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Perú

Contraste del movimiento popular

Fuentes: Rebelión

De modo general debe admitirse que el resultado de los comicios del pasado 26 de enero, constituyó un verdadero contraste para el movimiento popular. No solo por lo que significó para lo que comúnmente se denomina la «izquierda», que tuvo resultados peores que los esperados; sino también por la ausencia de propuestas razonables esbozadas en […]

De modo general debe admitirse que el resultado de los comicios del pasado 26 de enero, constituyó un verdadero contraste para el movimiento popular.

No solo por lo que significó para lo que comúnmente se denomina la «izquierda», que tuvo resultados peores que los esperados; sino también por la ausencia de propuestas razonables esbozadas en la campaña, y la carencia de liderazgos solventes, que pudiesen permitirnos avizorar el porvenir inmediato, sin preocupaciones mayores.

La debilidad extrema de las organizaciones políticas, la dispersión de las fuerzas empeñadas en obtener el apoyo ciudadano y la falta de iniciativas para enfrentar la crisis; finalmente dieron fruto, de tal modo que tendremos adelante un Congreso débil, precario y frágil, sin capacidad de respuesta, y sin fuerza para afrontar los retos de la ciudadanía. Y hay, por cierto, interrogantes que deben enfrentarse sin tapujos. Veamos:

¿Por qué fracasó nuevamente la izquierda?. Lo fácil, es responder que por falta de unidad. En efecto, solo sumando las fuerzas autodenominadas de izquierda, de acuerdo a los datos oficiales, se acumuló un total de 1’869,272 al 99% de los cómputos. Si a esos votos, les sumamos los de Democracia Directa, que también se considera de izquierda, la cifra se elevará a 2’356,312 . Estos guarismos, por si solos, habrían bastado para colocar a la Izquierda delante de todos los competidores de distinto signo. Baste recordar, efecto, que el Partido que ganó la contienda -Acción Popular- acumuló solamente 1’341,323 votos.

Con las cifras alcanzadas por los conglomerados de la Izquierda, ésta habría podido obtener no menos de 51 plazas, acreditándose muy largamente como la primera fuerza política en el Parlamento Nacional.

Debiera responderse entonces, a un segundo cuestionamiento. ¿Por qué no se hizo la unidad?. No se requiere de largas disquisiciones para responder a este interrogante: No se hizo la unidad, porque no se quiso hacer. Y es que pareciera incubada en muchos líderes de la Izquierda la idea que «más vale solo, que mal acompañado». Tras la frase, se encubre sin embargo un interés subalterno: si hay unidad, habrá una sola lista parlamentaria; y una sola lista, no alcanza para todos los dirigentes que quieren ser candidatos. Para que todos pueden cumplir con tal propósito, debe registrarse varias listas. La unidad, estorba. La dispersión, ayuda

Otro tema es, por cierto, la insurgencia del FREPAP y la UPP, que obtuvieron una nutrida representación congresal. El Pescadito representa un movimiento de corte religioso, pero no tiene unidad política. Por eso, en los 90, alguno de sus representantes se alinearon con el fujimorismo, y otros no. Por eso habrá parlamentarios de ese signo, que coincidan con posiciones «radicales», y otros más bien «moderados». Para juzgarlo, al FREPAP hay que verlo en el camino, y al calor de los problemas concretos. Lo claro, es que su electorado, es popular; y, por lo tanto, está identificado con los segmentos marginados y descontentos que bien podría sufragar por la izquierda, si esta tuviera un mensaje lúcido.

El cuanto a la UPP, la situación es distinta. El Etnocacerismo puede tener una base radical y un sustento insurgente; pero anida concepciones erróneas referidas al escenario social. La lucha no es racial, ni se afirma entre blancos y cobrizos; ni los delitos amainan con penas letales. Eso, podría sostenerlo sólo un tiranuelo de Singapur, pero no quien se precie de sustentar conceptos avanzados. Eso último, podría ser la carta de dirigentes de la UPP si intentaran ser un Partido, y no un vientre de alquiler. También en el tema, habrá que remitirse a los hechos.

Lo demás, es más simple. Los grandes derrotados, han sido los que buscaron imponer un lenguaje de odio recurriendo al anticomunismo más huachafo y obsoleto. Desde Rosa Bartra hasta Mauricio Mulder, pasando por López Aliaga, Yenny Vilcatoma, Juan Shepupt, Heresi o Violeta; han sufrido el más clamoroso desprecio del electorado. Hoy, ni siquiera merece ocuparse de ellos.

Lo importante, en la perspectiva, es extraer las lecciones de la experiencia vivida. Hay que construir la Unidad a cualquier precio. Tampoco, cualquier Unidad. Hay que forjar una que se sustente en la realidad, pero también en un programa concreto con propuestas sensatas. Y hay que asegurar que la base esencial de esa Unidad, sea política, y no electoral, aunque tenga al frente el proceso del 2021 que comenzará en octubre de este año. Y, claro, hay que depurar a las organizaciones de izquierda para que, finalmente, se libren de los oportunistas y electoreros.

Ellos distorsionan todo, incluso la Mitología. Creen que ser como Jano, es mirar un poco a la derecha y otro poco a la izquierda, para acomodarse mejor. Y no es así. De acuerdo a la leyenda, Jano tenía la virtud de mirar doblemente. Pero no a la derecha y a la izquierda, sino atrás y adelante. Es decir, mirar el pasado para recoger enseñanzas de la vida, y otear el porvenir, y así forjar el futuro.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.