Se multiplican respuestas sociales para atender el hambre. Pierden empleo 26 millones en EE.UU.; nivel sin precedente desde la Gran Depresión.
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«Trabajamos hombro con hombro. Estamos muy cerca la una de la otra… He tenido fiebre y síntomas de gripe, pero tomo Tylenol y sigo trabajando», dice María, trabajadora de la procesadora de pavo Butterball.
El capitalismo ha acelerado la transmisión de enfermedades. Históricamente la mayoría de las epidemias se han propagado geográficamente mediante dos formas de desplazamiento a larga distancia de la gente: el comercio y la guerra. El mecanismo, sin embargo, ha cambiado drásticamente con el auge del capitalismo.
Mientras el presidente Donald Trump le echa la culpa a cualquiera por la crisis en la que sumergió a su país por negligencia y negacionismo de la pandemia, Estados Unidos, que supera los mil fallecimientos por día por coronavirus y acapara casi el tercio de las muertes en el mundo, sufre hoy el despido de 22 millones de trabajadores en las últimas cuatro semanas.
¿Qué es peor: gritar fuego dentro de un teatro lleno, cuando no hay nada, o gritar no hay fuego cuando el teatro se está incendiando?
Ambos entrevistados resaltan que EE.UU. nunca ha tenido un sistema nacional de salud que funcione. Señalan que en este momento la crisis se centra en la salud, pero luego habrá una nueva crisis económica.
La crisis sanitaria en particular ha puesto de manifiesto la necesidad y el potencial del control del centro de trabajo por parte de quienes realizan el trabajo. Esto es particularmente evidente cuando se trata de maximizar su protección contra los riesgos y sacrificios que hacen en nuestro nombre. Ello se extiende a los trabajadores y trabajadoras, quienes, a través de su conocimiento directo, también actúan como guardianes del interés público, utilizando la protección de sus sindicatos para denunciar los atajos y las economías que afectan a la seguridad y la calidad de los productos y los servicios.
El coronavirus está presente ahora en todos los estados de EE.UU. con 530.026 personas contagiadas y 20.614 fallecidas. Las estadísticas indican que por el momento la pandemia ya ha alcanzado el pico. El debate, actualmente, gira en torno a la estrategia para relanzar la economía sin desencadenar una segunda ola de contagios. La campaña electoral está parada. Empieza a emerger la lucha de clases.
En 1897 Theodore Roosevelt, luego de insistir como muchos otros políticos en la fortuna de ser hombre y blanco para tomar sabias decisiones, había publicado que “la democracia de este siglo no necesita más justificación para su existencia que el simple hecho de que ha sido organizada para que la raza blanca se quede con las mejores tierras del Nuevo Mundo…»
La disparidad racial y de clase en las muertes por Covid-19 es cada vez más evidente. Las personas de comunidades pobres y de comunidades de color tienen más probabilidades de presentar problemas de salud subyacentes, agravados por un menor acceso a servicios de salud de calidad.