La actual agresión israelí contra la población palestina demuestra que los acuerdos de normalización no tienen nada que ver con la paz.
La actual agresión israelí contra la población palestina demuestra que los acuerdos de normalización no tienen nada que ver con la paz.
No, el conflicto palestino–israelí no es un conflicto sin más. Es la historia de una ocupación ilegal por parte de Israel y de unas políticas discriminatorias que suponen, de facto, un apartheid contra la población palestina. Así lo han denunciado este año organizaciones de prestigio como Human Rights Watch o la organización israelí de derechos humanos B’tselem. Por eso centrar el foco exclusivamente en Gaza es contar solo una de las partes de ese mal llamado conflicto.
Israel no está ejerciendo su “derecho a la autodefensa” en los territorios palestinos ocupados. Está llevando a cabo un asesinato masivo, con la ayuda y complicidad de Estados Unidos.
Uno de los aspectos más interesantes de la Guerra de Yom Kippur (1973) fue que marcó un cambio repentino de la maníaca «arrogancia» israelí a la melancolía, la apatía y la depresión.