La ola de protestas va a aumentar, y no sólo por el coronavirus, sino porque los ricos han roto el contrato social. Forjando planes de rescate que favorecen a las empresas y a los millonarios, la élite política estadounidense está jugando con fuego durante una pandemia en la que los obreros se ven obligados a trabajar en condiciones que ponen en peligro sus vidas.
Categoría: EE.UU.
«Muchos de nosotros, en Estados Unidos, estamos preocupados por la posibilidad de que nuestros sistemas sanitarios se saturen. Mucho se ha hablado sobre bajar la curva de contagio. ¿Qué significa esto? No implica necesariamente curar la enfermedad, pero sí evita que se saturen los hospitales.»
Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo
Desviando la atención de su eventual fracaso en el combate al coronavirus, el presidente estadounidense Donald Trump anunció un nuevo operativo militar “antinarcóticos” en Latinoamérica y el Caribe, para luchar contra lo que afirmó es una creciente amenaza de narcotraficantes y terroristas buscando aprovecharse de la crisis provocada por la pandemia.
Iniciativas de «ayuda mutua» -donde el apoyo está organizado horizontalmente para beneficiar a todos los participantes– están brotando en diversas esquinas del país, y con ello florece esa solidaridad que suele aparecer ante actos catastróficos para una sociedad. Son respuestas colectivas basadas en la lección básica de esta pandemia; lo que hacen todos y cada quien afecta a todos los demás.
En plena pandemia del COVID-19, con un panorama económico que hace enfrentar al mundo a una profunda recesión, la conducta de personajes como el presidente estadounidense y su administración, contra los pueblos de Venezuela, Cuba e Irán, principalmente, obligan a denunciar esta conducta criminal y repulsiva, que representa la naturaleza de los gobiernos de Estados Unidos.
No fue Trump, no fue debido a una guerra, no fue debido a una crisis económica mundial, uno de los golpes más fuertes que han recibido los inmigrantes en este año 2020, lo ha venido a propinar una pandemia.
El bloqueo a Cuba y Venezuela es un crimen de lesa humanidad que merece el castigo de la Corte Internacional de Justicia y la protesta de las naciones del continente.
Mientras que el coronavirus se propaga por EE.UU., el servicio postal desempeña un papel esencial -mantener las relaciones en el país- protegiendo a sus trabajadores y clientes. Y esto no se limita a la desinfección o al distanciamiento social: hace tiempo que muchas oficinas de correos no tienen suficiente personal y el coronavirus está empujando a una mano de obra sobrecargada hacia el punto de ruptura.
En Estados Unidos la epidemia causada por el coronavirus ha puesto de manifiesto la improcedencia de dejar la salud a merced del libre mercado y la necesidad de que el Estado asuma su responsabilidad básica en esta materia, lo que hasta ahora es una asignatura pendiente para la superpotencia.