El ataque por parte de Estados Unidos e Israel contra Irán observado el pasado 28 de febrero del 2026, constituye un nuevo episodio que viene a desestabilizar a la ya convulsa región de Oriente Medio y al mundo en general, con consecuencias imprevisibles de muy diversa índole.
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Los científicos atómicos señalaron, en enero de 2026, que estamos a 85 segundos de la medianoche ante las amenazas de una guerra nuclear y por el cambio climático.
Hace unos meses escribí un artículo sobre la obsolescencia programada, un pilar clave del capitalismo pues los fabricantes crean productos que caducan al tiempo para que los consumidores vuelvan a comprar otros más nuevos y eso es prácticamente lo que sucede con la ONU, que después de 80 años necesita una remodelación pues ya está caducada.
A catorce días de comenzada la guerra, lo único que parece estar funcionando de acuerdo al plan de la Liga Epstein es la desinformación. El resto son conjeturas, lecturas de entre líneas, transversales que contradicen todo el tiempo el relato oficial, de Washington y la Foca Gangosa al mando.
Se invoca la democracia como legitimidad moral en la guerra, mientras que la autoridad de Irán descansa sobre unas complejas bases políticas, religiosas e históricas.
La guerra la libran cada vez personas y cada vez más algoritmos. En Irán vemos que la inteligencia artificial acelera el ritmo de destrucción a una velocidad sin precedentes, con todos los problemas morales que ello conlleva.