Quince años después del asesinato de Muammar Gadaffi, Libia no es solo un país fragmentado, es un espacio clave donde confluyen las guerras del Sahel, la devastación sudanesa y la securitización europea del Mediterráneo. Lejos de un conflicto aislado, el territorio libio funciona como nodo central de un sistema regional basado en la gestión del desorden.