Siete jóvenes afganas abren las puertas de su casa en Mitilene para relatar de primera mano cómo era vivir en el calcinado campo de Moria, las consecuencias de una tortura sistémica tras llegar a Europa y la falta de horizontes y expectativas tras más de un año atrapadas en la isla griega. «No sé si tiene sentido contarlo una y otra vez. Vemos que no cambia nada», dicen.