La falacia inherente al politólogo es que no puede demostrar su teoría. Por supuesto que no existen experimentos controlados (a menos que se gobierne un país como si fuera un laboratorio de políticas neoliberales, como en Chile, 1973).
La falacia inherente al politólogo es que no puede demostrar su teoría. Por supuesto que no existen experimentos controlados (a menos que se gobierne un país como si fuera un laboratorio de políticas neoliberales, como en Chile, 1973).
Marco Rubio, estadounidense con ascendencia cubana y secretario del Departamento de Estado, se ha caracterizado durante toda su carrera política por la carencia de ética, enredos de corrupción, alta mitomanía, posiciones de extrema derecha y su enfermiza obsesión por derrocar naciones progresistas y soberanas de Latinoamérica, principalmente Cuba, Venezuela y Nicaragua y también contra los actuales gobiernos de Brasil, Colombia y México.
Donald Trump ya ha dejado de ser presidente de los Estados Unidos o un empresario megamillonario o un mediocre jugador de golf o un apasionado consumidor de sexo pago, para convertirse en la fábrica de rumores ciertos o mentirosos más fenomenal que cualquiera hubiera podido soñar.
Con el secuestro de Maduro, Trump incorporó a dos novedades a la brutalidad imperial. Explicitó su propósito de robar el petróleo y su pretensión de instaurar un dominio colonial.