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Ecuador como motor intelectual de Latinoamérica

Fuentes: Rebelión

«Lo que conduce y mueve al mundo no son las máquinas sino las ideas«. Víctor Hugo Es muy factible que Ecuador asuma un liderazgo, intelectual y práctico, decisivo para la región. Todo parece estar en su favor. La Revolución Ciudadana ratificó su mandato con el presidente Rafael Correa a la cabeza y con eso ordenó […]

«Lo que conduce y mueve al mundo no son las máquinas sino las ideas«. Víctor Hugo

Es muy factible que Ecuador asuma un liderazgo, intelectual y práctico, decisivo para la región. Todo parece estar en su favor. La Revolución Ciudadana ratificó su mandato con el presidente Rafael Correa a la cabeza y con eso ordenó profundizar todos esos proyectos que resuelvan, en el país, centurias de atrasos; que sintonicen el desarrollo con las condiciones objetivas actuales y que, especialmente, afirmen iniciativas de vanguardia en el despegue industrial, el fortalecimiento de la actividad agrícola-ganadera y el desarrollo científico e intelectual que el país requiere para dar saltos exponenciales, en cantidad y en calidad, durante los años próximos. «Extraordinariamente bien y extraordinariamente rápido»

Están a favor las condiciones que el pueblo ecuatoriano ha construido con la reelección de Correa y con la conquista de la mayoría en la Asamblea Nacional… están a favor las condiciones, porque en el propio pueblo ecuatoriano, se alienta la idea de transformar al país para que sea un motor intelectual del continente y polo para el impulso de las ideas necesarias en la profundización de los logros revolucionarios y en el ensanchamiento de los horizontes nuevos que presenta la región, no sin los estorbos y acosos del capitalismo en su crisis prolongada.

Con base en sus herencias culturales más profundas, afianzado en el talento artístico, tecnológico y científico que ha sabido sobrevivir contra las adversidades que la burguesía insiste en imponer a los pueblos, Ecuador hoy tiene, del dicho al hecho, una serie de oportunidades en las que se conjugan los saberes ancestrales de sus pueblos originarios y los hallazgos contemporáneos más significativos en las vanguardias emancipadoras que, además contribuir a derrotar al capitalismo, aportan teoría y práctica fundamental en la construcción del socialismo. Oportunidad extraordinaria para alentar una vanguardia clave, desde abajo. Que la conciencia dirija el desarrollo de las fuerzas productivas.

En el escenario latinoamericano actual, Ecuador juega un papel referencial que crece, vertiginosamente, impulsado por sus avances democratizadores; sus avances en justicia social; sus logros en igualdad y reivindicación de los derechos humanos. Todo al lado de una política internacionalista empeñada en la integración de los pueblos y en garantizar el «cambio de época» sin reflujo. Ese papel central que Ecuador representa tiene, además, la solidaridad de los pueblos que han presenciado y apoyado cada uno de los avances, sin dejar de mirar, crítica y solidariamente, la urgencia de abordar, sin burocratismos, lo que ha salido mal y lo que falta por hacer en el periodo actual. Y eso es urgente.

No es un asunto al margen, la bancarrota intelectual de la «derecha». Su «pensamiento», que ha venido eclipsándose ante el avance de los movimientos democráticos nacientes, produce desesperación en la derecha que se refugia bajo las enaguas de los monopolios mediáticos para reducir sus militancias a elixires de rating. Esa bancarrota intelectual de la de por sí pobre inteligencia de la derecha, ha generado fenómenos sin precedentes con costos políticos preocupantes porque se dedica a invisibilizar su «anemia intelectual» con estereotipos ideológicos nazi-fascistas. Y los casos se repiten, territorialmente, con ansias golpistas y tufos magnicidas.

Esto da mayor sentido a la posibilidad de impulsar un Motor Intelectual nuevo en Latinoamérica y ensancha una responsabilidad de primer orden, ambas históricas para el continente y en especial para Ecuador, como emergente líder en las Batalla de las Ideas. Y es que Ecuador tiene todo para sistematizar minuciosamente un programa y una convocatoria internacionalista hacia una corriente de ideas emancipadoras y humanistas del siglo XXI. Tiene todo para apuntalar un liderazgo de nuevo género que, sin competencias fatuas, comparta con otros liderazgos continentales el avance decisivo de los pueblos y el re-aseguro de los recursos naturales, las democracias y la paz de nuestro continente.

Semejante programa y convocatoria, debiera ofrecer, principalmente, a los jóvenes de la región, un espacio de pensamiento, orientación y organización teórico-práctica, indispensable para superar las ofensivas burguesas que usan, contra los pueblos, máquinas de guerra ideológica. Una corriente de pensamiento que despegue, desde Ecuador, hacia una plataforma continental de pensamiento revolucionario al servicio de la acción revolucionaria. Un «cambio de época», para las ideas también. No es mala idea.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.