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El Foro de Sao Paulo visto desde aquí, y desde ahora

Fuentes: Rebelión

Podría considerarse que el Foro de Sao Paulo, un evento que concita el interés de millones en diversas latitudes de nuestros hemisferio, no guarda relación -en lo específico- con el proceso peruano. Y es que, en efecto, un certamen que analiza en grandes líneas el escenario continental y sus nexos con la crisis de la […]

Podría considerarse que el Foro de Sao Paulo, un evento que concita el interés de millones en diversas latitudes de nuestros hemisferio, no guarda relación -en lo específico- con el proceso peruano.

Y es que, en efecto, un certamen que analiza en grandes líneas el escenario continental y sus nexos con la crisis de la dominación capitalista, no habrá de detenerse en lo preciso, en lo que ocurre en un país como el nuestro, en el que se encuentran -y compiten- diversas fuerzas, algunas de las cuales tienen intereses contrapuestos, y otras no.

Pero eso, no es así. Y comienza a comprenderse de manera concreta en el marco de los debates ocurridos recientemente en La Habana, ciudad en la que se celebrara el XXIV Encuentro de las organizaciones políticas y sociales de nuestro continente.

650 delegados de 52 países en representación de algo más de 200 instituciones y organizaciones entre Partidos Políticos, Sindicatos, gremios, instituciones y colectivos, que así obraron, pudieron comprobarlo. 31 peruanos formaron parte de ese escenario y aportaron con reflexiones e ideas al análisis de los problemas a de nuestro tiempo.

Bien podría decirse que el solo hecho que este evento haya tenido lugar en la capital cubana, ya plantea una relación viva: la que une a nuestros dos pueblos -el cubano y el peruano- cuya amistad se tiñó de sangre en dos grandes jornadas de la historia. En 1824, en la batalla de Ayacucho, combatieron cubanos por nuestra causa; y en las últimas décadas del siglo XIX, Leoncio y Grocio Prado tomaron las armas en procura de la Independencia de Cuba.

Pero la sangre que nos hermanó, no fue vertida solamente en los campos de batalla. Fidel aportó la suya, cuando la tragedia de mayo de 1970 ensombreció el territorio patrio; y Elpidio Beróvides -un modesto trabajador cubano- dejó la que corría por sus venas, en la sierra de La Libertad, en aciagas circunstancias.

Pero incluso al margen de los hechos puntuales, Cuba, su pueblo, y su proceso revolucionario, asoman ante los ojos de todos, como la expresión de una causa que se comparte en cada esquina de América y el mundo. Y es que en todas partes, el ejemplo de Cuba -su heroísmo y su grandeza- asoman estrechamente ligados al corazón de los pueblos.

Pero más allá de los recuerdos de la historia, bien puede aludirse a cuatro elementos concretos que formaron parte del debate del Foro, y que están directamente vinculados al escenario peruano. El primero de ellos se refiere por cierto, a la Unidad que debe construirse en cada país -y también en el nuestro- para avanzar en el camino nacional liberador.

La Unidad ha sido la herramienta decisiva que explica la supervivencia de la Revolución Cubana en el contexto de la más dura confrontación que asomó en nuestro continente hace sesenta años, cuando los compatriotas de Martí se alzaron contra el dominio de las camarillas locales y el Poder del Imperio.

La Unidad no sólo le permitió a Cuba resistir, sino también avanzar en las más complejas condiciones de la lucha. Y se tornó así en el principal aporte que entrega Cuba a todos los que quieran caminar por la misma ruta.

El segundo elemento clave, ha sido la capacidad de luchar. La voluntad de mantener siempre enhiesta una bandera, y tornarla inclaudicable. Esa idea, sólo puede afirmarla quien nació de la lucha, e hizo de ella su herramienta de victoria. Quienes así obran, son los que entienden, en la hora decisiva, que la liberación de los pueblo no cae del cielo, ni está sembrada en la tierra. Que hay que construirla día a día y esforzadamente, con inmensos sacrificios.

Un pueblo que no lucha, no sólo que no merece lograr sus objetivos libertarios, sino que, de hecho, nunca habrá de alcanzarlos. Y es que, en efecto, sólo la acción decisiva, es garantía de victoria. Y esto en pequeño, lo sabemos todos en cada una de nuestras experiencia de combate. Lo importante es generalizar la experiencia para que haga carne una consigna que se grita muy frecuentemente y hasta de modo inadvertido: sin luchas, no hay victorias

El tercer elemento es la visión internacionalista de los procesos sociales. Parafraseando a Mariátegui, los peruanos de hoy podemos decir que nuestra realidad está mucho más relacionada de lo que algunos creen, con el escenario mundial. Lo que ocurre en el mundo, incide de manera sustancial en nuestro continente. Y la suerte del proceso peruano, se juega hoy también en las calles de Managua, o de Caracas.

Por eso, el principio de la solidaridad -el cuarto de esta reflexión- es consustancial a las luchas de nuestros pueblos. No hay buscar en otros confines de la tierra, las fórmulas mágicas que nos conduzcan a la construcción de una sociedad mejor, más humana, y más justa. Pero sí hay que mirar el escenario exterior como una manera práctica de conocer el destino mismo de nuestras luchas; y aportar, entonces, con nuestra mayor voluntad solidaria al avance de los procesos sociales que nos importa forjar. En el plano concreto, la solidaridad con Cuba, Venezuela, Nicaragua, o Bolivia, pero también la identificación con los combates que se libran en todas partes contra la explotación capitalista, es tarea esencial en nuestro tiempo.

Una fuerza de Vanguardia -cualquiera sea la que pretenda serlo- debe asumir estos elementos que aportó creadoramente el Foro de Sao Paulo para convertirlos en elementos claves de su política.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.