grupos de la derecha ultraconservadora de los EUA, entre los que tuvo un papel destacado la secretaria de Estado Hillary Clinton, quien estuvo al pendiente de lo que ocurría en el país centroamericano tanto antes como después del golpe e impulsó el acuerdo de San José, encabezado por el presidente de Costa Rica, Oscar Arias, con el que solo prolongaron la solución pacífica que había sugerido la comunidad internacional y de esa manera dar tiempo a los golpistas para afianzarse en el poder, fue el primer movimiento en la era Obama que nos indicó cual sería la verdadera actitud del nuevo presidente.

Para continuar con el desengaño, y frente a quienes aun se resistían a creer que el imperio rompería con la esperanza de tener como buenos vecinos a los países que habitan al sur de su frontera, se dio a conocer que el gobierno de Colombia, dirigido por el presidente Álvaro Uribe firmó un acuerdo con el gobierno de los EUA en el cual se le otorga el permiso para instalar y operar 7 bases militares en su territorio. Estos «Siete puñales en el corazón de América Latina», tal y como los llamó Fidel Castro, y que a su decir significan una anexión de Colombia al imperio, tienen la intensión de establecer un área de dominio y control estratégico-militar en la región, con la cual estarían tendiendo un cerco a los países de la ALBA, encabezados por Venezuela, Cuba, Bolivia y Ecuador, países cuyos gobiernos representan (a 200 años de las guerras por su independencia de las colonias europeas), el resurgimiento de la conciencia latinoamericana en la región. Incluimos claro al recién electo y futuro gobierno de Uruguay.

La instalación de esas 7 bases en Colombia no para ahí, en su artículo «A 20 años de la invasión de EU a Panamá», (La Jornada, 26-XII-2009, p. 20), el profesor Jorge Turner afirma que existe un acuerdo para instalar cuatro bases militares de EUA en territorio panameño y afirma que «La fiebre imperialista de Washington de instalar sus bases militares por todos los lugares posibles de América Latina es quizá la amenaza directa más grave a nuestras soberanías…»

Frente a estos y muchos otros hechos podemos observar que la tendencia del gobierno estadounidense es la de imponer su dominio expansionista y que sus proyectos son, para variar, los de no permitir que los países de latinoamérica alcancen su independencia y soberanía, ya que ello significa perder los privilegios e interese económicos, sociales y políticos que tiene en la región. Sin embargo, el resurgimiento de la conciencia latinoamericana no se queda atrás y, frente a esas embestidas del imperio, ha cuestionado y denunciado en diversas ocasiones y foros la actitud intimidatoria y los movimientos militares de EUA contra la organización de los países de la región, tal es el caso de la prohibición a futuro de bases militares en el espacio geográfico suramericano, acordado por cancilleres y ministros de la Defensa de Unasur.

El cierre del año no nos deja muy esperanzados acerca de un cambio positivo en la relación del gobierno de los EUA con los países de América Latina. Lejos de eso se vislumbran fuertes embates, amenazas, confrontaciones e intentos por parte de los estadounidenses por retomar el control y el dominio en la región.

Para terminar citamos las palabras del profesor Jorge Turner que resumen la visión y acción que los latinoamericanistas tendrán que asumir en los tiempos por venir:

«Pero la hermosa aspiración a una América Latina libre de bases militares debe ser no sólo a futuro, sino también referirse a los lugares ya cedidos e igualmente debe abarcar al subcontinente. Es un planteamiento que concierne a todos nuestros países sin excepción y que exige muchas movilizaciones y la creación de una conciencia indoblegable sobre la importancia de afianzar la independencia en la Patria Grande».

Rebelión ha publicado este artículo con permiso del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.