Mientras nos dejamos abducir por la final del Campeonato Mundial de Fútbol 2026, que convocará o convocó, el detalle del tiempo verbal no importa demasiado, la atención, preocupación y tensión de más de 1.800 millones de personas, pasan por debajo de todos los radares la noticia de que una vez más en el naufragio de dos embarcaciones, en algún lugar no determinado del mar de Andamán, frente a las costas de Birmania, se haya tragado la vida de unas quinientas personas, un número insignificante frente a la magnitud de televidentes de la gran final entre Argentina y España.
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A poco de cumplirse cinco años de la victoria militar de los alibanes, sellada con la entrada a Kabul el 15 de agosto del 2021, después de una de las más portentosas lecciones de entereza y patriotismo, tras veinte años de resistencia contra la presencia norteamericana en su territorio, parece que el gobierno de los mullah no ha podido mantener aquella mística que forjó una unidad inquebrantable y los vicios de la política corriente han comenzado a corroer su “espíritu de cuerpo”.
A la memoria del gran Sócrates, mediocampista brasileño y a otros tantos brillantes jugadores socialistas.
La política rusofóbica, diseñada por Estados Unidos y los países de Europa Occidental, con el apoyo de todos los medios de comunicación hegemónicos, se ha incrementado en los últimos años con el afán de difamar y tratar de destruir a la Federación de Rusia.
La fase marítima del ejercicio conjunto chino-ruso «Joint Sea-2026» concluyó el sábado, marcando la primera vez que submarinos de las armadas china y rusa aparecen juntos en una misma imagen durante las maniobras, según China Bugle, cuenta oficial de prensa afiliada al centro de noticias del Ejército Popular de Liberación de China (EPL).