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Perú

La mafia no ha desaparecido

Fuentes: Rebelión

A mediados del año pasado, abordando por primera vez el tema electoral cuyo desenlace vivimos hoy, dijimos que la tarea del movimiento popular, era derrotar a la Mafia e impedir que retorne al Poder. Y la señalamos como la adición de dos fuerzas: el fujimorismo, y el cogollo alanista del APRA. Más adelante precisamos que […]

A mediados del año pasado, abordando por primera vez el tema electoral cuyo desenlace vivimos hoy, dijimos que la tarea del movimiento popular, era derrotar a la Mafia e impedir que retorne al Poder. Y la señalamos como la adición de dos fuerzas: el fujimorismo, y el cogollo alanista del APRA.

Más adelante precisamos que lo que ella quería, era colocar al electorado ante una alternativa siniestra: escoger, finalmente, entre Keiko Fujimori y Alan García. Planteamos, por eso, que se requería eliminar a García en la primera vuelta y cerrar filas contra Keiko, y derrotarla en la segunda. Gracias al instinto del pueblo, ambos objetivos fueron logrados. 

Distintas expresiones han salido a luz luego de conocerse los resultados de la jornada electoral del domingo. Desde el campo victorioso, integrado por la suma de fuerzas que consagró la derrota de la Mafia, se han registrado comprensibles alegría, y algunos matices de desconfianza. La primera, por el triunfo en sí -que muchos creían impensable- Y los segundos, por la visión de futuro, por la loable intención de mirar adelante. Es bueno abordar ambos elementos.

La victoria de Pedro Pablo Kucyznski en las urnas, no ha sido fácil ni holgada. Ha sido el resultado de un proceso complejo y contradictorio, que ha registrado incomprensiones razonables y dificultades concretas. Pero se dado porque estaba inscrita en las apremiantes necesidades de un país lacerado por la violencia y las iniquidades, de un periodo convulso de la vida nacional. Hay que analizar los hechos y extraer de ellos lecciones que nos comprometen a todos.

La confluencia de fuerzas que se sumaron para derrotar al bastión fujimorista, no fue casual. Ni tampoco, producto de un capricho. Ni siquiera, sólo de una voluntad política. Fue la imperiosa necesidad de bloquear al Narco Estado y abrir paso a un proceso de recuperación nacional. Ahora, hay que ser conscientes que, pese a la victoria -que es un paso de excepcional importancia- el peligro no se ha extinguido, y genera amenazas.

Hay quienes, por ejemplo, aludiendo a lo estrecho de la diferencia registrada, aluden a la «división del país» y hacen votos por la «unidad nacional». Claman, entonces por la «concertación», por el «acuerdo indispensable» y, cómo no, hasta por la «reconciliación nacional». Y esas voces se escuchan tanto entre los Keiskistas como entre algunos asesores de PPK. Pareciera gestarse, a partir de allí, una «super convivencia» que «apague los rencores» y «restañe las heridas». Raúl Vargas encarna ese mensaje.

Quienes lo proponen, sueñan con un Gabinete de «concertación» y con un Gobierno que incluya «a las dos fuerzas en pugna». Aseguran, así, que -como cada quien tiene, en líneas gruesas, el 50% de los sufragios- ese gobierno representaría al 100% de los peruanos.

La formulación, parte de una base falsa: el país no está unido, ni podría estarlo. No sólo porque subsisten los abismos sociales inherentes a una sociedad basada en la explotación humana, sino también porque existe una Mafia empeñada en envilecer la vida nacional. Aunque esa fuerza no ha alcanzado una victoria electoral, ella se mantiene como una amenaza viva contra el pueblo.

Mientras no se deslinden las acusaciones contra los personajes cuestionados en el torno de la candidata de «Fuerza Popular», no cabe acercamiento alguno. No se puede «negociar» con narcotraficantes, ni con quienes contratan sicarios y hampones para enfrentar a los trabajadores, ni con los que protegen y amparan a las mafias. Hacerlo, equivaldría a envilecer aún más la política.

