En la década de 1960 Robert McNamara, corresponsable de la escalada bélica contra Vietnam -que dejó millones de heridos y muertos y un terrible sufrimiento para un país de campesinos- dijo unas palabras que se volvieron famosas por su cinismo y que reflejan sintéticamente lo que podría denominarse el “imperialismo demográfico”: es mejor matar a un niño en el vientre materno que tener que enfrentarlo después como guerrillero en las selvas y bosques del mundo pobre.