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Las tendencias de la crisis política peruana

Fuentes: Rebelión

La dinámica de la crisis política es espectacular e histórica. En el marco de las contradicciones en las alturas por el poder político para poder controlar los affaires Lavajato/Lavajuez se viene desarrollando un impasse que tiene su expresión en un nivel de desconfianza entre los bandos populista liberal reformista del vizcarrismo y el ultraconservador populista […]

La dinámica de la crisis política es espectacular e histórica. En el marco de las contradicciones en las alturas por el poder político para poder controlar los affaires Lavajato/Lavajuez se viene desarrollando un impasse que tiene su expresión en un nivel de desconfianza entre los bandos populista liberal reformista del vizcarrismo y el ultraconservador populista aprofujimorista (acicateado por las aspiraciones presidenciales de la vicepresidenta Mercedes Araoz).

Es cierto que son contradicciones secundarias porque ambos bandos están de acuerdo en la defensa del régimen económico «neoliberal». Pero las reformas vizcarristas colisionan con los intereses parasitarios y lumpenezcos de la oposición congresal. Y no hay que olvidar que, en el pasado, las contradicciones secundarias en el campo popular se tornaron «antagónicas2 con Sendero Luminoso.

Entonces, si las contradicciones entre ambos bandos derechistas se agudizan, podríamos terminar en una situación donde el presidente Vizcarra plantea la cuestión de confianza y «disuelve» el Parlamento sin que éste termine de disolverse apelando a alguna leguleyada y su nueva correlación de fuerzas nacional (gracias a las ambivalencias de Vizcarra al no cerrar el Congreso metieron presa a Keiko o la CGTP apoyaba el referéndum) e internacional (la comisión de Venecia).

A la vez el Congreso podría vacar a Vizcarra sin que éste deje Casa de Pizarro ya que tendría todavía la opinión pública a su favor, así como el apoyo de los GOREs, las FF.AA. y la embajada yanqui. A esta cuestión hay que agregar la rearticulación que está liderando la vicepresidenta Mercedes Araoz con Olaechea y la CONFIEP.

De desarrollarse esta perspectiva, el «empate catastrófico» donde ambos bandos se «anulan», podría ser superado por el arbitraje del «bonapartismo judicial» (deteniendo preventivamente a políticos corruptos y a la vez a dirigentes comunitarios, con procesos judiciales a centenas de campesinxs y líderes políticos como Cerrón o sentenciando a Aduviri) o la OEA a pedido de Acción Popular (AP).

Pero hay un factor peculiar que hay que tomar en cuenta en esta dinámica del movimiento, cambio y contradicción: La huelga indefinida contra Tía María. Esta huelga va casi por los dos meses y a pesar de realizarse en un pueblo con nomas de 20 mil pobladores, operó agudizando más las contradicciones entre los bandos en «guerra política» en las alturas. Es interesante porque en vez de cohesionarlos, «Tía María», los divide más. Y justamente, Araoz y la oposición, ultraconservadora se valen de la «capitulación de Vizcarra a los protestantes» para salir a la ofensiva y debilitar más al inquilino ocasional de Palacio.

En caso de que al final Vizcarra «caiga», el ascenso al poder de Araoz u Olaechea no resolvería la crisis. Al contrario, le echaría más leña al fuego (Baguazo, aprofujimorismo, libertad para Keiko y corruptos), devaluando más la política pro capitalista.

Por estas razones, es importante la intervención independiente de la clase trabajadora (el sindicato de obrerxs de limpieza pública deslindó de la marcha del 5 S convocada por el vizcarrismo), como la huelga nacional minera indefinida por su Pliego de Reclamos que empieza el 10 de setiembre y que tiene entre algunos puntos la Negociación colectiva por rama (que solo tienen Construcción civil y Portuarios), y el pase a planta de lxs trabajadorxs tercerizadxs y que realizan actividades principales.

Un Plan de Lucha y movilización decidida organizando Asambleas deliberativas en los centros de laburo, estudios y barrios agitando contra la precarización del empleo que «golpea» a todxs en perspectiva de la única salida a la crisis nacional: Un gobierno de lxs trabajadorxs; sería un paso adelante en la etapa de «lenta» recomposición de la clase obrera.

La patronal, con el aval del Estado burgués, está «bloqueando la huelga en algunas bases» al declararla ilegal. La Sociedad Minera es poderosa, pero a la vez es vulnerable. La huelga minera se desarrolla en medio de una crisis excepcional que puede agilizar la reacción rápida de la administración Vizcarra para «levantar» la huelga y evitar perder popularidad. Si Vizcarra hace lo contrario, se aísla más.

César Zelada. Director de la revista La Abeja (teoría, análisis y debate)

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.