Cualquiera que descubra la Segunda Guerra Mundial a la luz de sus conmemoraciones de 2023 no entenderá gran cosa.
Cualquiera que descubra la Segunda Guerra Mundial a la luz de sus conmemoraciones de 2023 no entenderá gran cosa.
Un militar ruso jubilado desde hace tiempo hablaba por teléfono sobre asuntos de actualidad con un antiguo colega que vive en Ucrania. Ambos estaban indignados por la guerra entre los dos países, antes hermanos, y expresaban su esperanza de que esta locura llegara pronto a su fin.
Esos mundos distópicos que solo encontrábamos en la fantasía de algunas narraciones que, entre otras cosas, hablaban de las guerras por el agua, parecen estar haciéndose un lugar en la realidad.
La cumbre del G-7, reunida en mayo en Hiroshima, estuvo marcada por la guerra de Ucrania y las tensiones entre Estados Unidos y China.
China y los cinco países de Asia Central tuvieron hace unos días su primera cumbre. Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán componen esa región que sólo los expertos conocen.
La paradoja más llamativa del encuentro de Hiroshima fue el silencio de la comitiva estadounidense con relación a las bombas nucleares lanzadas por su país en agosto de 1945, que causaron la muerte de 300.000 personas en Hiroshima y Nagasaki.
El 20 de mayo, la Cumbre de Hiroshima del G7 emitió un Comunicado de líderes en la que expuso los principios y valores, la visión general y las prioridades del grupo.