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Productor de banano y piña, el país privilegia la agroexportación y tiene una de las más bajas tasas de sindicalización en la región

Monocultivos, transgénicos, agrotóxicos y precarización afectan a la población rural de Costa Rica

Fuentes: Opera Mundi

Costa Rica, comúnmente conocida como la «Suiza de Centroamérica», ha sido galardonada por segunda vez consecutiva como el país más feliz del planeta. Una nación, asegura el Índice Happy Planet de la Fundación Nueva Economía, donde «sus habitantes viven vidas largas y felices utilizando solo una fracción de los recursos del planeta». Ese reconocimiento se […]

Costa Rica, comúnmente conocida como la «Suiza de Centroamérica», ha sido galardonada por segunda vez consecutiva como el país más feliz del planeta. Una nación, asegura el Índice Happy Planet de la Fundación Nueva Economía, donde «sus habitantes viven vidas largas y felices utilizando solo una fracción de los recursos del planeta». Ese reconocimiento se suma al que Naciones Unidas le entregó al colocarla en el puesto 12 de los países con más dicha en el mundo y en el primero en América Latina.

Para la pequeña nación centroamericana, que en 1948 hasta abolió su Ejército, la imagen de país verde, seguro y feliz ha sido un sello de garantía ampliamente aprovechado y explotado a nivel internacional para promover el turismo y la inversión extranjera. Sin embargo, detrás del papel satinado y brillante hay mucho más por descubrir e historias para contar.

Durante las últimas décadas, Costa Rica ha venido impulsando un modelo agroindustrial basado en la expansión de monocultivos a gran escala. De las 580 mil hectáreas (ha) de tierras sembradas en el país, casi el 61% corresponde a cultivos industriales para la exportación, donde destacan el café (19.7%), la palma aceitera (12%), la caña de azúcar (11,5%), la piña (9%) y el banano (8.4%). Solamente el 22% se destina al cultivo de granos básicos, de acuerdo con la Sepsa (Secretaría Ejecutiva de Planificación Sectorial Agropecuaria)

De acuerdo con datos del IICA (Instituto Interamericano para la Agricultura), Costa Rica produce solamente el 25 por ciento del consumo nacional de frijol y sufre un profunda dependencia de la importación de soya y trigo (100%), maíz (94,57%) y arroz (31,24%).

Prueba de ello es la situación que, por ejemplo, vive la población de Pococí, en el Caribe costarricense, donde, a partir de los años 80, el monocultivo del banano fue desplazando rápidamente la producción de granos básicos. Ahora, con la proliferación también de la producción piñera, los habitantes de esta vasta zona caribeña sufren el grave desabastecimiento de alimentos y el fuerte aumento de sus precios.

Además, la expansión descontrolada de la siembra de piña ha ocasionado serios problemas ambientales. Las comunidades de la provincia de Limón han repetidamente denunciado la contaminación de las aguas subterráneas y las difíciles condiciones de trabajo, dando inicio a una campaña para que se declare una moratoria de la siembra de piña a nivel nacional.

Expansión de la piña

Pese a la creciente importación de alimentos y su efecto sobre el aumento del déficit en la balanza de pago, Costa Rica sigue con el proyecto de expansión de su modelo agroexportador, con un aumento de la presión sobre el suelo y los recursos naturales.

En la última década, la producción de piña ha tenido un auge nunca antes visto en otros rubros, igualando en poco tiempo el histórico cultivo de banano. De acuerdo con datos del Sepsa, el área sembrada de piña se cuadruplicó entre 2002 y 2012, al pasar de 11 mil a 45 mil hectáreas. Sin embargo, el Frenasapp (Frente Nacional de Sectores Afectados por la Producción Piñera) asegura que su extensión alcanzaría hasta unas 60 mil ha.

En este mismo período, el valor de las exportaciones de la fruta se incrementó en un 650%, pasando de 121 millones de dólares en el año 2000 hasta 791 millones en 2012 (Procomer – Promotora del Comercio Exterior de Costa Rica).

Actualmente, este sector está en manos de unos 1.330 productores – entre pequeños (1,200), medianos (95) y grandes (35) – y genera unos 27 mil empleos directos. El área de producción pertenece por un 35% a las grandes comercializadora y transnacionales fruteras norteamericanas, y el 65% a productores independientes.

De acuerdo con Abel Chaves, ex presidente de la junta directiva de la Canapep (Cámara Nacional de Productores y Exportadores de Piña), el sector ya se ha expandido a lo largo y ancho del país y estaría llegando al tope del área de cultivo, Por el gran aporte económico y el impacto que ha tenido sobre la creación de empleo, Chaves asegura que el país necesita seguir expandiendo ese tipo de cultivo. «Si el mercado está pidiendo más piña, pues sembramos más piña», dijo.

La Canapep siempre ha minimizado el impacto negativo de la expansión de la piña sobre el medio ambiente y el ser humano. Sin embargo, para varias organizaciones sociales y sindicales, la búsqueda de nuevos territorios aumentaría aún más la presión sobre el recurso tierra, agua y fuerza de trabajo, y han reforzado las denuncias que en los últimos años se han multiplicado, tanto nacional como internacionalmente.

Contra los sindicatos

Didier Leitón Valverde es el secretario general del SITRAP (Sindicato de Trabajadores de Plantaciones Agrícolas), organización radicada en el cantón (municipio) de Siquirres, provincia de Limón, en el Atlántico costarricense.

Él recuerda muy bien cuando, en 1999, las principales transnacionales bananeras norteamericanas – Del Monte, Dole, Chiquita – arremetieron contra las organizaciones sindicales. Despidieron a todos los trabajadores y volvieron a recontratarlos, pero con salarios reducidos a la mitad y desmejorando todas las garantías de la convención colectiva y los beneficios sociales.

Leitón y buena parte de los activistas sindicales fueron incluidos en una «lista negra» y nunca más encontraron trabajo en las plantaciones. Fue así que comenzó a dedicarse por tiempo completo a organizar sindicalmente a las personas trabajadoras de las plantaciones.

«En Costa Rica existe una actitud antisindical institucional y la empresa privada aprovecha de ello. Hay una cultura, que ha sido inculcada en las nuevas generaciones, que equipara el sindicalismo a huelga, confrontación, violencia, destrucción de la empresa y corrupción. Eso es algo muy radicado y los empresarios han impuesto el modelo ‘solidarista’ pro-patronal como alternativa», explica el dirigente sindical a Opera Mundi.

Actualmente, el 92% de la población económicamente activa de Costa Rica se desempeña en el sector privado y la tasa de afiliación sindical no llega al 2%, una de las más bajas de América Latina.

Las plantaciones, sobre todo el monocultivo de piña, es donde más se siente la ola antisindical. «La mayoría de denuncias que recibimos se refieren a la violación de la libertad sindical y la convención colectiva, derechos que son protegidos por los Convenios 87 y 98 de la OIT (Organización Internacional del Trabajo). Asimismo, hay fuertes quejas por las difíciles condiciones laborales, las extenuantes jornadas de trabajo, el maltrato, la falta de seguridad e higiene ocupacional y la exposición a agrotóxicos», subraya Leitón.

Fuente original: http://nicaraguaymasespanol.blogspot.com/2013/10/reportaje-monocultivos-transgenicos.html