Y no cabe hablar de «reconciliación» mientras no haya verdad ni justicia. Para que los encarcelados salgan de las prisiones, sería indispensable, en primer lugar, que cumplan sus penas; pero además, que digan la verdad sobre sus crímenes. Deben decir dónde están los desaparecidos, dónde fueron enterrados los asesinados; quiénes fueron los autores de esos delitos horrendos, y quiénes ordenaron cometerlos.

Además, deben devolver los dineros robados, las cuentas secretas, lo depósitos no habidos, los bienes retenidos a espaldas de la ley. Y deben volver los requeridos por la justicia y los prófugos, que se fueron para no dar la cara.

Adicionalmente, debe desmantelarse la estructura mafiosa en todas sus instancias y extremos: el Grupo Colina y los escuadrones de la muerte que hoy operan en calidad de sicarios; las logias de militares retirados, e identificarse a las redes del narcotráfico, a los habilitadores de armas, que ahora mismo sirven para el delito.

Mientras subsistan aparatos clandestinos dedicados al crimen y al sucio negocio de la droga; y mientras el Poder Político se empeñe en «blindar» a los truhanes que se mantienen como altos funcionarios o congresistas; no hay lugar para ninguna reconciliación. El pueblo, no habrá de tender la mano a sus verdugos.

La «Prensa grande» afirma que «un acuerdo» resulta indispensable para el gobierno de PPK. Claro que sí, pero ¿qué clase de acuerdo, y con quién? Eso es lo que debemos preguntarnos todos. ¿Acordar una política común con la Mafia para proteger sus delitos, y preservar sus bienes? ¿Pactar compromisos para consagrar la impunidad? ¿Buscar entendimientos con los que usan el Poder para desquiciar la sociedad y envilecer la vida de los peruanos? ¿No acaba de decir Martha Moyano -en Villa El Salvador- que les favorecen los crímenes que se cometen porque incrementan la «sensación» de inseguridad?

Hay que tener plena conciencia de la realidad. Y saber que los que han ganado una elección, no han derrotado, ni doblegado, a nadie. Que el enemigo ese al que repudió el pueblo peruano en las memorables jornadas del 5 de abril y el 31 de mayo, esta vivito y coleando y que aún tiene plena capacidad de acción. Si eso es así, está plenamente justificada la suma de fuerzas que derrotó a Keiko el 5 de junio.

La estrategia de la derecha más reaccionaria, es hoy muy simple: busca hacer lo que no hizo en la campaña porque prefirió cortejar a Keiko: rodear a Kuczynski, y apoderarse de él para convertirlo en su títere. Si la Izquierda parte desde hoy de la idea que PPK es un instrumento del neo liberalismo y, por tanto, debe combatirlo; lo que hará es facilitarle el trabajo al enemigo; porque Kuczynski, acosado por «el flanco izquierdo» se apoyará inevitablemente en Fuerza Popular.

El gobierno de Kuczynski no será «un gobierno débil» -como dice la derecha- por su misma condición. Será débil si se entrega, si capitula, si se doblega ante la Mafia. Pero podrá ser fuerte si hace honor al pueblo que lo eligió y se decide a darle la batalla que la realidad exige.

Por lo pronto, hay que considerar un hecho: Jaime Antezana, el experto más calificado en la lucha anti Droga ha señalado que el nuevo Congreso han sido elegidos 21 parlamentarios con juicios pendientes en la materia. Pues bien: hay que exigir que, como primera medida, el Congreso no incorpore a esos 21 congresistas, y si lo hace, les retire la inmunidad, para que sean investigados como corresponde. Ahí se verá si los 73 parlamentarios Fujimoristas los «blindan», o no.

Como esas, hay que tener iniciativas constantes, y lucha permanente, para colocar siempre a la Mafia contra la pared. Y hay que hacer un trabajo intenso de reeducación política en todas las regiones en las que el fujimorismo se alzó con la victoria. No puede haber, en la materia, ni tregua ni descanso.

En suma, la lucha no ha concluido el 5 de junio. Se inicia otra vez, sólo que en nuevas condiciones.

Gustavo Espinoza M. Colectivo de Dirección de Nuestra Bandera 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.