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Perú

La organización criminal y el «asilo» de García

Fuentes: Rebelión

Además de coincidencias, siempre tuvimos diferencias con César Hildebrandt. Criticamos su visión distorsionada del escenario internacional, su errática y persistente desconfianza del socialismo, su visión ácrata de la realidad de nuestro tiempo, pero también su hepática visión de algunos problemas nacionales; que lo lleva muchas veces al negacionismo más absoluto. Pero, al unísono, tuvimos con […]

Además de coincidencias, siempre tuvimos diferencias con César Hildebrandt. Criticamos su visión distorsionada del escenario internacional, su errática y persistente desconfianza del socialismo, su visión ácrata de la realidad de nuestro tiempo, pero también su hepática visión de algunos problemas nacionales; que lo lleva muchas veces al negacionismo más absoluto.

Pero, al unísono, tuvimos con él coincidencias concretas. Una de ellas, fue la lucha -a brazo partido- contra la estructura criminal del fujimorismo surgido en los 90 del siglo pasado, y multiplicado en nuestro tiempo gracias a la felonía de la clase dominante.

Esta coincidencia no es de hoy, Bajo el régimen de Fujimori, a fines del siglo pasado, César editaba un corajudo periódico llamado «Liberación», en el tuve el privilegio de publicar diversos artículos de ácida crítica a los gobernantes de entonces. Todos los escritos que remitiera en esa circunstancia, fueron publicados sin reparo alguno

En su más reciente edición de «Hildebrandt en sus trece» -la 421- correspondiente al pasado 16 de noviembre, César afirma que «La confesión de Jorge Yoshiyama Sasaki es lo más grave que le ha ocurrido al fujimorismo en los últimos años». Y a continuación se pregunta: ¿Alguien puede decir que llamar organización criminal al partido de la señora K es una exageración, o una calumnia?

Y es verdad: nadie que esté en sus cabales, o que no tenga intereses concretos que defender en esos predios, podría exculpar a la cúpula encarcelada, de los latrocinios que se les han enrostrado; y que han ameritado un proceso judicial que habrá de hacer historia. Y nada le ha hecho más daño, que lo declarado formalmente por el sobrino de Jaime Yoshiyama.

Lo primero que debiera subrayarse, para comprender mejor el tema, es que la estructura que lidera Keiko Fujimori, no es realmente un Partido Político. Con sus variantes, esa caracterización calza también cuando se trata de precisar al cogollo alanista del APRA, que no es, necesariamente, el Partido Aprista Peruano. Hildebrabant coincide también en eso.

En su verdadera dimensión un Partido tiene una Ideología, es decir una noción clara de su pensamiento, y una visión organizada de lo que propone a la sociedad en la que actúa. La ideología, sistematiza principios, valores, propósitos e ideales, y los afirma proyectándolo en el escenario concreto en el que busca desarrollar sus concepciones.

Un Partido representa intereses de clase, razón por la que su ideología lo alienta a construir un Programa de Acción, que suele llamar «Plan de Gobierno», y que contiene las propuestas básicas que formula a la ciudadanía para persuadirla, y ganarla para su causa.

Un Partido, tiene Bases Políticas, Estatutos, y organización centralizada; pero también democrática. Eso significa que, en el Partido, los militantes, son ciudadanos activos que tienen derecho a voz y a voto; y que no pueden ser digitados ni conducidos a control remoto. Y posee, además, una organización elementalmente conocida: células, comités locales, distritales, o regionales; organismos intermedios y otros de más alto nivel que se encargan de la conducción del Partido en un plano más amplio.

Por lo demás, un Partido, tiene línea política. Ella permite a sus militantes orientarse y actuar, incluso sin esperar las opiniones de su dirección. Y es que sus miembros de base están imbuidos de los criterios y propuestas que emanan de los documentos partidarios y que se aprueban en eventos ordinarios y extraordinarios que se celebran periódicamente.

