Si en 1965 EE.UU hubiera votado en contra de la resolución de las Naciones Unidas que incluía el Sáhara Occidental en la lista de Territorios no autónomos, a los que es aplicable la doctrina de la libre determinación, nada podríamos haberle objetado a ese voto. Si hubiera reconocido la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, en el año 1970, habríamos entendido que, a juicio de EE.UU, de acuerdo a sus intereses nacionales, o de acuerdo a su interpretación de la legalidad internacional, el territorio es marroquí. Si la decisión se hubiera adoptado en el año 1990 o en el 2010, habríamos sacado la misma conclusión.