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La grandeza de Erick Barrondo «El Mito»

Fuentes: Rebelión

Hay algo muy propio de los guatemaltecos y es la mediocridad y la haraganería. De la mediocridad sacamos un ramillete de pretextos para no hacer lo que nos corresponde, lo que es nuestra obligación moral. De la haraganería otro tanto para no quemarnos de frente al sol, para mantener intacta nuestra comodidad y nuestra complicidad […]

Hay algo muy propio de los guatemaltecos y es la mediocridad y la haraganería. De la mediocridad sacamos un ramillete de pretextos para no hacer lo que nos corresponde, lo que es nuestra obligación moral. De la haraganería otro tanto para no quemarnos de frente al sol, para mantener intacta nuestra comodidad y nuestra complicidad con el sistema, los estereotipos, el clasismo y el racismo.

Somos por excelencia una jauría, poco sabemos de lealtad y dignidad. De la consecuencia política que tiene que ver con todo lo que somos individual y colectivamente.

Y cuando alguien sale del rebaño y sobresale por sí mismo es cuando decidimos bajarlo del árbol a pedradas. Es cuando entonces sí, nos unimos para despellejarlo vivo, para amontonarlo, para bajarle la moral al grado de volverlo polvo. Por envidia, por celo, por nuestra mezquindad.

Somos la excelencia para colgarnos de las personas cuando triunfan, entonces sí decimos: que la conocimos de pequeña, que fuimos a la escuela con ella, que vivía cerca de nuestra casa, que la veíamos en las mañanas en el autobús. Cualquier cosa. Como ahora que por alguna razón está en el ambiente el nombre de don Doroteo Guamuch Flores, y ha salido una jauría a escribir textos alabándolo, contando de cómo lo conocieron, elevándolo a las alturas más lejanas, todo para figurar en un instante de luz a costillas del nombre de semejante personaje.

Pero ni se inmutaron cuando él vendía periódicos en la esquina de la zona 4. Pero no dijeron ni pío cuando necesitaba un techo. No escribieron textos, ni dieron entrevistas cuando él no tenía qué comer. ¿Ahora? ¿Ahora de qué vale tanta palabrería? Las cosas se hacen en vida, en vida se transforma, en vida se cuestiona, en vida se lucha por la igualdad social.

Todas estas personas que se están vanagloriando en nombre de don Doroteo Guamuch Flores, ¿qué hacen por los niños que comen y viven en los basureros? ¿Qué hacen por los niños que trabajan picando piedra? ¿Por los que se pudren en los cañaverales? ¿Por las niñas que son consumidas en los bares y casas de citas? ¿Qué hacen por don Teodoro Palacios Flores? Él está vivo, ¿qué hacen por él? Los guatemaltecos somos la excelencia para figurar con luz ajena.

A «El Mito» no le fue como esperaba en Río 2016, y lo despellejaron vivo. ¿Tendrán noción del sacrificio, de los entrenos arduos y de la disciplina y entrega que requiere un deportista para participar en un evento de esa magnitud?

Pregunto: ¿estuvo la sociedad guatemalteca cuando él nació? ¿Cuando sus papás no tenían para darle de comer? ¿Cuando él no tenía zapatos para entrenar? ¿Cuando no tenía para el pasaje? ¿Estuvo la sociedad acompañándolo en sus entrenos en las madrugadas? ¿Cuando no tenía para cenar? ¿En qué momento estuvo la sociedad guatemalteca con «El Mito»? Era un total desconocido hasta que ganó la medalla de plata en Londres 2012. La sociedad clasista y racista del país no estuvo con él nunca, estuvo sí para colgarse de su fama, de su esfuerzo, de su entrega, de su luz después de Londres.

Antes de eso «El Mito» era un indígena más, invisibilizado, discriminado, carente de oportunidades, así como miles de niños en Guatemala de los que no podemos colgarnos para figurar.

Pregunto: ¿con qué moral le exigimos medallas? ¿Con qué moral le exigimos que no renuncie? ¿Qué saque la cara por nosotros, si nosotros nunca sacamos la cara por él cuando no era conocido? ¿Con qué moral ahora renegamos cuando nos niega un autógrafo? Está en todo su derecho, nosotros no estuvimos cuando él nos necesitó como sociedad. ¿Orgulloso, arrogante? Tiene todo el derecho a decir que no.

También tiene todo el derecho a decaer, a deprimirse, a bajar la guardia, a sentirse frustrado; no es fácil ser deportista de alto rendimiento en Guatemala. País de oportunistas, clasistas y racistas. Tiene todo el derecho a decir no más. A cerrarle la puerta en las narices a quien no estuvo con él antes de Londres, a quien lo ignoró cuando no tenía zapatos para entrenar. Es decir; tiene todo el derecho de cerrarnos la puerta en las narices a todos nosotros: ¡descarados!

Y si quiere tiene todo el derecho a renunciar. Él no le debe ejemplo a nadie, ha hecho más de lo que la media en el país. Ha realizado una hazaña única en su ramo. Y no estuvimos con él, lo dejamos solo. Como estamos dejando solos a miles de niños que en este momento no tienen qué comer, ni zapatos, ni la oportunidad de ir a la escuela mucho menos a practicar deporte o artes. Miles de niños que pudieran ser doctores, arquitectos, deportistas de alto rendimiento, artistas, docentes, periodistas. Miles de niños que están clamando por una oportunidad de desarrollo y que nosotros fingimos ignorar.

¿A esos niños qué les decimos? Pero si no tenemos ni las agallas de verlos a los ojos, nombrarlos e incluirlos; mucho menos proveerles de fuentes de desarrollo. La grandeza de «El Mito» como la de Cheili González, Mirna Ortiz, Sofía Gómez, Jamy Franco, Daniel Quiyuch, don Doroteo Guamuch Flores, don Teodoro Palacios Flores que han logrado llegar a lo alto de la práctica deportiva; reside en el esfuerzo sobrehumano de atreverse a soñar en un país que explota, apalea y elimina a quien nace en la alcantarilla.

Yo, como mujer de alcantarilla, que ha practicado toda su vida deporte, que sé lo que es ser paria en Guatemala, me siento muy orgullosa del desempeño de los deportistas de arrabal, y agradezco el enorme sacrificio; su entrega absoluta, su esfuerzo sobrehumano, sus lágrimas, su cansancio y sobre todo sus ilusiones que en un país como Guatemala es un acto revolucionario.

Agradezco su entereza e integridad. El anhelo y la disciplina de luchar por un sueño contra viento y marea. Las medallas son lo de menos, la realización está en el día a día, cuando se lucha con todo por lo que parece imposible.

«El Mito» le debe la gloria a su propio esfuerzo. Para orgullo de su familia y de su aldea Chiyuc. ¿A Guatemala? A Guatemala «El Mito» no le debe nada. Mucho menos las gracias.

Y nosotros, sociedad de oportunistas y haraganes, a ver si vamos poniendo un poco de esfuerzo en cambiar el país, los patrones. En cambiar el racismo y la discriminación por la inclusión. En cambiar el clasismo por una sociedad de igualdad social y equidad de género. Por un país que brinde las oportunidades de desarrollo a todos por igual.

De lo contrario nuestras opiniones devastadoras y ponzoñosas podemos guardarlas donde mejor nos quepan.

Con amor, para los niños de arrabal, orgullo de nosotros los parias.

Blog de la autora: https://cronicasdeunainquilina.com/2016/08/14/la-grandeza-de-erick-barrondo-el-mito/ @ilkaolivacorado

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.