Nada de esto caracteriza a Fuerza Popular una corriente nostálgica, dirigida por personas sin ejecutoria política ni trayectoria alguna; parapetados todos tras una figura que ensalzan como si fuera un mito; y que se vale de ingentes recursos materiales y económicos para ganar simpatía, a partir de slongans, canciones o consignas que repiten, cual si fueran estribillos.

Lo que tiene FP es un núcleo de acción integrado por gentes muy poco conocidas por la ciudadanía, y que opera a espaldas y lejos de los votantes Keikistas que no tienen más función que pertenecer a una suerte de Comisión de Aplausos en cada uno de los eventos públicos en los que asoma su lideresa. Tiene, además, el apoyo de una clase envilecida -la alta burguesía- que le creara las «bases» formales para facilitar su acceso al Poder. Convertirle, por ejemplo, el 23% de votos en su lista parlamentaria, en 73, de 130, legisladores a su servicio.

Y también tiene, claro, un grupo de matones que desde distintos estamentos de la sociedad, procuran acallar las voces contestatarias llenando de improperios a quienes osen contradecir los dictados que regulan el accionar de FP. A ese grupo de matones pertenecen sin duda periodistas como Hugo Guerra, Aldo Mariátegui o Phillips Batthers; que no hace sino destilar agravios contra los adversarios de Keiko, y amenazas a todos aquellos que obstaculizan lo que juzgan su «camino a la victoria».

El cogollo alanista del APRA tiene similares características, sólo que las encubre, parapetado como está bajo las siglas del Partido que fundara Haya de la Torre y del que hoy quedan apenas vestigios de ideología y algunos otros rasgos que todavía lo pintan como «organización política».

Los métodos de acción y la práctica de estas estructuras delictivas en buena medida los mimetizan. Jaime Yoshiyhama, ya anunció que no vendrá al Perú a «ponerse a derecho» y que si los jueces quieren hablar con él, vayan a verlo a Miami. Y García, que hace apenas 24 horas decía orondo que aceptaba de muy buen grado la decisión que lo conminaba a permanecer en el país, optó por huir. Como en sus «buenos tiempos», estudió todas las posibilidades en su afán de eludir la justicia; y finalmente concluyó que, de las 37 estrategias, la mejor es correr.

Y es que, en estas condiciones, este núcleo alanista y el Keikismo, tienen la misma connotación y similar consistencia. Simbolizan la acción unida de los destacamentos más perversos y oscuros de la vida nacional y son responsables de la crisis moral que corroe al conjunto de la sociedad peruana.

Ahora, en esta circunstancia, todos los panfletarios a sueldo de esta Mafia descargan sus baterías contra el Jefe del Estado, Martin Vizcarra; a quien le tienen harta hambre. Y es que, en definitiva, lo que buscan es patear el tablero y dar al traste con el gobierno actual porque incuban la ilusión de que, por esa vía, habrán de cambiar el escenario, que les es adverso.

Butthers, por ejemplo, lanzó en la vía pública, recientemente, una «cargada batería» contra el Presidente Vizcarra, diciendo que a él también será «vacado» en su cargo, «como le pasó a PPK que tampoco nos quiso escuchar». A su gobierno, lo llena de improperios: «este gobierno vendido hipócrita y traidor a la familia va a saber de su fuerza en las calles, porque en este momento en donde no lo cubre los medio de comunicación», le  dijo rabioso. 

La estructura que lava activos, que encubre coimas, que usa testaferros, que blinda a delincuentes, que se vale de mecanismos intimidatorios, envilece la vida nacional, maneja a sus dirigentes y activistas como si fueran una mesnada, y que busca obsesivamente eludir la acción de la justicia; no es un Partido Político. Es una organización criminal.  

Y en eso, Cesar Hildebrandt tiene toda la razón.

Gustavo Espinoza M. Colectivo de dirección de Nuestra Bandera.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.